Lo que distingue a un movimiento social de cualquier otro tipo de movilización es que no se centra en una reclamación específica, sino que cuestiona algunos de los valores centrales de una sociedad”[1]

Difícil analizar un proceso cuando está en desarrollo y uno es observador y participante. Partiremos con una genealogía del movimiento como contexto, para luego describirlo y analizarlo brevemente.

Desde el 9 de marzo Francia vive bajo la presión del movimiento social más importante de los últimos 20 años. Esta vez la gota que colmó el vaso fue el proyecto de ley para reformar el código del trabajo, una verdadera institución de lo que queda de la protección social francesa, construida a partir de las luchas de los trabajadores desde el siglo 19, pero sobretodo desde las grandes huelgas del frente popular (1936), del programa de la resistencia después de la 2da guerra mundial y de la revuelta estudiantil y obrera de mayo de 1968. Hace años que la olla de presión social estaba en ebullición, el gobierno socialista actual con sus sucesivas reformas neoliberales y la política de austeridad, sólo había acelerado el proceso. Los dos atentados de 2015 ralentizaron el hervidero, pero no desmovilizaron a la gente, que ya había ocupado las calles masivamente durante el duelo colectivo. La conferencia de la ONU sobre el cambio climático (COP 21) de diciembre 2015 y la enorme represión a los movimientos sociales y ecologistas que trataron de movilizarse, justificada en el estado de urgencia post atentados, no aminoró los ánimos. La discusión parlamentaria del proyecto para quitar la nacionalidad a los ciudadanos franceses con doble nacionalidad (propuesta de la extrema derecha, adoptada por los socialistas), que luego fracasó, además de la extensión del estado de urgencia hasta después de la euro copa de fútbol en junio-julio, las constantes expulsiones de migrantes, el aumento de la cesantía, los escándalos de corrupción política y financiera, los casos bullados de evasión fiscal, fueron alicientes del descontento generalizado, que se nutre desde muchas fuentes y luchas anteriores.

Un hecho importante a destacar del ciclo de 2016 es que la primera gran jornada de huelgas y manifestaciones del 9 de marzo fue un llamado de ciudadanos, y no de las estructuras sindicales formales, que tienen aún un peso fuerte en Francia. Este hecho novedoso muestra como desde el primer paso del movimiento en las calles se estaba incubando algo nuevo. A fines de febrero cuando se anunció la reforma laboral por parte del gobierno, todo coincidió para generar las condiciones aptas para un gran movimiento social. Por ejemplo, con el estreno del documental “Merci Patron”, una critica satírica de la ambición desmedida de las grandes fortunas francesas, a través de la deslocalización de las fábricas y de la repercusión de la cesantía en la vida de las personas comunes. La película, sin difusión en los medios, logró un inédito y masivo éxito en las salas de cine. Esto motivó a un grupo de activistas y militantes en torno al director del documental, a reunirse con algunos sindicalistas bajo el lema “darles miedo a los poderosos”. En esas reuniones se preparó la idea de ocupar un espacio público, con claras alusiones a las ocupaciones de plazas que hemos visto por el mundo desde 2011, y ese grupo heterogéneo se denominó “convergencia de luchas”. La fecha escogida: el 31 de marzo, día de la huelga general llamada por la gran mayoría de los sindicatos, así como de las organizaciones estudiantiles y liceanas. Otro hecho inédito fue la recolección de firmas virtuales contra la reforma laboral, que en unos pocos días, logró reunir más de 1 millón de firmas por internet.

La ocupación de la plaza de la République

La manifestación del 31 de marzo, con más de 1 millón de personas en las calles y bajo una intensa lluvia, mostró la fuerza del movimiento social, sobretodo a partir de dos sus componentes históricos: los trabajadores, organizados o no, en sindicatos, junto al movimiento estudiantil y liceano. Un tercer frente, nuevo para la historia de los movimientos sociales franceses, vendría a irrumpir en la escena esa misma noche: la ocupación de las plazas.

Una gran diferencia con otras ocupaciones de plazas en el mundo, es que la Nuit debout, desde el primer día se vio impedida por la fuerza policial de ocupar la plaza día y noche. La primera semana cada día a las 5 de la mañana la policía desalojó a la fuerza la gente que acampaba. El movimiento se adaptó y logró cada día a partir del mediodía levantar nuevamente el campamento, pero con estructuras desmontables, ya que cada noche había que volver a desmontar todo. Muchas noches se hizo habitual que a partir de medianoche la policía comenzará a atacar con gases lacrimógenos y matracas a la gente que ocupaba la plaza.

Esta ocupación cotidiana de la plaza la resignifica, dándole un contenido político a un espacio público, que hace poco había sido remodelado, mejorando las condiciones para su ocupación y reapropiación, con una gran explanada y la eliminación de una parte de la circulación vehicular. El deseo abstracto de todo urbanista y arquitecto de construir un “ágora” lo han cumplido los miles de habitantes que cada tarde-noche se reúnen a discutir en torno a temas específicos o en la gran asamblea general, que puede llegar a agrupar a miles de participantes.

En la plaza se ha construido orgánicamente una especie de aldea, donde en el programa se pueden encontrar desde la primera noche una enfermería, una cantina con comida gratis, así como el media center, encargado de las comunicaciones a través de las redes sociales, el otro componente importante del movimiento. Con el avance de los días de ocupación se establecieron otros programas permanentes como la biblioteca, un huerto, un espacio para los niños, talleres de diseño de afiches, exposiciones, stand de colectivos, entre otros. Además se consolidaron los tres medios de comunicación oficiales de la plaza: un diario en papel, una radio y un canal de televisión, los que transmiten diariamente por internet desde la plaza. Con toda esta infraestructura se construye en la realidad una autonomía contrahegemónica en todo sentido, que sin la ocupación de la plaza sería difícil para el movimiento.

El componente festivo ha estado presente desde el primer día, que comenzó con un gran concierto sobre un camión y que ha continuado con constantes intervenciones artísticas, teatrales, proyecciones de películas, orquestas sinfónicas, etc. Cotidianamente en el lado este de la plaza se realizan las asambleas y las discusiones políticas y en el lado oeste se desarrollan las actividades festivas, la gente circula indistintamente de un lado a otro. Algunos historiadores y antropólogos recuerdan que los momentos de revueltas o revoluciones, siempre han tenido un grado importante de festividad, así como las fiestas o carnavales, fueron momentos propicios para las sublevaciones o revueltas, por ello su recuperación y control.

Ocupación y derecho a la ciudad

La ocupación de la plazas es un proceso y no un resultado o un objetivo en sí misma, el hecho de tener una importante rotación de gente y de utilizar la asamblea como espacio de discusión y decisión, ha transformado a la Nuit debout en una escuela de democracia radical y horizontalidad. Muchos participantes ya eran activistas o militantes anteriormente, pero muchos otros se han politizado en el proceso de la ocupación. La “convergencia de luchas” se puede constatar en las más de 80 comisiones que trabajan en la plaza, dándole un carácter sistémico al movimiento, que no se queda sólo en la contestación a la reforma laboral, sino que ha construido una cierta “interseccionalidad”, en el sentido sociológico de cruce de formas de dominación/contestación. Las principales y más visibles, las luchas feministas, por el derecho a la vivienda, contra la colonización, ecologistas, así como la participación constante, pero no predominante de las luchas sindicales y estudiantiles.

El derecho a la ciudad, en el sentido planteado por Lefevbre, de reapropiación y de predominancia del valor de uso, se hace carne en las ocupaciones de plazas, funcionando al mismo tiempo como una contestación a la ciudad mercantilizada y privatizada. La Nuit debout funciona como un laboratorio de producción de lo común, como dirían los situacionistas, desde la producción del espacio desde el hacer y la praxis. No es sólo el espacio lo que se reapropia a través de la ocupación, es también el tiempo, la noche se transforma en un tiempo recuperado para la autoorganización, para la democracia y el debate. La ocupación de la plaza construye un espacio-tiempo de experimentación, con la construcción de una ciudad otra, legitimando en los hechos lo que los poderes públicos tildan como de ilegal.

El hecho de rebautizar la plaza como plaza de la Comuna (en alusión a la Comuna de París de 1871), decidido en la asamblea general el 32 de marzo (ahora los días se cuentan a partir de la ocupación de la plaza el 31 de marzo), no es para nada anodino. Sabemos que la Comuna de París fue un momento revolucionario ligado a la autogestión de la ciudad de manera autónoma por el pueblo de París levantado en armas, que hasta hoy muchos denominan como el único momento en la historia de un ensayo de un socialismo autogestionario a la escala de una ciudad.

La ocupación de la plaza como resistencia y desobediencia la podemos contrastar con otros procesos que se han desarrollado en los últimos años en Francia, y que sopesando sus diferencias, pueden servir de puntos de origen-comparación. Las “ZAD” o “zonas a defender”, ocupaciones de territorios por militantes y habitantes contra “grandes proyectos inútiles e impuestos” (como el proyecto de aeropuerto a Notre Dame des Landes en un bosque húmedo) y los campamentos de migrantes y roms, siendo el más emblemático la “jungla” de Calais, pero no el único. Espacios donde se construyen “autonomías territoriales” que contestan la sociedad y la ciudad actuales, construyendo alternativas aquí y ahora. La ocupación de la plaza es también una oposición a la privatización de los espacios públicos, tan banalizada y naturalizada, entre las terrazas de bares y los eventos privados de marketing de marcas que son autorizados por los poderes públicos. Es también un espacio para los encuentros e interacción entre habitantes, que en tiempos “normales” se ignoran o ni siquiera tienen la posibilidad de encontrarse: jóvenes precarios, migrantes, trabajadores pobres, sindicalistas, personas en situación de calle, entre otros. La ocupación funciona como un espacio para la construcción de confianzas y empatías que es difícil encontrar en la ciudad actual de flujos y consumo.

La composición de los participantes de Nuit debout

Los medios de comunicación y la clase política han atacado constantemente a los participantes de Nuit debout, diciendo que son “jóvenes blancos diplomados de la pequeña burguesía (los “bobos” o “bourgeois bohèmes”) o hippies cesantes tocando tambores”, pero más de 30 sociólogos se dedicaron a evaluar en terreno para descubrir quienes eran los participantes: más de la mitad tiene más de 33 años, y un 20% tienen más de 50 años. Dos tercios son hombres. 40% de los participantes vienen de banlieue (las periferias) y de los parisinos la mayoría viene de los barrios del noreste, los más populares de la capital. 60% son diplomados, la media nacional es de 25%, y 24% de los participantes son obreros o empleados, más del doble de la media de París. La encuesta y su análisis muestra que la diversidad de participantes es muy grande, pero a pesar de eso queda la sensación de una deuda, que muestra la fractura de la sociedad francesa, de sumar todavía más la participación de los jóvenes pobres de las periferias.

El movimiento de ocupación de plazas comenzó en París y en 20 ciudades al mismo tiempo. Más de 200 plazas ocupadas en toda Francia se han censado hasta ahora. Unas 3 semanas después de la ocupación de la plaza de la République en París, se empezaron en paralelo a organizar asambleas en algunos barrios, y ese parece ser el futuro del movimiento. Por ejemplo en nuestro barrio en Belleville, en el noreste parisino, hay desde esas fechas tres asambleas que se reúnen semanalmente en plazas, que han “aterrizado” en lo local la ocupación de plazas y la convergencia de luchas, solidarizando con los migrantes y refugiados que están en las calles o que han ocupado edificios públicos abandonados. En las banlieues o barrios de la periferia, asociados en el imaginario sobretodo a la pobreza y la inmigración colonial, también existen ocupaciones de plazas, aunque han sido menos mediatizadas en la continuidad del proceso para invisibilizar la organización y politización de esos barrios, dado que la opinión pública sólo los asocia al tráfico de drogas, a las quemas de autos o a los enfrentamientos con la policía, tal como fue en la revuelta de 2005, sin profundizar en las resistencias y organizaciones que se tejen en esos territorios, dentro de un contexto de exclusión y rechazo de la sociedad francesa.

Lo que pase en Francia en esta pasada será clave para lo que pase en Europa y en el mundo con respecto a los avances del neoliberalismo o a sus retrocesos. No por nada Francia ha sido un laboratorio político de revoluciones y contrarrevoluciones en toda la historia, interesante es leer el análisis de Miguel Urban para comprobar estas tesis. 

En los momentos en que escribo estas líneas los bloqueos de refinerías de petróleo son totales. Hay entre 30% y 50% de las estaciones de servicio sin gasolina. Los sindicalistas de las centrales de producción de electricidad y de las centrales nucleares se suman a la huelga, para bloquear la economía. Varios puertos están bloqueados, los sindicatos de todos los transportes: camiones, buses, metros, trenes, comienzan huelgas, los recolectares de basura también, todos demandando el retiro de la reforma laboral. Desde el inicio del movimiento en marzo, han existido más de 10 jornadas de protesta nacional, además de cientos de liceos y universidades bloqueadas o en huelga. A pesar de todo, el gobierno sigue intransigente, tanto que se saltó la discusión parlamentaria, dado que no tenían mayoría e hizo adoptar el proyecto por decreto en primera instancia. Mientras esto pasa cientos de plazas siguen ocupadas por toda Francia desde hace más de 2 meses.

[1] Geoffrey Pleyers

*Texto publicado en el blog del  Instituto de la Vivienda (INVI), Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad de Chile