Este botín es imposible que sea de Pelé, si él calzaba 39 (…) Esta camiseta tampoco es de él, pues en ese tiempo estaba en Sevilla. Es de Eusebio. Te puedo conseguir la nómina completa de ese partido, de la Universidad de Chile contra un equipo ‘Resto del Mundo’, y demostrar que no es de Pelé”.

Durante su asesoría en 2015 al Museo de la Moda, que estaba adquiriendo piezas para la exposición que realizó este año sobre “O Rey”, el Premio Nacional de Periodismo Deportivo 2008, Luis “Chomsky” Urrutia O’Nell, se mostró incorregible. Revisó más de quinientas piezas buscando los tesoros de su mayor ídolo en el fútbol y, para aquellas más antiguas, llevó a Manuel “Pichanga” Arriagada, ex jugador parte del plantel que ganó el primer campeonato de Católica en 1949 y que fue apodado así por jugar en todos los puestos, menos al arco.

Han sido meses de recuerdo de parte de Chomsky a sus ídolos. “A mí me bromean porque en Twitter yo sólo sigo a dos personas: Muhammad Alí y Pelé. Son los dos deportistas que más admiro, en ese orden”, asegura quien además tiene una colección de 3500 fotografías, libros, revistas, textos y recortes de ambos.

Urrutia se hizo seguidor incondicional del boxeador luego de recibir los periódicos informes de la histórica pelea entre Cassius Clay -nombre con el que nació Alí- y Sonny Liston, quien se retiró por una lesión en su hombro, a pesar de previamente haber cegado a Clay con una sustancia médica en su guante.

Recuerda haber visto la histórica pelea de Muhammad Alí contra George Foreman en el pensionado universitario en el que se hospedaba en 1974. “Había un gringo ese día y éramos los únicos que íbamos por Alí. Todo el resto apoyaba  a Foreman. Cuando Alí lo tumba, de un golpe pegué un brinco que hizo que me pegara con los nudillos en el techo”, recuerda Chomsky, quien en sus cátedras hace que sus estudiantes revisen dos reportajes sobre la pelea que se conoció como “Rumble of the Jungle” (Pelea en la selva): el libro “El Combate”, de Norman Mailer, y el documental ganador de un Óscar “Cuando éramos reyes”, de Leon Gast.

A Chomsky lo impresiona la estética de esa pelea: “Es un arte, por la caída de Foreman. Cuando Alí lo conecta y pierde el equilibrio, le podría haber aplicado otro golpe, pero se contiene. Norman Mailer dice que no quiso arruinar la estética de la caída de Foreman, quien le agradeció a Alí que no le diera otro golpe. Además esto revela que era un buen deportista, aunque no era perfecto…“.

¿Por qué?

-Hubo un par de peleas donde se le tildó de “cruel” o “sádico”. Por ejemplo, en 1965 tuvo la primera pelea con Floyd Parker, tenía rivalidad racial porque decía que era un “tío Tom”, un negro que buscaba congraciarse con los blancos. En esa pelea Patterson sufrió un desgarro en la espalda, y Alí lo cargaba ahí, le daba tiempo para que se recuperara y volvía a golpearlo. Se le tildó de cruel. Después Ernie Terrell, “El Pulpo”,  se rehusaba a llamarlo Muhammed Alí, y le decía Cassius Clay. Alí lo golpeaba y le decía “¿¡Cómo me llamo!?”. Dejaba que se recuperara y le pegaba de nuevo. “¿¡Cómo me llamo!?”. Toda la pelea así. Se le acusó de sadismo. Cuando ya cumplió la sanción, ya estaba más maduro. A lo mejor el anterior le pega el golpe de gracia a Foreman.

Ambos episodios tienen que ver con las convicciones que tenía Alí y su lucha racial.

-Y porque además estaba todo el país con él, se opone a la guerra de Vietnam y en el ambiente de ese tiempo era un cobarde. Si hubiera ido, como hizo Joe Louis, a él no lo iban a mandar al frente de batalla, sino a hacer exhibiciones, hubiera tenido un trato 5 estrellas. Pero se rehusó. Para mí la primera pelea con Frazier no la perdió, el propio Alí dice que fue un fallo político. Después de la pelea, ambos fueron al hospital. Alí estuvo una hora y Frazier estuvo semanas.

¿Cuánto puede jugarle en contra a un deportista el posicionarse políticamente?

-A Alí le arruinó esa pelea, pierde el invicto. Pero a toda esa gente que estuvo en contra de él por negarse a ir a Vietnam, después la conquista. Se rinde ante él. Con su ejemplo, su honestidad y consecuencia.

¿Qué otro ejemplo ve en que se estigmatice a un jugador por su posición política?
-En esta pugna de Pelé – Maradona, los seguidores de Maradona son como los evangélicos y hacen un trabajo de hormiga. Los de Pelé son como los católicos que no van a misa. En la opinión pública ha quedado la idea de que Pelé siempre se alió al poder, siendo que en el 74 se rehusó a jugar el Mundial porque había una dictadura en Brasil. Después, cuando fue ministro del Deporte, creó la Ley Pelé que permite que el jugador quede con su pase en su poder. Salvo la ley Bosman y el pasaporte comunitario, no hay un adelanto en términos sindicales mayor para un futbolista. Antes el jugador recién a los 28 años quedaba con el pase en su poder. Esas conquistas son cosas que la gente ignora.

¿Y qué ejemplo recuerda en Chile?

-Elías Figueroa siempre estuvo identificado con el Sí. Incluso gente con mala intención dice que estuvo en Chacarillas, siendo que Elías no estaba en Chile en ese tiempo. Cuando se instauró la democracia, a Elías de inmediato lo despidieron de los dos trabajos estatales en los que estaba: uno en TVN y otro en la Radio Nacional. Él tuvo un costo, siendo que más que nada fue un futbolista. El año 71 el país sufrió con unas inundaciones y Elías trajo a la mutual de futbolistas uruguayos a jugar un amistoso a beneficio de los damnificados. Fue recibido en La Moneda por el Chicho Allende, está la foto y todo. Se manipula esto.

El fútbol al alero de las Sociedades Anónimas

¿Qué rol tiene ahora lo social en el fútbol? ¿Cree que se ha perdido?

-Lo que pasa es que, con el pretexto de que los clubes tenían un desorden financiero, se instauró la Ley de Sociedades Anónimas, que fue saludada con trompetas por todos los medios y a la que los líderes de opinión pavimentaron el camino. Hubo contadísimas excepciones, como el doctor Orozco, el dirigente Jorge Vergara o yo que nos opusimos a eso y vimos el peligro que luego se demostró. Le quitaron el club a los socios. Para mí el ideario es el alemán, donde los inversionistas no pueden tener más del 15% y el resto es de los socios. Lo que se preconizó que era el orden financiero fue mentira, los clubes están virtualmente quebrados, viven del Canal del Fútbol.

¿La culpa es de los dirigentes?

-Es que yo pertenezco a una generación en la que, a diferencia de las recientes donde los dirigentes son sinónimo de corruptos, ellos trabajaron ad honorem, organizaron un mundial muy bueno después del mayor terremoto de la historia, sin televisión ni publicidad. No todos son Jadue. Siempre hubo gente sin vergüenza, pero antes eran minoría. Además era gente de fútbol: muéstrale hoy a Azul Azul una foto del Ballet Azul, a ver cuántos jugadores reconocen. Se ha visto al último presidente de Blanco y Negro en una ceremonia donde empieza el himno y después no se sabe la letra y empieza a masticar chicle, a hacer mímica.

¿Cómo merma eso en el fútbol mismo?

-Eso se refleja en las asistencias. A los directores actuales no les interesa que el estadio esté lleno, al contrario. Más gente significa mayor gasto en seguridad. Sobreviven con el dinero del Canal del Fútbol y les da lo mismo la asistencia. Acá tenemos clásicos con 10 mil personas, y el fútbol tiene que ser con estadio lleno.      

Un “invento sin historia” 

¿Qué le parece el concepto de Copa América Centenario?

-Es un invento comercial como lo es la Copa Confederaciones, la Copa Suruga, la Copa Artemio Franchi. Inventos sin historia. Pero al hincha igual le atrae, se supone que hay buen espectáculo, en el caso de Estados Unidos te asegura buena concurrencia. En el caso nuestro esta efervescencia de haber ganado una copa por primera vez en cien años, genera una expectativa que es manipulada por los medios y los anunciadores. Se comprobó que hasta aumenta la contaminación ambiental los días en que juega Chile.

¿Cómo ves al hincha de la selección?

-Es un hincha artificial por la parafernalia que rodea los partidos, no es el mismo que siempre va al estadio. Tiene un comportamiento medio simiesco, lo manipulan como al perro de Pávlov. Hace poco di una charla en la filial de Colo Colo de Maipú y les decía que antes, aunque uno fuera a la población más aislada, iba a encontrar el banderín de Colo Colo con la foto del equipo. Hoy se venden camisetas diseñadas entre cuatro paredes por gente que no tiene idea de fútbol. En el mismo Colo Colo a un ingenioso se le ocurrió ponerle amarillo a la camiseta, un color que nunca ha estado. ¡Y el hincha consume eso, no hay una rebelión! A ver si en países futbolizados se van a meter con la polera de Boca o River. Aquí es mucho el consumismo y no entiendo cómo la gente es tan pasiva.

Finalmente una pregunta netamente de fútbol, ¿cómo ve a Chile de cara a la Copa?

-Antes de renunciar, Sampaoli dio charlas off the record a ciertos periodistas en Pinto Durán. Les dejó bien clarito que la selección tocó techo y que lo que viene es un declive natural. La gente de la ANFP principalmente es gente de Católica, y eligió un técnico del gusto de Católica: Alto, de buena facha, caballeroso. Pizzi reúne ese perfil y yo lo veo con poca reacción.

¿En qué partido pudo ver eso?

-Por ejemplo, contra Argentina. A los dos minutos del partido uno dice: “Ah, (Gerardo) Martino practicó esto”. Recibía la pelota Marcelo Díaz, nuestro Xavi, y de inmediato lo tapaban y se veía obligado a tocar atrás con Bravo. Después el segundo más marcado era (Charles) Aránguiz, después (Arturo) Vidal. Esto trabajó Martino. ¿Y qué trabajó Pizzi? Uno no lo advierte. Uno ve actuaciones individuales, que a veces alcanzan, desorden, inventos como la aparición de Bryan Rabello u (Fabián) Orellana de conductor, le permite a Alexis que haga lo que quiera, algo que no puede hacer en Europa, arrebatos de Vidal y (Gary) Medel. Una vez Guardiola cambió a los 27 minutos a Vidal cuando vio que estaba pasado de revoluciones. No veo ese liderazgo en Pizzi.