Actualmente el gobierno habla de un conflicto ya cerrado en educación, de una “obra gruesa” ya concluida, y para esto usa como palanca la beca de gratuidad. Depende del movimiento social por la educación disputar la posición del gobierno y salir con fuerza a exigir una reforma educacional que cambie estructuralmente la educación, otorgándole la condición de derecho social.

Un gobierno debilitado por el bajo apoyo popular ha quedado plagado de medias tintas a la hora de cumplir las promesas de su programa. Así lo muestra lo que ha ocurrido con la beca de gratuidad por glosa, presentada sin un proyecto de ley que cambie el marco regulatorio de la educación superior y establezca una nueva forma de financiamiento. El objetivo de esta maniobra es claro. Con esta “gratuidad” vía glosa se buscaría desmovilizar a los actores sociales en lucha por la educación como derecho. De este modo, el gobierno pretende acabar con el conflicto educacional levantado el 2011, con el menor ruido posible, dejando de lado a los actores que abrieron la discusión. Sin embargo, al momento de proyectar lo que será este año para la reforma educacional, es importante recalcar tres puntos.

En primer lugar, sabemos que la modalidad actual de gratuidad por medio de una glosa presupuestaria es insostenible, pues genera una enorme precariedad e inseguridad para las instituciones y familias, al no saber qué ocurrirá el próximo año.

En segundo lugar, al no tocarse el marco regulatorio, este mecanismo establece una educación de mercado financiada por el Estado, con instituciones que lucran prometiendo oportunidades de ascenso social que no se cumplen y que, si no obtienen gratuidad, generan millonarias deudas. Es un sistema muy parecido al particular subvencionado que conocemos en educación escolar, con sus nefastos resultados de desigualdad y segregación. Es decir, podría ser la victoria definitiva de la visión de mercado de la educación, por sobre la de un derecho.

En tercer lugar, no existe reforma que pueda superar los márgenes del neoliberalismo si no se le entrega un rol protagónico a la educación estatal. Una glosa que no le reconoce el rol central que deberían tener las universidades estatales no puede ser más que una profundización de las lógicas del mercado.

Considerando lo anterior, no debemos dejar que nos cierren el conflicto que abrimos las y los estudiantes, y la sociedad chilena. El riesgo de terminar con una educación de mercado financiada por el Estado es real. Para que nuestra lucha no se apague con el mamarracho de la gratuidad vía glosa, hay que volcarse a la calle con unidad política desde el movimiento social, obligando al gobierno a legislar acorde a la educación como derecho social. Si queremos que ganen los estudiantes y sus familias, debemos disputarle al gobierno esa reforma.

Esto requiere de, al menos, tres cosas.

En primer lugar, necesitamos generar unidad dentro de las fuerzas que componen el movimiento estudiantil. Una unidad que trascienda lo meramente electoral y se fundamente en un diagnóstico y una convicción común de la necesidad de disputar esta reforma. Solo unidos podemos hacerles frente a los diversos adversarios que encontraremos en el camino.

En segundo lugar, necesitamos un movimiento estudiantil que no se maree ante las propuestas que nazcan desde el gobierno. Debemos tener la capacidad de marcar con claridad y contundencia nuestras diferencias con el gobierno y empujar hacia una reforma que realmente establezca la educación como derecho, fuera de las lógicas de mercado. Sin caer en el conformismo y sumisión inmovilizante, ni en la incapacidad de expresar de forma clara y convocante a las grandes mayorías nuestras diferencias.

Es fundamental complejizar el debate, y, al mismo tiempo, ser capaz de darle una bajada concreta que pueda persuadir. Hay que exigir, fuerte y claro: gratuidad universal en la ley; prohibición del lucro con fiscalización y tipificación; mecanismos de financiamiento que eliminen el mercado; autonomía resguardada con democratización de los gobiernos institucionales; red de instituciones públicas coordinadas; marco de cualificaciones y articulación; mecanismos de acceso no elitista sino por capacidades; orientación del sistema a la creación de conocimiento; entre otros puntos intransables.

En tercer lugar, se requiere una movilización contundente que le dé fuerza a las demandas del movimiento estudiantil. Para esto es crucial volver a politizar los debates al interior de nuestras universidades y definir un discurso claro que le haga sentido y llame a nuestros compañeros. No basta con alegar, tenemos que ganar.

En este desafío que se nos viene, es fundamental el rol de una FEUSACH que lidere una movilización potente, con contenido y capacidad de confrontación de las propuestas del gobierno. Los estudiantes de la USACH tenemos la responsabilidad y la oportunidad de devolverle al movimiento estudiantil su sitial protagónico en las transformaciones estructurales del movimiento estudiantil. Este 21 y 22 están todos invitados a forjar este camino porque, sin duda, unidos podemos.

 

 

 

 


Licenciado en Ciencias Económicas y Magíster en Economía Financiera. Candidato a presidente Lista C Unidos Podemos elecciones FEUSACH 2016. Militante de Revolución Democrática. Lista C Unidos