El jueves 16 en el GAM se inauguró la primera exposición sobre el Jazz en Chile, muestra que incluye tanto documentos históricos sobre la aparición y desarrollo de esta música en nuestro país como muestras de vinilos de jazzistas chilenos, fotos y un registro tan amplio como novedoso por la naturaleza de su temario.

Conversamos con Álvaro Menanteau, curador de la muestra y una de las voces más autorizadas para referir el tema del jazz en Chile. Menanteau, doctor en Musicología, intérprete de bajo eléctrico y académico universitario nos relató acerca del la historia del jazz chileno, su momento actual, del espacio abierto que se ofrece para la investigación sobre esta música y del valor de la muestra en GAM.

Sin duda que en Chile se vive una especie de expansión del jazz hecho en casa y que esta música ha logrado atesorar un nicho propio de público que no existía hasta hace poco y eso se ve ratificado por el alto número de cds y grabaciones de jazz chileno que circulan hoy. ¿Cómo aprecias este fenómeno? ¿se ha logrado nivelar para arriba en nuestro caso?

Sí, si revisamos la historia del jazz en Chile, desde su trasplante en la década de 1920 hasta nuestros días, podemos percatarnos que ha tenido una curva ascendente de progreso musical y permanencia en el espacio social. Si nos fijamos en los datos duros que mencionas, tenemos que hay más producciones por año y más exponentes activos. Pero también hay que considerar la calidad, no sólo la cantidad de las expresiones jazzísticas en nuestro medio: desde la década de 1990 en adelante las nuevas generaciones de jazzistas hacen gala de un nivel técnico-musical y compositivo que no se dio previo a 1990. Esa es sin duda una tendencia que se ha mantenido con el paso de las últimas décadas, a pesar de los grandes cambios que ha experimentado la industria de la música popular global (crisis de las discográficas, intercambio de música digitalizada, autoproducción musical, etc) y del medio local en particular (irrupción de sellos independientes, decadencia del Club de Jazz de Santiago).

¿Cómo ves en términos estrictamente estéticos la diferencia entre el jazzista de hoy- con formación de escuela- y el de antaño, igualmente profesional pero surgido de un ambiente de bohemia que ya no pervive?

La formación sistemática y académica de los músicos populares (no sólo de jazzistas) ha aportado un enorme grado de solidez técnica al momento de hacer música (¡hasta los grupos de cumbias suenan mejor hoy que en 1965!). Sobre todo ha sido importante el desarrollo de la capacidad para componer música original; en el plano de los arreglos musicales acontece algo similar. Un músico de sesión que trabaja habitualmente con Ana Tijoux me decía que ella escuchaba cotidianamente mucho jazz, aunque no lo practicara; por otra parte, la práctica del jazz representa un espacio desde donde algunos notables de la escena local han conseguido una formación musical sólida, me refiero a casos como Fernando Otárola, Tilo González, Ernesto Holman, Ángelito Parra, Andrés Pérez, Marcelo Córdova, Gonzalo Palma, Talo Quevedo, Paz Court, etc.

¿Crees que sigue siendo prioridad cultural definir una identidad supuestamente chilena en el jazz actual? ¿Por qué debería sustentarse en la fusión con la proyección folklórica? Mal que mal ya no estamos en 1972 y referentes como Los Jaivas- por citar un ejemplo análogo- ya comienzan a quedar atrás…

Es interesante considerar que dilucidar esa problemática de la identidad chilena en el jazz sea un tema que se da regularmente en el ambiente académico, de los estudiosos, pero no de los músicos prácticos. En general los músicos no se complican la existencia con esta situación. Cuturrufo plantea que el jazz chileno es el jazz tocado por chilenos…. y se acabó el asunto. Por supuesto que esa es una postura discutible, pero vale la pena considerarla al momento de reflexionar sobre ello. Yo soy de la opinión que una cosa es tocar jazz y otra es hacer fusión desde el jazz con elementos de la música tradicional chilena. En la medida que tengamos definido el límite entre ambas situaciones, podremos tener alguna claridad de quien es quien en la escena local del jazz.

¿Eres de la opinión de que el jazz en Chile es inevitablemente subalterno respecto del epicentro norteamericano o europeo? Pese al optimismo ambiental, es difícil prever una consolidación del jazz local al nivel de otras reales tradiciones jazzísticas latinoamericanas como la de Cuba o Brasil…

Aquí hay que considerar dos cosas. Uno, que Chile no ha tenido un gen afroamericano en su desarrollo histórico-social como nación; recién en las últimas tres décadas hemos empezado a conectarnos con lo afroamericano de manera cotidiana, gracias a las oleadas de inmigrantes que se instalan en el país. Este hecho histórico ha redundado en una carencia de lo que podríamos llamar una “música afrochilena”, y por lo tanto no hemos podido dialogar con el jazz (en su calidad de música afronorteamericana) del mismo modo como lo han hecho los cubanos (desde su raíz afrocubana) y los brasileños (desde su raíz afrobrasileña), por tomar los casos que mencionas en tu pregunta. Todo esto nos ha llevado a tener un comportamiento principalmente imitativo con el jazz como estilo musical, hasta la aparición de la fusión criolla.

Y dos, que esta actitud imitativa ha llevado a nuestros jazzistas a focalizarse en el buen dominio del lenguaje musical y de la composición, al punto de lograr instalar en Nueva York a una pléyade de jóvenes jazzistas que circulan cómodamente en la escena neoyorkina. Pero cuidado, porque esto ocurre hoy, cuando la escena norteamericana del jazz se halla no sólo deprimida, sino más bien en retroceso; lo paradójico es que cuando el jazz se repliega en su lugar de origen (EE.UU.), tiene un auge en la periferia representada por la escena chilena.

Tu libro (“Historia del Jazz en Chile”, Ocholibros Editores) demostró que se pueden escribir libros sobre jazz en Chile y desde Chile, pues tu colaboración con otros libros de jazz en América Latina ha sido poco divulgada, ¿será que estamos ante una música, en este caso el jazz en Chile, que posee suficiente valor artístico, sustancia histórica y cultural, como para hablar de ella? ¿es posible que a partir de tu trabajo se abra otro espacio literario como ocurrió con los libros sobre rock, por ejemplo?

Creo que los estudios del jazz en Chile han ido quemando etapas de manera consistente, en la medida que la práctica de este repertorio ha insistido en permanecer porfiadamente en nuestro medio musical. Me parece que la primera etapa ya está consolidada, esto es, la etapa del levantamiento histórico: ya sabemos quienes fueron los que iniciaron el jazz en Chile, dónde tocaban, qué tocaban, cómo lo hacían y cómo evolucionaron hasta el presente; los futuros trabajos sobre jazz en nuestro medio deben necesariamente abrirse hacia otros espacios del conocimiento, como ser la sociología del jazz, los estudios de género, las escenas locales, la neurociencia o la investigación artística.

¿Por qué los amantes de la música en general deberían visitar la exposición en el GAM? ¿qué nos puedes recomendar de ella para que la experiencia valga la pena?

Desde la década de 1940 en Chile los aficionados al jazz se posicionaban como “activistas del jazz”, en un afán por destacar el jazz como una música con un valor artístico y estético intrínseco. Esta exposición en el GAM viene a reafirmar esta antigua aspiración, puesto que la presencia del jazz en un espacio como el GAM legitima definitivamente a esta música como algo con un valor social y patrimonial dentro de la cultura de masas en la cual estamos insertos. Y no olvidemos que para la irrupción y el perfilamiento de la cultura de masas de principios del siglo XX, el jazz realizó un aporte sustancial. Yo recomendaría visitar esta muestra porque servirá para ponerle rostro y sonido a una historia sinuosa, que ha tenido sus luces y sombras. Más allá del gusto específico del aficionado al jazz, creo que cualquier persona que valore las manifestaciones de la música popular, podrá disfrutar (por ejemplo) de la exhibición de la discografía completa del jazz chileno en formato vinilo. O revisar el acta notarial que otorgaba personería jurídica al Club de Jazz de Santiago en 1951, en donde no sólo están consignados los nombre de quienes apoyaban esta gestión, sino además lo que ellos definía como “jazz”, es decir lo que esta gente consideraba de era el jazz como objeto de estudio.

Una coda, ¿tienes en mente otro libro en perspectiva? ¿puedes adelantar algo?

El año pasado mi editor me sugirió publicar una tercera edición del libro “Historia del jazz en Chile”. Estoy considerando la posibilidad de hacerlo, pero con un cambio de enfoque, pues me gustaría publicarlo como “edición crítica”, es decir, incluyendo más análisis de contexto y opiniones personales en comparación con las dos primeras ediciones. Luego de trece años, me he dado cuenta que yo ya no escribo como lo hacía en 2003.


Académico, escritor y crítico musical