Con dos años de retraso y con déficit tecnológico respecto del  formato original en 3D (debido a que no causó interés por ninguna cadena equipada de multisala) llega a salas comerciales la primera película de Jean-Luc Godard desde Nuestra música (2004). A esta ausencia se le suma una recepción de la crítica local que produce serias dudas acerca de sus competencias y aperturas en términos de  canon. Más que críticas, los escritos aparecidos en medios como Wikén y La Tercera parecen concesiones entregadas a regañadientes a un cineasta que se lleva años detestando. A partir de aquello me puse a pensar que localmente tenemos una deuda seria con Godard. Me refiero a la falta de un estudio  retrospectivo que se refiera a los distintos momentos de una obra polimorfa hecha desde una consciencia indiscutiblemente histórica, la que el director documentó en su apabullante Histoire (s) du cinema, obra que hasta ahora no ha sido exhibida ni discutida públicamente en nuestro país.

Godard, por su parte, a estas alturas aburrido de una monumentalización que él mismo cimentó, se despide de 2D y reivindica el 3D alejándose de la conquista ilusoria del hiperrealismo para apuntar a un juego textural y pictórico de la imagen, desde una plástica primitiva. Aquí hay algún desfase: la experiencia que tuve hace dos años en Festival de Valdivia (3D) la recuerdo plástica y perceptual, la reciente en la sala del Cine Alameda (2D), me resultó más cerebral y discursiva. Se trata de dos películas diferentes y supongo que desde una mezcla de ambos visionados es que escribo. Sin embargo hay constantes.

Antes que nada, el espíritu destructivo presente en el título “adiós al lenguaje”, que a estas alturas debe leerse como clave lectura no sin dejo irónico. Esto está presente a modo de confesión o programa en dos referencias clave (“siempre me ha interesado la pobreza en el lenguaje”, “hay que ingresar un no pensamiento al pensamiento”) que se complementan con otras ideas, entre ellas la de una propuesta sobre el cine que se encuentra más vinculada a lo háptico/pictórico que a lo óptico/literario. Como bien apuntaba Mónica Delgado en su crítica, aquí se logra visualizar un desajuste lingüístico (“algo anda mal en el lenguaje”) vinculado a la multiplicación de la pantalla devenida inmediatez, el estado compulsivo y el espectáculo cotidiano, una suerte de degradación del cine por otros medios, que Godard pone a pensar.

¿Qué lugar puede o podrá ocupar el cine en esta nueva era de micro-pantallas? Godard repone, antes que nada, la posibilidad de involucrarnos y sumergirnos en experiencias complejas, múltiples y mutantes, logrando generar un “tiempo intermedio” entre zonas del pasado -el primitivismo experimental, la forma y materia bruta, el animal- y el futuro -la tecnología digital, el 3D- arrojando desde ese lugar una pregunta. En la versión 3D, de un comentario al aparato base- ilusorio del cine (en sus orígenes con lo tecnológico) se pasaba a evidenciar lo estereoscópico reflexiva y juguetonamente. Sabemos que Godard -aquí, allá y más acá- se encuentra hace ya mucho pensando el cine en ese “entre-acto” de temporalidades, montando y conectando distintos soportes para volver a reponer un pensamiento propio del cine, pero lo que se piensa en Adiós al lenguaje es su negatividad, aquello que es tanto pobreza del lenguaje como reivindicación de algo que está en el límite del discurso (“el no pensamiento”).

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A las formas radicales de pobreza lingüística -en favor de la riqueza de lo perceptivo- les arroja ahora el principio político de un comunismo “bruto”. Lo arroja desde lo escatológico (la mierda), el amor (el encuentro, el erotismo, a partir del relato de dos amantes) y el animal. Se trata de un “perro filosófico” que deambula junto a la cámara en una evocación afectiva y compasiva, que sirve como imagen fundamental de un encuentro profano con el mundo. Se trata del animal como apertura al “bosque” perceptivo del mundo y la posibilidad de encontrar ahí una salida radical a la política a partir de un sitial en que el afecto, el encuentro y la renuncia aparecen como zonas desde donde pensar una salida que es también política. Un comunismo animal.

Pobreza del lenguaje, infancia, animalidad: elementos presentes como anclajes del mundo, o lugares donde este se abandona para empezar otro deambular, otra deriva, otro lugar a nombre de una mirada animal, unas flores en 3D, el llanto de un bebé y, al final, un aullido. Como nunca antes ha ocurrido con el final de una película de Godard, ese aullido tiene el sonido de un adiós melancólico. No tanto a la obra de un cineasta si no al crepúsculo de unas formas del lenguaje, unas formas del ser-con-otro que se realiza en el mismo lugar donde se destruye. Un nuevo comienzo desde la pobreza y la incertidumbre. Radicalmente solos.

Ficha Técnica

Título: Adiós al lenguaje. Título original: Adieu au langage. Dirección: Jean-Luc Godard. Guión: Jean-Luc Godard. Fotografía: Fabrice Aragno. Montaje: Jean-Luc Godard. Reparto: Héloise Godet, Zoé Bruneau, Kamel Abdelli, Richard Chevalier, Jessica Erickson, Alexandre Païta, Dimitri Basil. País: Suiza. Año: 2014. Duración: 70 min.


Iván Pinto