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Cultura y Calle 28.06.2016

Claudia Rodríguez: “Para el sistema es horroroso que una travesti fea como yo escriba”

A unos días de lanzar su primer libro, la escritora y activista travesti habló con El Desconcierto sobre la violencia del sistema, la aparición de las travestis en la historia y el derecho a hablar: “lo anormal tiene derecho a existir y el sistema debiera reconocer que necesita de las travestis”, reclama.

Por
Kamila Recabal / Ediciones del Intersticio

En julio del 2011, en la cúspide del movimiento estudiantil por la educación, Claudia Rodríguez y dos compañeras travestis fueron a una marcha en Santiago. Luego de una reunión con una estudiante de derecho de la Universidad de Chile decidieron sumarse a la masa que se juntaba en las puertas de la facultad de Pío Nono con un paraguas que decía “Travestis mal edukadas”. En el texto “Marcha por la educación shilena”, que escribió sobre ese día, se puede leer la reacción de los estudiantes movilizados:

““Debimos oír a los estudiantes discriminados por el modelo económico gritar insultos. Maricón feo!!como si la belleza legitimara algún derecho humano. 

Maraco!! Como si las relaciones sexuales del estudiantado fueran implacablemente monógamas y reproductivas. 

Siempre las mujeres guardaron silencio.

 Travestis!! Como si el concepto de diversidad al interior de la transformación social esperada tuviera límites, en los que no alcanzamos a caber”. 

Cinco años después de ese registro Claudia Rodríguez, nacida en 1968, poeta, activista travesti y fundadora de la primera Compañía Teatral de Activistas Travestis, lanzará su libro “Dramas Pobres” en la Casa Central de la Universidad de Chile. El libro recopila años de escritura en fanzine de Claudia bajo la recopilación de la autogestionada Ediciones del Intersticio.

“Con las compañeras de Ediciones del Intersticio nos conocimos cuando ellas eran estudiantes universitarias y querían conocer el activismo trans. Constanza Alvarado, la editora, es lingüista y le interesó mucho mi escritura maltrecha. Mucho tiempo después de que nos conocimos, el año pasado, me invitó a tomar una coca cola y me dijo que querían publicar algo. A partir de marzo empezamos a trabajar en la publicación de este texto. Y claro, fue demoroso, ella quería que el fanzine se convirtiera en un texto con otro alcance, porque yo sólo lo distribuía a nivel marginal. Ella tenía la posibilidad de que este texto saliera a otros ámbitos pero manteniendo sus características, diciéndome que le interesaban estos textos intersticiales”, cuenta Claudia. 

En el patio de la Universidad Academia de Humanismo Cristiano la entrevista se detiene varias veces porque profesoras, funcionarias o excompañeras de la carrera de Trabajo Social pasan a saludarla. “Difícil que termine la carrera, porque es mucha plata y estoy cesante. Pero soy una egresada”, le dice Claudia a una profesora, que le contesta que “sólo eso ya es maravilloso”. Claudia Rodríguez no cree que se vaya a titular porque, al igual que otros miles, está endeudada por estudiar. Dice que tiene “el poto cocío de tanto marchar”. “Veo que todo progresa hacia nuestra estrangulación. No tenemos cómo luchar en contra de un modelo tan saturado, con un empresariado que no se cansa de estrujar a las trabajadoras y trabajadores. Para mi es angustiante el momento político actual, ver que todo va hacia allá y que la multitud no puede parar esto. Y además hay tan poco tiempo para conversarlo, porque hay que sobrevivir”, se lamenta. 

¿Cómo fue el paso por la UAHC? Esta universidad tiene esa imagen de espacio crítico, abierto…

Es el discurso. El ejercicio de estar al interior de la academia te da un montón de recursos para armar un discurso maravilloso, pero las prácticas son las mismas. O sea, acá en mi carrera la mayoría de los académicos son hombres, en una carrera que comenzó por una mujer las académicas de Trabajo Social son secundarias. Hay un discurso maravilloso con prácticas conservadoras. Una vez tuvimos un momento de coqueteo con un compañero, revolucionario, que defendía la causa educacional. Él me dijo: Claudia, entre nosotros no puede haber nada porque tú no eres mujer y no puedes tener hijos. Para este revolucionario, endeudado, pobre como yo, ser mujer significa tener sus hijos. No hay ninguna otra posibilidad de amor con un otro. La sexualidad para ellos no es revolucionaria, en estos discursos progres que lo quieren transformar todo la sexualidad sigue siendo reproductiva y biologicista. ¡Son profundamente heterosexuales!

Dentro de ese conservadurismo has identificado un odio, en tus textos has hablado de las travestis como “cuerpos para odiar”

Eso fue una reflexión a partir de los crímenes de odio en Latinoamérica. Yo estaba muy vinculada con organizaciones transgéneras latinoamericanas y siempre había casos de chicas trans asesinadas: por clientes, por neonazis, por policías, por hombres, siempre por hombres. Y en un momento se volvió tan frecuente encontrarse con eso en google que empecé a preguntarle a compañeras de Chile qué entendían por crímenes de odio. No tenían ni idea. No sabían que las compañeras que mataban en Santiago y regiones era por crímenes de odio. Vuelve a repetirse el tema de que no tenemos formación ni educación y somos analfabetas para hacer esos cruces, para entender que a mi amiga que mataron no la mataron por fea, la mataron porque hay una necesidad de exterminarnos porque vamos en contra del modelo neoliberal, religioso, moral de la estructura. Estando aquí en la universidad me di cuenta hasta qué grado todo es heterosexual. La lucha estudiantil es heterosexual. Quienes defendían la causa aquí en la UAHC, siendo tan pobres como yo, se sorprendían de que yo fuera con un letrerito que dijera Educación de calidad y sin discriminación. Ni siquiera imaginaban que la sexualidad y su diversidad debería estar incluida en la transformación de la educación. ¿Cuántas veces los estudiantes de las universidades, frente a un profesor homosexual, arman cahuines? Eso es un tema de farándula, banal, no lo piensan como un punto crítico. Y tienes profesores que ocultan ser homosexuales o lesbianas para no quedar en jaque, viven una doble vida. ¿Cómo no se va a replicar a los alumnos?

Tu estuviste en el Movimiento de Liberación Homosexual histórico, en el ‘91. Mirada desde hoy, ¿cómo fue esa experiencia y su quiebre?

Estuve hasta el ‘95. Hubo una crisis y nos separamos porque para ciertos dirigentes, entre ellos Rolando Jiménez, no era responsabilidad de la organización homosexual hacerse cargo del SIDA y yo trabajaba en un área donde me capacité en prevención del VIH SIDA entre pares. En la práctica la división sobre el rol frente al SIDA hacía que la organización tuviera dos bandos y nos tuvimos que separar. Otro conflicto que había en el MOVILH es que la organización siempre tuvo la pretensión de instaurarse como una institución de hombres homosexuales a los que no se les notaba y por lo mismo tenían capacidad de negociar con el sistema cosas como trabajo, contrato, derechos y seguridad social. Y nosotras, tan marginales, afeminadas, le hacíamos mala propaganda a ese proyecto. Trabajar con las pobres, amaneradas, las infecciosas, daba mal currículum y había discriminación dentro de la organización.

¿Cuánto ha cambiado la percepción respecto al VIH SIDA?

Ha cambiado, pero no en forma favorable. El año 2010, cuando salió de presidente Piñera, el VIH SIDA desapareció de la palestra pública. Hablar de VIH SIDA desde ese momento parece que es como de de mal gusto. Como si fuera algo superado. Las personas que adquieren el virus hoy se la viven solas, invisibles, medicamentadas. Está el programa de atención que asegura acceso a la terapia para los pobres, pero eso ha hecho que por ejemplo las organizaciones de personas viviendo con VIH ya no se ven y la epidemia no ha terminado. Sigue habiendo personas que lo contraen y está subiendo en los adolescentes, a diferencia de hace una década atrás, donde veíamos muy pocos estudiantes. Pero en eso se ve que la infección permanece y ha tomado otra población pero no hay, como hubo antes, una visibilidad de la problemática. En el Ministerio de Salud la comisión nacional del SIDA se volvió una oficinita pequeña, de muy poco alcance, no hay estadísticas visibles de epidemiología. Se ha ido desvaneciendo y vuelven a aparecer nuevas poblaciones de riesgo.

El horror de la palabra travesti

Kamila Recabal / Ediciones del Intersticio

Kamila Recabal / Ediciones del Intersticio

“Si no supimos escribir cartas de amor, fue porque la educación no fue hecha para saber de todo el mundo”, dice el epígrafe de su crónica “Marcha por la educación shilena”. El derecho a la palabra y la escritura de las travestis es esencial para Claudia. Lo remarca cada vez que puede y es parte fundamental de lo que la llevó a escribir “Dramas Pobres”. Nació antes de 1973 y alcanzó a vivir los últimos días del sistema público de educación que hoy se añora en las marchas. “Me eduqué en la escuela y liceo público: en todo fue muy difícil ser yo misma, con lo loca y femenina que soy. Fui castigada, intentaron ajustarme y siempre tenía que negarme y vivir en soledad. No me di cuenta de esas circunstancias, de haber nacido en ese momento de este país hasta que empecé a leer de feminismo. Me permitió leer y escribir, hacer el nexo entre los derechos humanos y mi vida cotidiana. Mis compañeras me reclaman “oye, por qué decí que somos analfabetas, si yo escribo, tengo hasta facebook”, pero una cosa es juntar las letras y otra es hacer una reflexión que te permita sentir que tienes derecho a existir y vincularte con la sociedad. Que no somos un problema de salud, somos un problema político y social: lo anormal tiene derecho a existir. El sistema debiera reconocer que necesita de nosotras”, advierte. La advertencia está vigente. El sábado se realizó una nueva marcha del Orgullo Gay y, como desde hace unos años, circulan llamados a realizar “La otra marcha”, en rechazo al liderazgo del MOVILH. También hay virales de redes sociales que llaman a asistir vestidos “normales” para no escandalizar a los transeúntes. “No hagas que la comunidad gay quede en ridículo frente a la sociedad, no es un carnaval”, dice el post, en abierto rechazo al colorido y el escándalo trans.

¿Cómo el sistema necesita de las travestis?

Necesita que los obreros explotados tengan un momento de relajo, que muchas veces lo tienen con las travestis que están en las esquinas esperando a ese cliente.Toda la violencia del sistema laboral los clientes la devuelven en nosotras, porque las prácticas sexuales de prostitución en Chile están llenas de violencia. Esa calma que logra el trabajador no está dicha, está invisibilizada, banalizada. Es muy parecido al trabajo no remunerado en la casa, que tampoco está dicho. En el trabajo que yo hacía como activista me tocó hacer mucha prevención en calle y entregarle preservativos a mis compañeras que hacían trabajo sexual en Santiago y sus alrededores. En ese encuentro con las compañeras que me fueron enseñando qué es ser travesti fue que escuché las historias que inspiraron mi escritura.

¿Qué tipo de historias inspiran un nombre como “Dramas Pobres”?

Yo he vivido desde el año 1991 en el ambiente travesti. Y la gracia que tiene es que se ve mucha televisión, telenovelas venezolanas, mexicanas, ironizando mucho desde los discursos de las mujeres sufrientes de las telenovelas, donde esperan al único salvador que es el hombre. Entonces los chistes, los comentarios, de las compañeras son que sus dramas tienen una característica, son iguales a las telenovelas pero pobres. Y  los problemas que tienen en realidad son duros: adquirir el virus del VIH, no querer ir al consultorio, tener alguna infección de transmisión sexual, que el cliente te pegue, que te robe la policía. Para enfrentarlo se ironiza desde el humor especial que tienen las compañeras travestis, que en vez de achacarse por eso, sobreviven hablando de sus dramas paaabres.

¿Desde dónde surge la urgencia por escribir?

Me tocó estar en un taller con la Margarita Pisano, y la Margarita decía, por ejemplo, que la mujer no existe en la historia. Bueno, si la mujer no existe en la historia es porque no escribía o era escondida. Quienes han escrito la historia, el mundo y sus conquistas son siempre los hombres: hombres escribiendo sobre hombres, los maestros, los inventores. Entonces si ellas no existen en la historia ¿cómo ocurrimos las travestis en la historia? Los historiadores nunca escriben sobre nosotras. Somos nosotras mismas quienes debemos escribirnos, hay tanto por contar. ¿Y por qué no escribimos? Una de las tantas violencias de la estructura, una de las principales, es que somos excluidas del sistema educacional. Nos construimos analfabetas, sin posibilidad de registrar nuestra historia, cómo nos construimos, quiénes nos ayudaron, cuáles fueron nuestras primeras conocidas, qué características tenían, cuando fueron valientes. Había mucho que contar y me puse a problematizar: el sistema hace que nosotras sintamos que no es necesario leer ni escribir, como también ha señalado el feminismo que le ocurre a las mujeres. Esas barreras también las tenemos que derribar las travestis. Y, a partir de que somos analfabetas, también tenemos que empezar a incluirnos en las luchas por la educación, que deben aprender a ser menos discriminadoras de las pobres, de las raras, las problemáticas, las más violentadas y las más feas.

¿Cómo trabajan con el feminismo? Hay un tipo de feminismo más “mujeril” que también excluye a las travestis, transexuales…

Llevo un tiempo estudiando sobre feminismo y lo que hoy me queda claro es que hay una diferencia entre nacer mujer y construirte mujer. Y esa diferencia hasta el momento ha sido pasada por alto, incluso, por las mismas compañeras trans, travestis, transgéneras. Al comprender el feminismo se entiende que también es posible reivindicar los cuerpos que nos feminizamos, que nos construimos mujeres. Ahí hay una historia y un campo por explotar, que puede seguir caminando al lado del feminismo radical, sin invadirlas, sin atropellarlas. Porque eso es un problema que tenemos en las organizaciones homosexuales: los hombres gays hablan por las travestis. Nos dejan a nosotras al lado, ocupándonos pa la foto para tener impacto y postular a proyectos que administran ellos, porque nosotras somos feas y analfabetas y no tenemos un discurso elaborado de nuestra propia construcción. Cuando hablan por nosotras nos invaden, pero cuando hablamos del feminismo sin reflexionar mucho cuál es nuestro campo, también invadimos. Hay una diferencia, pero lo que yo absorbo es que tengo un campo propio: frente a la misma violencia podemos reaccionar distinto, entre una mujer y un cuerpo femenino como el mío. Si un hueón, por ser travesti y estar en la calle, nos viene a golpear, tenemos nuestro taco para enterrárselo en la cabeza. Una situación que, en la construcción cultural de la mujer, no ocurre. Es la imagen y la feminización de los cuerpos lo que nos une, pero hay algo que tenemos que decir sobre nuestro enfrentamiento con el mundo.

¿Cómo la lectura y la escritura se transforman en una estrategia travesti?

Son condiciones para visibilizar nuestra existencia. Hasta el momento hemos sido tratadas de manera banal: además de calientes somos tontas, incapaces de ser otras cosas: estudiar, formarnos, ocupar otro espacio que no sea la calle, como las artes, la investigación, la tecnología. Se nos ha excluido de todo eso por el discurso heteronormativo y el sistema neoliberal. Porque el sistema debe producir existencias que lo reproduzcan y nosotras no reproducimos nada, nuestras prácticas ponen en jaque la reproducción. Esa es una elaboración de conocimiento que podría ser importante para las ciencias sociales: hay un grupo específico de personas que tiene prácticas no reproductivas. Pero eso viene de las reflexiones no escritas de la comunidad que está poniendo el cuerpo en la calle. Por esa misma razón es tan importante que reflexionemos sobre la violencia que nos ha impedido por generaciones decir que existimos y tenemos derecho a existir. Porque aunque no lo quieran reconocer, igual aportamos a la vida. A la economía, al relajo de los obreros explotados. Eso nadie lo dice.

¿Cuánto eso es tabú para la izquierda? ¿El relajo y el goce?

Todo eso es tabú, sobre todo en la izquierda con su discurso conservador. Tienen prácticas profundamente heteronormativas donde la humanidad está dada por reproducir el sistema, en la familia, en lo doméstico. La mujer del revolucionario tiene que ser una buena compañera, tenerle el calzoncillo lavado y los hijos cuidados para que él salga a marchar, elaborar el discurso, defender las causas de la clase, dejándola fuera, obviando que ella trabaja sin remuneración y excluyéndonos a nosotras. Somos explotadas sexualmente y excluidas de las luchas de la clase.

¿Cómo cambiarían las luchas de la clase si las travestis tomaran su lugar en ellas?

En primer lugar, la explotación sexual. Yo me resisto a que eso sea un trabajo, que nuestros cuerpos y vidas tengan ese único destino, que solamente podamos ser cuerpos para ser odiados y usados. ¿Por qué no podemos estar en la academia, la medicina, el teatro? Es necesario que las travestis tengamos otras formas de ganarnos la vida que no sean sólo la explotación sexual.

En la explotación sexual de las travestis hay un odio. Los hombres que buscan travestis en la calle buscan muñecas para odiar. Nos convertimos en eso: muñecas para odiar por los hombres que odian a las mujeres. Esa es una de las potencias políticas de construir un discurso travesti: decir que aquí, en toda esta estructura, hay hombres que toman decisiones y ellos odian a las mujeres que se acercan a sus espacios de poder, odian que ocupen los medios. Nos encontramos cotidianamente con esas prácticas. Ocurre que en la U. de Chile muchas denunciaron a un profesor que acosaba sexualmente. Hay que nombrar esas cosas por lo que son: odio, que no los ven como un igual, sino como una cosa.

Hoy hay colectivos como el Lemebel, las Putas Babilónicas, que son parte del movimiento estudiantil, y han sido llamativos este año, en el movimiento estudiantil que ya lleva tanto tiempo en la misma rutina.

Tienen que aparecer, tienen que ocurrir, por eso una ha luchado marchando, reflexionando. Es maravilloso que existan estos grupos pero deben generar conocimiento nuevo y decir cosas de las que, por ejemplo, alguien como yo se pueda sorprender. Porque una cosa es vestirse para una representación, una performance y otra cosa es vivir cotidianamente. Siempre hay discusiones sobre quién es más feminista, quién se viste todo el tiempo de mujer. ¡Ojo! Yo que llevo ocho litros de silicona en mi cuerpo, tengo que negociar de otra forma con el sistema, para no morir, para comer, para no suicidarme. Es re cómodo sacarse todo y encontrar trabajo omitiendo toda tu vida como travesti. Montón de compañeras obvian en sus trabajos que son lo que son para mantener su estatus de vida y eso es clave. Yo marcho todos los días por la vida, solita. Marcho porque la gente se da cuenta que soy travesti, no tengo un momento de descanso. Marcho cada día por el derecho a comer, a vivir, a pensar, sobre todo a pensar. Cada vez que escribo algo pienso que soy una travesti privilegiada que ha tenido el tiempo de sentarse a reflexionar y transformarlo en un fanzine para vender, pagar la locomoción y tener algo que comer.

Y, en esa marcha, ¿qué sería “Dramas Pobres” y desde qué estética se plantea?

Es una apuesta de Ediciones del Intersticio por valorar una escritura maltrecha, marginal. Mi escritura solidariza con la mala redacción, la falta de ortografía, porque proviene de existencias excluidas de oportunidades que otros sí han tenido. Habla de un momento en este país en donde las travestis ni siquiera pensaban en escribir. Rescato las historias de mis compañeras que me enseñaron que ser travesti no es ser bonita, es ser valiente. Una travesti se enfrenta con la policía para que no le roben los pocos pesos que ha acumulado chupando pico.

Y por eso yo diría que mi estética es horrorista, porque para el sistema es horroroso que una travesti pobre y fea como yo, escriba y diga las cosas que digo. Para algunos es horroroso que una resentida como yo le cuente lo cómodos que están. Esa es una práctica horrorosa: horrorizar es algo muy travesti. El año ‘91 o ‘92, cuando visitaba las esquinas y me encontraba con personas de 50 o 60 años vestidas de mujer, a las que se les notaba la barba a pesar de los kilos de maquillaje, que se le notaban los rasgos indígenas aunque tuvieran el pelo rubio, veíamos pasar homosexuales que partían para el Fausto y ellas los confrontaban. “Estos hueones que pueden ir a bailar a una discoteque, tienen trabajo, quieren pasar piola, se hacen las locas por una noche y nosotras acá, enfrentando a los pacos”, les decían a la pasada. Eso para mis compañeros del MOVILH era muy violento, que las locas fueran tan resentidas, porque ellos se estaban organizando y ellas deberían darles las gracias porque algo les chorrearía algún día. 

¿Cómo les horroriza la palabra travesti a ellos?

Estas razones se vuelven horrorosas cuando todo lo que han dicho para asfixiarte lo enuncias de vuelta. Cuando se lo dices a los que compran a Isabel Allende o Pablo Simonetti, no entendieron nunca a la Hija de Perra y encuentran a cualquier tipo de feminismo como radical. Porque hay verdades insoportables que los horrorizan y están veladas. Por ejemplo, en mi primer fanzine original digo: esta poesía está dedicada a mis amigas travestis que murieron de SIDA sin haber escrito nunca una carta de amor. Es terrible. Pero al decirlo ya no se puede volver a ocultar, eso se libera y reconoce. Y esa palabra travesti, horrorosa, habla de la injusticia, de que en nuestro sistema hay vidas banales, que nacen y mueren sin ser parte de ninguna historia. 

***

“Dramas Pobres” (Narrativa- Poesía, 95 páginas, Ediciones del Intersticio) se lanzará este jueves 30 de junio a las 19:00 hrs. en el Salón de honor de la Casa Central de la Universidad de Chile ubicada en Av. Libertador Bernardo O’Higgins 1058, Santiago. Comentarán María Emilia Tijoux y Diamela Eltit.

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