Con el entusiasmo de las grandes multigremiales empresariales, la presidenta Bachelet lanzó en enero un conjunto de medidas destinadas a “mejorar la diversificación, la innovación y la competitividad” de la economía, las que denominó como “El Año de la Competitividad”. A seis meses de anunciadas y con algunas iniciativas ya en marcha tales  como el Fondo de Infraestructura y nuevas líneas de crédito CORFO, la Fundación SOL cuestionó las definiciones de las autoridades al respecto.

En el marco del coloquio “¿Quién gana con el año de la productividad?“, realizado junto a la Fundación Sociedad y Trabajo, el economista Gonzalo Durán conversó con El Desconcierto respecto a los conceptos que inspiran esta política. “Aquí hay una disputa en términos ideológicos de lo que entendemos por productividad”, señala. Mientras que el gobierno y la recientemente creada Comisión Nacional de Productividad la miden en base a la Productividad Total de Factores (la diferencia entre la tasa de crecimiento de la producción y la tasa ponderada de incremento de los factores, es decir, cuánto contribuye lo que no es aportado por el capital, el trabajo ni la tecnología), la Fundación SOL busca instalar la idea de la productividad laboral, criticando que la agenda actual impulsada “no apunta al problema de fondo”.

De acuerdo a las cifras de los informes de la OCDE, Chile es uno de los países con menor productividad laboral, es decir, la producción promedio realizada por los trabajadores. “La productividad laboral de los trabajadores ha ido constantemente en alza en los últimos 24 años y eso no se ve en los niveles de salario que hay en Chile, donde el 50% de los trabajadores gana menos de $305.000 pesos líquidos”, señala Gonzalo Durán. En su visión, este debate no se abre porque es una “caja de pandora, visibilizaría los conflictos de intereses que hay entre lo que buscan los empresarios y lo que buscan los trabajadores. No es sólo desigualdad de ingreso, sino que de poder“, explica.

Respecto a las cifras de empleo que comunicó el INE para el trimestre pasado (marzo a mayo), donde se registró un alza del desempleo, llegando al 6,8%, desde la Fundación SOL señalaron que “es muy relevante ver luego de una segunda mirada de las cifras. Todo indica que hay casi un millón de trabajadores asalariados que no tienen contrato escrito. Lo mismo sucede con los sub empleados, que son personas que trabajan pocas horas a la semana y son casi 600 mil. Cuando se consideran todos estos fenómenos, el panorama del trabajo hoy es mucho más complejo del que pretenden mostrar las autoridades de turno”.