¿Qué entendemos por “medio ambiente”? Parece sencillo responder, casi obvio para muchas personas. Sin embargo, probablemente todos entendemos y valoramos el medio ambiente de maneras distintas, lo cual genera discrepancias sobre todo cuando discutimos qué entendemos por medio ambiente en una nueva Constitución. Esto no es trivial, ya que entender el medio ambiente de una manera determinada es lo que marcará la pauta a futuro para su manejo y protección.

Tuve la oportunidad de participar de un Encuentro Local Autoconvocado (ELA) junto a profesionales, científicos y estudiantes universitarios. Y al llegar a la discusión sobre “medio ambiente” para la nueva constitución de Chile comenzó un fuerte debate de ideas, ideologías y conceptos. Comenzaron hablar sobre “naturaleza”, ejemplificando con todo aquel “ser vivo” que convive con el ser humano tales como las plantas, animales, insectos y bacterias. Luego incorporaron todos aquellos elementos que condicionan nuestra existencia, tales como el aire, el agua y el suelo. Otros agregaron cuestiones de nuestro “entorno natural” tales como las montañas, los océanos y la atmósfera. Surgieron también conceptos que para algunos pueden ser más complejos como “ecosistemas” y “biodiversidad”.

Todos de acuerdo hasta que algunos propusieron que solo debía considerarse como medio ambiente aquello que se encuentra en “condiciones naturales” como las áreas silvestres protegidas. De este modo el medio ambiente en sectores rurales no sería natural ya que se encuentra intervenido por el ser humano en algún grado. Algunos incluso sentenciaron que en realidad no existirían sectores no intervenidos por el hombre, por lo tanto no existiría una “naturaleza prístina”. Otros finalmente apelaron a que todo lo que nos rodea es nuestro medio ambiente, incluso cuando el hombre se encuentra en la ciudad. Es decir, no solo se remite a los sectores no intervenidos por el ser humano incluyendo así la naturaleza de los campos, parques y nuestros jardines pero también el aire que respiramos en las calles y en nuestras oficinas.

Hasta acá el debate se centraba solamente en pensar el medio ambiente como algo a proteger y conservar, algo que el hombre no debería tocar más o lo menos posible. Sobre todo teniendo como antecedente el grave deterioro del “medio ambiente” a causa del hombre en el planeta. Sin embargo, faltaba la voz de los menos “ambientalistas”. Estos argumentaron que en realidad la naturaleza estaba “al servicio” del hombre, y que el medio ambiente es fuente de “recursos naturales” y de “servicios ambientales”. El medio ambiente como soporte fundamental para el desarrollo de la sociedad y de los países, y que por ende es imposible pensar en su preservación total. Entonces surgió el debate sobre los modelos de desarrollo económico imperantes. Inevitablemente salió a la palestra el “capitalismo” como gran causante del descalabro ambiental de las últimas décadas, mientras que otros recordaron que el “comunismo” también ha generado graves impactos en el medio ambiente. La discusión se trasladó entonces al ámbito político, económico, y social.

Por un buen rato no hablamos más de “medio ambiente”, hasta que surgieron las voces que apelaron a considerar otras visiones sobre el concepto. Algunos recordaron lo que se concibe como medio ambiente en otras culturas como las indígenas de nuestro país, quienes poseen otras “cosmovisiones” o visiones sobre el mundo, atribuyendo diferente valor y entendimiento a la naturaleza. Algunas culturas sencillamente se “sienten parte” de ella y no tiene sentido entenderla como algo que nos rodea o algo que podemos utilizar sin límites. Cada elemento de la naturaleza forma parte de sus vidas, sus creencias y de su cultura.

Los más filósofos presentes terminaron por cuestionar todos los debates anteriores al mencionar que en realidad la naturaleza o el medio ambiente “no existen” por si mismos. Esto ya que son conceptos creados por el ser humano en todas las culturas. Lo que entendemos por medio ambiente en la sociedad chilena actual dependería por lo tanto de la educación que nos hayan brindado, pero por sobre todo de la “epistemología” (o raíz de los conceptos) en la que se hayan basado nuestros profesores como otros miembros de la sociedad (padres, medios de comunicación, etc.) que influyen en nuestra educación formal e informal. Este argumento es relevante ya que lo que queramos hacer con nuestro medio ambiente dependerá mucho de los valores y conceptos que nos transmitieron quienes nos formaron como personas.

Toda esta discusión solo deja claro que existen diferencias de opinión abismantes cuando hablamos de medio ambiente. Tomando como ejemplo el ELA en el que estuve presente, donde se reunió un grupo de personas que se podría considerar “más técnico”, se esperaría quizás obtener un mayor consenso. La pregunta es entonces, qué sucederá en otros encuentros, donde las personas poseen otros intereses más ligados por ejemplo a lo económico, a lo social, a lo político, a lo cultural o a las artes. Si todos tenemos una cosmovisión y entendemos el medio ambiente de manera diferente, ¿cómo queremos entenderlo, considerarlo y, a raíz de ello, manejarlo, gestionarlo, en una nueva Constitución? Estas preguntas son claves, ya que por ejemplo si prima una visión antropocéntrica basada en el concepto de recursos naturales y servicios ambientales renovables, sometidos a un régimen extremo de propiedad privada (tal como lo está actualmente en la constitución del ’80), estaremos perpetuando un modelo de carácter extractivista y con ello el surgimiento creciente de conflictos socioambientales a lo largo del país; un modelo neoliberal y capitalista que en el resto de mundo comienza a reformularse. Por el contrario, si prima una visión biocéntrica extrema (propia de aquellos grupos que buscan preservar una naturaleza prácticamente intocable) podría significar incluso un freno drástico al desarrollo económico y con ello desencadenar una fuerte lucha de poderes sociales, económicos y políticos, nuevos desequilibrios socioeconómicos y quizás mayor degradación de los diversos ecosistemas y culturas de nuestro país.

El llamado es entonces a ser conscientes del trascendental impacto que implica hablar de “medio ambiente” en el marco de este proceso constituyente. La recomendación es no quedarse simplemente en el paradigma de medio ambiente como aquello “natural”, lo “vivo” o lo “verde” y atreverse a cuestionar desde lo básico hasta su repercusión en el modelo de desarrollo y de sociedad que queremos (re)construir. Porque hablar de medio ambiente no es solo hablar de la naturaleza que “nos rodea”, es hablar de nuestra base para el desarrollo, y por sobre todo, es hablar de nosotros mismos.


Miembro del Colegio de Ingenieros en Recursos Naturales