“La elite actual, el pacto que la configuró, ha muerto. Sus restos se pudren mientras se transmiten por televisión. Sorprendidos en su propio horror, los miembros de la elite testifican en su favor pidiendo clemencia (…)”, dice el sociólogo Alberto Mayol en su nuevo libro “Autopsia, ¿de qué se murió la elite chilena?” (Editorial Catalonia) que, en sus palabras, busca describir el deceso de un pacto elitario que aún no se ha enterado de su muerte.

El sociólogo asegura que este libro es en gran medida una continuación de su célebre obra “El derrumbe del modelo”, con el que, tras haber hecho una polémica intervención en Enade 2011 que fue calificada como “bomba nuclear” por amigos de su padre, Manfredo Mayol, irrumpió en el debate nacional en 2012. Mayol, que en algún momento llegó a asegurar que si su tesis estaba equivocada se retiraba de la sociología, habló con El Desconcierto sobre los puntos que abordó en ese entonces y que ahora retoma en “Autopsia”.


En primer lugar, una pregunta que ya más de alguno te ha hecho: ¿Qué pasó con el derrumbe del modelo?
-Yo siempre trato de ser muy honesto intelectualmente. Cuando me parecía que la hipótesis del derrumbe pasaba por su peor momento, escribí una columna donde examinaba todas las razones que tenían fundamento para decir que mi tesis estaba equivocada. La mayor parte de la gente que leyó la columna, o que no la leyó, suponían que había sido una retractación, cuando fue simplemente un ejercicio de honestidad intelectual. Hoy día me parece ridículo plantear el problema. Tengo claro que ningún miembro de la elite política quisiera cambiar el modelo y , sin embargo, lo están cambiando ellos mismos.

¿En qué aspectos?
-Están haciendo reformas al sistema educativo, parte importantísima del modelo. Les toca una reforma que han tratado de patear todo lo posible que es al sistema de pensiones. El tema de la rotulación de alimentos, que es una cosa muy sencilla, resulta que es una gran crisis para el empresariado nacional. Hay una reforma tributaria que, aun cuando no modifica las condiciones de desigualdad, aumenta la carga tibutaria. Empezamos a ver retrocesos bastante evidentes. Entonces yo me pregunto al revés, no logro entender cómo alguien todavía puede preguntar si la hipótesis tiene algún nivel de verosimilitud.

Quizás es algo distinto a lo que imaginaban los que argumentan contra la tesis.
-Es que depende de lo que entendamos por modelo. Quizás quienes no leyeron el libro pensaron que estaba hablando del “fin del capitalismo”, y evidentemente no era así. Si nos referimos a una economía de mercado ya estamos en una discusión más interesante. Tengo la impresión de que en cualquier caso el proceso de neoliberalización está en retroceso. Hoy estamos más cerca de lógicas de bienestar que hace cinco años. Por lo tanto la dirección del fenómeno va en ese camino. Si alguien pensaba que yo publicaba el libro y al día siguiente Piñera hacía una ley para anular el neoliberalismo me parece obvio que no era lo que yo quería señalar.

Los cambios han visto frenos importantes en instancias como el Tribunal Constitucional.
-Es que si yo esperaba que se aceptaran procesos de reforma, no le habría puesto “derrumbe”, sino “las reformas del modelo”. Le puse derrumbe porque estaba convencido de que esto se les iba a caer. Yo creo que nadie, ninguno de los actores que habitan el Congreso- salvo muchachos de la bancada más joven- quiere un cambio al modelo. No creo que Quintana quiera una retroexcavadora, no creo nada de eso. No están disponibles para un cambio radical, por lo que tratarán de sostenerlo. Cada vez que yo veo a alguien tratando de afirmar esta cuestión yo veo que hay una necesidad de afirmarlo. Veo que el derrumbe es inminente y que si no fuese por ellos ya se habría caído.

Autopsia a una elite que no se ha enterado que ha muerto

Twitter @mcplumer

Twitter @mcplumer

En tu nuevo libro Autopsia, ¿cuál es el trasfondo de la tesis que postulas, de qué se rompió el pacto de las elites?
-Si lo queremos ver en un dibujo simple, en el pacto del año 2006, con los pingüinos, aparte de los políticos que levantan las manos en La Moneda, estaba la Iglesia, los empresarios, los medios de comunicación -a tal punto que una de las cadenas nacionales que hizo Michelle Bachelet fue con Alejandro Guillier, director de prensa de un canal de televisión, a su lado-. La pregunta es, ¿qué capacidad tienen hoy esos mismos actores de ir y poner un pacto en conjunto?. Además de eso, ¿qué capacidad tendrían si luego quieren comunicar ese pacto al resto de la sociedad? Ninguna.

¿En qué escenario están esos actores?
-Tenemos gremios empresariales que se pelean con los Matte, conflictos de Luksic con actores políticos y económicos, medios de comunicación que antes mantenían el orden y hoy están empeñados en estos momentos en producir mayores niveles de inestabilidad, actores que se van de los partidos. A mí me parece bastante evidente que el pacto se rompió. Por ejemplo, si tú vas a cualquier país de América Latina, te das cuenta de que los agricultores y los banqueros no están de acuerdo nunca. Aquí estaban de acuerdo, lo que es una capacidad política enorme. Hoy esa fractura ya empezó. Y la ciudadanía mira a la elite con la perspectiva del abuso.

¿Cómo se traduce esa rabia en algo concreto?
-No se expresa, ese es el punto más complicado. Nosotros tenemos una crisis de la elite en todas sus formas. Pero lo que yo reviso en historia de Chile y en todas partes es que no puedes ganar esta batalla pensando que vas a sencillamente aplicar una impugnación de nivel medio. Tienes que ir con todo, para eso requieres que los disidentes estén articulados. Nunca ha habido un líder que le gane a una elite solo. Yo en Chile veo que los líderes no están con la capacidad de articulación que debieran.

¿Qué otros casos ves afuera?
-Hoy está el resultado de Pablo Iglesias y Podemos en España, que en dos años de trabajo político ha hecho un cambio estructural. No era esperable que hubiera un techo tan cercano a la última votación que ya había sacado Podemos, que es el 22%. Eso es muy poderoso. No verlo así es como entrar en un escenario de “ganó o perdió”, sería absurdo, como si fuera fútbol. Esto es política y requiere tiempo. En dos años están sumando una votación bastante más importante que en Chile.

¿Qué impugnadores de izquierda ves en Chile?
-Evidentemente (Gabriel) Boric es un impugnador fuerte. Cristián Cuevas tiene una trayectoria importante. Giorgio y Camila, aunque veo que en su caso la impugnación es bastante más en la medida de lo posible. En el caso de Gabriel, lo que él tiene que hacer ahora es avanzar ahora en un proceso de articulación. La gente apoya a quienes tienen capacidad de gobierno, y a él lo pueden considerar el mejor y no votarlo por eso.

En ese sentido, ¿cómo viste el quiebre de la Izquierda Autónoma?
-Si uno lo mira en términos sincrónicos al quiebre, uno podría decir que, si él necesita un soporte, es un error. Pero si uno mira históricamente el proceso, lo que vemos es que Boric logró un triunfo importantísimo en las anteriores elecciones a diputado y, en dos años, la Izquierda Autónoma no había logrado configurar un escenario en el que hubiese otro candidato con capacidades reales de ser diputado en Chile. Si él siente que para poder proyectar una política con mayor relevancia había que hacer el quiebre, pareciera haber fundamentos para que eso tenga sentido.

Otra figura de impugnación en su momento fue Marco Enríquez Ominami, ¿Cómo ves esa figura el día de hoy, con su vinculación al caso SQM?
-Yo creo que hay un síndrome muy permanente en la izquierda que es la convicción de que para todo este proceso de impugnación se necesitan grupos de la ex Concertación. Soy un convencido de que no es así. Hay un momento en que Marco Enríquez tenía a la izquierda de la Nueva Mayoría a sus pies, pero bastaba con que alguien del conglomerado lo llamara y le dijera “Oye están las condiciones para que mañana tú seas candidato de nosotros acá” y él perdía por completo la visión de otras cosas. Algo que le pasa hoy a RD, que rompe con la Nueva Mayoría, pero en la tarde están avisando que no les van a competir. No entienden la dinámica del poder, porque cuando tú haces eso, te conviertes en una araña de rincón, eres chico, débil, pero peligroso. La obligación de ellos es hacerte pedazos.

En una entrevista señalaste que Michelle Bachelet era la última oportunidad de la elite, ¿qué rol jugaría un próximo gobierno de Sebastián Piñera o Ricardo Lagos?
-Lo que pasa es que una elite puede estar en decadencia o muerta, y sin embargo seguir gobernando. Si los disidentes no tienen la capacidad para impugnar, la gente va a ir por los mismos de siempre, no con ganas ni placer. No se le puede pedir a los decadentes que no afirmen su cantería, la pregunta se le debe hacer a los grupos de impugnación, a los que dicen “no quiero más Lagos, más Piñera”, pero que aparte de decir eso, ¿qué van a poner sobre la mesa? Si la gente tiene que ir a votar por alguien. En ese proceso está la falla.

Cuando se presente una de estas alternativas, ¿votarás por primera vez?
-Sí, obvio. En el pasado lo único que me hizo pensar un poco fue el tema de marcar Asamblea Constituyente, aunque no porque estuviera de acuerdo con los Marca AC. Pero estamos muy lejos todavía de entregar una alternativa mínimamente razonable en término de un proyecto articulado.

Las Críticas

24 - fracaso mayol

En los últimos años, Mayol también ha tenido que enfrentar una serie de críticas a su trabajo. Primero fue el cientista político y sociólogo Patricio Navia criticando su libro “No al Lucro”. Luego el ex gerente de Investigación Económica del Banco Central de Chile y profesor de la Universidad Católica, Klaus Schmidt Hebbel, hizo un duro análisis del libro “Economía política de un fracaso” durante su lanzamiento, trabajo al que acusó de padecer de una “falta de respeto al método científico”.

Una crítica contundente que, según Mayol, perdió fuerza cuando el economista se habló de términos como la felicidad, más del dominio de las ciencias sociales. “Schmidt Hebbel hizo exactamente lo que yo creía que iba a hacer, que era que, al mismo tiempo que criticara que yo me metiera en su territorio de la economía, se metiera en el mío en la sociología y ahí quedara invalidado”, asegura.

También te tocó enfrentar hace poco las críticas por un estudio que realizaste de Fondecyt.
-Yo considero que somos burócratas en la ciencia. Me llaman la atención estos impugnadores de la ciencia, que son adscritos a la izquierda, y que salen a defender al Fondecyt. Respecto a las críticas, sus argumentos y fundamentos, yo las atiendo. Aunque para mí Fondecyt no es la acreditación de si soy bueno investigando o no investigando, ni creo en nada de lo que estas personas creen. Lo que no están entendiendo es que hicimos un avance de investigación y lo que debe acontecer es que si alguien quiere hacer un informe en contra, nos pida la base de datos y se la entregamos, comparto todo lo que tenemos y no hay ningún problema.

¿Cómo te tomas estas críticas?
-Me llama la atención que haya habido tanto ataque personal. El argumento es que haya logrado notoriedad pública sin supuestamente los méritos que ellos consideran relevantes para eso. Yo solo puedo decir que no es un problema que yo pueda abordar. ¿qué tendría que hacer, rechazar las entrevistas? ¿Intento escribir papers ISI que los leen seis personas que los leen para citar y nada más y que operan como mafias oligárquicas en la ciencia? ¿O escribo libros que los leen hasta 15 mil personas? Lo que interpreto es que me salté la fila. Tuve la suerte de que apareció una oportunidad de hacer mucho más masivo ese discurso. Yo creo que fue un tema de azar.

¿En qué otros aspectos se ha manifestado este descontento contigo?
-Me criticaban porque no había terminado el doctorado, por ejemplo. Yo terminé esa tesis como hace tres años, pero soy malo malo con los trámites. He tenido problemas insólitos con eso. Y tuve mala suerte, uno de mis doctores de tesis casi murió, no pudo firmar unos papeles. Pero la tesis está ahí, incluso se las puedo enviar si me dan su correo. Para mí sería fantástico poder defenderla porque la tengo comprometida para publicarla en el Fondo de Cultura Económica, pero si la publico no puedo presentar la tesis. Entonces para mí es un tremendo problema. Ellos están muy preocupados de eso, pero qué le voy a hacer.