En el último tiempo, y ya cumpliendo 112 años de natalicio, el militante comunista, pre-candidato presidencial, senador, cónsul, embajador, Premio Nacional y Premio Nobel de Literatura Pablo Neruda, ha cosechado diversas polémicas, ganando detractores y detractoras que, más allá de la belleza artística de su trabajo, cuestionan su calidad humana que, aseguran, queda al debe en algunos decisivos episodios de su historia.

Plagio, violación y abandono paterno. En El Desconcierto recogimos tres momentos en que la sensibilidad de su obra, no logró saltar del papel a la conciencia.

1. “Un ser perfectamente ridículo”

El 18 de agosto de 1934 nació Malva Marina, la única hija de Pablo Neruda, con una severa hidrocefalia. El poeta, dejó de verla a los dos años, abandonándola incluso económicamente. La pequeña, fruto del amor con María Antonieta Hagenaar, fue criada por su madre en Holanda, hasta que por problemas económicos debió dejarla con una pareja de padres adoptivos que la cuidaron hasta su muerte, a los ocho años. Cercanos al Nobel recuerdan que nunca habló de Malva, salvo en una carta y en algunos poemas, como “Maternidad”, “Oda a un lamento” y “Enfermedades en mi casa”.

Asimismo, Neruda le escribió una misiva a su amiga Sara Tornú, hablándole de la pequeña: “Mi hija, o lo que yo denomino así, es un ser perfectamente ridículo, una especie punto y coma, una vampiresa de tres kilos (…). La chica, me decían los médicos, se muere, y aquella cosa pequeñita sufría horriblemente, de una hemorragia que le había salido en el cerebro al nacer”.

2. Plagio

Fue Vicente Huidobro quien en 1935 develó el plagio de su querido enemigo, Pablo Neruda en “Vital”, la revista que dirigía. El poeta del creacionismo echó al agua a Neruda, publicando en portada el “Poema 30” del libro “El Jardinero” del autor bengalí Rabindranath Tagore, junto al “Poema 16” de “20 Poemas de amor y una canción desesperada” del artista nacional. A modo de comparación, ambos textos son exquisitamente iguales.

Poema Nº 30 (del libro El Jardinero)
Rabindranath Tagore

Tú eres la nube crepuscular del cielo de mis fantasías.
Tu color y tu forma son los del anhelo de mi amor.
Eres mía, eres mía, y vives en mis sueños infinitos.
Tienes los pies sonrojados del resplandor ansioso de mi corazón,
¡segadora de mis cantos vespertinos!
Tus labios agridulces saben a mi vino de dolor.
Eres mía, eres mía, y vives en mis sueños solitarios.
Mi pasión sombría ha oscurecido tus ojos,
¡cazadora del fondo de mi mirada!
En la red de mi música te tengo presa, amor mío.
Eres mía, eres mía, y vives en mis sueños inmortales.

Poema 16 (del libro 20 Poemas de amor y una canción desesperada)
Pablo Neruda

En mi cielo al crepúsculo eres como una nube
y tu color y forma son como yo los quiero.
Eres mía, eres mía, mujer de labios dulces,
y viven en tu vida mis infinitos sueños.
La lámpara de mi alma te sonrosa los pies,
el agrio vino mío es mas dulce en tus labios
¡Oh, segadora de mi canción de atardecer,
cómo te sienten mía mis sueños solitarios!
Eres mía, eres mía, voy gritando en la brisa
de la tarde, y el viento arrastra mi voz viuda.
Cazadora del fondo de mis ojos, tu robo
estanca como el agua tu mirada nocturna.
En la red de mi música estas presa, amor mío,
y mis redes de música son anchas como el cielo.
Mi alma nace a la orilla de tus ojos de luto.
En tus ojos de luto comienza el país del sueño.

3. “La violación”

Fue a fines de septiembre del año pasado, cuando en El Desconcierto dimos a conocer la aparición de diversos artículos y columnas que planteaban que uno de los textos de “Confieso que he vivido” naturalizaba una violación sexual protagonizada por el poeta. El hecho, ocurrido en el verano de 1929 mientras el poeta era cónsul de Ceilán, da cuenta de cómo abusó sexualmente de una sirvienta de la raza tamil, la casta social más baja del país.

El párrafo más polémico y que despertó la alarma de quienes denunciaron el hecho fue el siguiente “Una mañana, decidido a todo, la tomé fuertemente de la muñeca y la miré cara a cara. No había idioma alguno en que pudiera hablarle. Se dejó conducir por mí sin una sonrisa y pronto estuvo desnuda sobre mi cama. Su delgadísima cintura, sus plenas caderas, las desbordantes copas de sus senos, la hacían igual a las milenarias esculturas del sur de la India. El encuentro fue el de un hombre con una estatua. Permaneció todo el tiempo con sus ojos abiertos, impasible. Hacía bien en despreciarme”.

Consultada por El Desconcierto, la periodista Carla Moreno Saldías, autora de la columna “Confieso que he violado”, asegura que este capítulo nerudiano se ha mantenido fuera del debate público porque no parece ser en realidad un asunto que pueda afectar su imagen.