El pasado domingo 24 de julio cientos de miles de chilenos nos hicimos escuchar en una sola voz por un nuevo sistema de pensiones.

Fue una movilización histórica que nos recordó al 2011, a las principales marchas del año en que le cambió la cara a este país, una nueva muestra de que hemos avanzado y corrido el cerco de lo posible. Los chilenos hoy día podemos reconocer que tenemos derechos como sociedad, que estos no se venden, y que para recuperarlos tenemos que luchar unidos, pues los cambios no vendrán del actual Parlamento lleno de corruptos.

¿Cuáles son las razones que explican tan multitudinaria jornada de movilización?

La primera, sin duda, es que la realidad a la que nos enfrentamos es brutal. De las pensiones que pagan las AFP, el 90% son inferiores a 156.000 pesos. Y las que paga el Estado, a través del subsidio de la Pensión Básica Solidaria, son de $93.543 pesos. El total de los jubilados que recibe esta pensión básica equivale al 75% del total de pensiones de vejez que paga el sistema privado. Es decir, la gran mayoría de los chilenos estamos condenados a la miseria después de toda una vida de trabajo.

La segunda, es que este futuro de pobreza para las mayorías contrasta abiertamente con las pensiones de una minoría que no fue obligada a cambiarse a este sistema y que mantiene el modelo de reparto que existía antes del establecimiento de las AFP. Nos referimos a las Fuerzas Armadas y de Orden, cuyas pensiones en promedio alcanzan los $866.330.

La tercera, la gota que rebalsó el vaso, es la salida a la luz del escándalo de la pensión de la ex funcionaria de Gendarmería y esposa del diputado PS Osvaldo Andrade, que alcanza los 5,2 millones de pesos mensuales. Esa suma, que constituye una burla para los cientos de miles de pensionados del país, es además pagada con el dinero todos los chilenos.

En síntesis, las pensiones de miseria, la fuerte desigualdad del sistema previsional y la profundización del descrédito de los partidos políticos tradicionales constituyeron el caldo de cultivo del estallido que vivimos el pasado domingo.

¿Por qué el sistema de pensiones es tan malo?

Las AFP son un sistema de ahorro forzoso y capitalización individual. Esto quiere decir que cada trabajador tiene una cuenta individual donde se suman las cotizaciones de toda su vida laboral, por lo que su pensión está condicionada por su “suerte” en el mercado.  Esos fondos, que mensualmente son ingresados a las AFP, se invierten en el mercado financiero, especialmente en los grandes conglomerados económicos que especulan con ellos en las bolsas internacionales.

De cada 3 pesos que los trabajadores ingresamos a las AFP, sólo 1 de ellos paga pensiones. El resto, financia  a las grandes familias (Luksic, Matte, Angelini, Paulmann, Saieh…) que se enriquecen día a día a costa del trabajo mal pagado de todos los chilenos.

Y por si esto fuera poco, en este sistema los empleadores aportan 0% a las cotizaciones, mientras el promedio del aporte empleador en los países de la OCDE es de 11,24%, y en los vecinos Brasil y Argentina es del 20% y el 12,7% respectivamente.

Eso explica que, siendo tan malo el sistema para entregar pensiones, se mantenga: porque beneficia al puñado de familias que son dueñas de las grandes empresas, ésas que se coluden y que financian las campañas de la derecha y de la Concertación, como ha quedado en evidencia en los últimos meses. Ellos pagan, ellos legislan.

La solución: sistema de reparto, solidario y aporte tripartito

La Seguridad Social, entendida como la protección contra las privaciones económicas y sociales que el Estado debe garantizar a sus ciudadanos, es uno de los derechos humanos fundamentales. Los principios sobre los que se basa la Seguridad Social, recogidos en los convenios de la OIT, son: solidaridad, universalidad, no discriminación y diálogo social.

Por ello, proponemos un sistema público universal, de reparto, de solidaridad intergeneracional y de financiamiento tripartito.

Público y de reparto para que todas nuestras cotizaciones se dirijan directamente a pagar pensiones. Que no se juegue con nuestras cotizaciones previsionales en la Bolsa, ni el propietario de una AFP se lleve una tajada de ellas, sino que se dediquen íntegramente al pago de jubilaciones. En este sistema las cotizaciones de los trabajadores activos se destinan a pagar las pensiones de los que se van jubilando.

Universal, para que no se discrimine entre ciudadanos de primera y segunda categoría, como lo hace la división de un sistema para las FFAA y de orden, y otro para el resto.

De reparto para que se garantice un 70% de los mejores sueldos de la vida laboral activa a todos, independiente de la “suerte” de cada uno en el mercado laboral.

De financiamiento tripartito porque no sólo el trabajador y el Estado aportan al pago de las jubilaciones (como hasta ahora), sino también los empleadores.

Estos sistemas son los que funcionan en la mayor parte de países europeos. Sólo 9 países en el mundo tienen un sistema como el chileno, exclusivamente privado, puesto que ha demostrado ser insostenible y productor de miseria en la vejez.

El sistema de reparto solidario y aporte tripartito es posible desde ahora. Y, tal como se ha demostrado con datos, es sostenible sin problemas por el envejecimiento de la población.

¿Qué hacemos para conseguir este nuevo sistema de pensiones?

Es un tremendo avance el nivel de participación en la marcha del 24 de julio, hay que seguir manteniendo esa masividad para que esta demanda se mantenga instalada a nivel social.

Pero eso no basta. Es importante tener claro que la propuesta alternativa y viable para contar con pensiones dignas es el sistema público, solidario, de reparto y tripartito. Por ello, frente a las múltiples propuestas de reforma que se vuelven a levantar por parte de los parlamentarios, ad portas de un nuevo escenario electoral, recordemos que la derogación del DL3500 (que origina las AFP y se instala en dictadura militar) es la condición para terminar efectivamente con este modelo injusto y abusador.

Lo que se requiere, por tanto, es que compartamos y masifiquemos la propuesta de sistema de pensiones alternativa, que nos preparemos para soportar la campaña de desprestigio y mentiras de los interesados en mantener las AFP y que actuemos juntos para expulsar del Parlamento a los corruptos.

Como Coordinadora Nacional No Más AFP, nos ponemos a disposición de este justo anhelo colectivo.

 


Coordinadora del equipo programático de pensiones de Beatriz Sánchez