Víctor Pey, exdirector del diario El Clarín y quien fuera amigo íntimo del Premio Nobel de Literatura, escribió hoy una carta a El Mercurio para aclarar lo que sucedió con el paso a la clandestinidad de Pablo Neruda y la forma en que se dio su salida de Chile.

La carta completa aquí:

“En días pasados fui a ver la película “Neruda” –cuyo estreno en Santiago está anunciado para las próximas semanas-, dirigida por el gran cineasta Pablo Larraín, sobre la persecución que el a la sazón Presidente de la República, Gabriel González Videla, descargó contra Pablo Neruda. Dado el papel protagónico que asumí en la protección del poeta, primero, y en la elaboración y ejecución del plan de fuga del mismo a la Argentina –tema central detalladamente desarrollado en el filme-, creo pertinente dejar constancia de algunas tergiversaciones, a mi juicio fundamentales, en las que habría caído el guionista del mismo. A saber:

El Partido Comunista intentó sacar a Neruda de Chile durante las horas en que el Senado debatía su desafuero, lo que –como bien se expone en la película- fracasó, debiendo regresar a Santiago el poeta ya desaforado como senador y los dos militantes comunistas que lo acompañaban, y, por lo tanto, pudiendo “legalmente” ser detenido. Tal situación no fue prevista por quienes así actuaban, siendo el propio Neruda el que solicitó a sus acompañantes que lo llevaran a la casa del joven ingeniero civil, militante comunista, José Saitúa Pedemonte, que vivía en la avenida Los Leones. Saitúa, que era amigo cercano mío, me informó al día siguiente de la situación en la que se encontraba, pidiéndome ayuda.

En vista de lo dicho, llevé a Neruda y a su mujer, Delia del Carril, a mi departamento ubicado en la avenida Vicuña Mackenna, donde ambos permanecieron durante varias semanas. Informé de ello a Galo González, en ese tiempo secretario general del PC, quien me agradeció la determinación, ofreciéndome lo que de él creyese oportuno solicitar. Nadie más supo ni participó del hecho. Cabe señalar que, a partir de ese momento, la seguridad personal del poeta quedó bajo mi responsabilidad, la que asumí, debo señalar, por un sentimiento de agradecimiento por haber sido incluido en la lista de pasajeros del Winnipeg por decisión personal de Neruda, pese a que nunca fui militante del PC.

– Tampoco es efectivo que, como se insinúa reiteradamente a lo largo del filme, el Presidente González Videla no hubiera querido detener a Neruda por el descrédito nacional e internacional que tal hecho podría haber producido. El gran despliegue policial ordenado desde la Presidencia a la Policía de Investigaciones, que fue a allanar las casas de los que consideraba que podían ser amigos, conocidos o simpatizantes del poeta, así lo indica. En lo personal, Neruda, en esos días, me hablaba del temor que sentía de ser detenido y ser vejado y maltratado.

El escape secreto de Neruda en Santiago hacia Valdivia lo organicé valiéndome del apoyo que me prestaron Jorge Bellet Bastías, administrador y jefe del aserradero de madera que don Pepe Rodríguez tenía en Hueinahue, el doctor Raúl Bulnes, médico de Carabineros, y un chofer experto en reparación de autos cuya colaboración solicité al PC.

Salimos hacia el sur en dos vehículos: en el del doctor Bulnes y en otro que me facilitó el PC, un Chevrolet pintado de color morado. Llegamos a la altura de Graneros, donde el gobierno había dispuesto un control de carabineros. La credencial del doctor Bulnes nos sirvió para pasar todos sin problema alguno, incluido Neruda, ya documentado como Antonio Ruiz Legarreta, ornitólogo. Algo más allá del control nos detuvimos para tomarnos todos un whisky, en celebración por el éxito de nuestra empresa. Me despedí de Neruda, regresando a Santiago con el doctor Bulnes y él siguió con Bellet y el chofer hacia el sur, llegando al día siguiente a casa de Bellet en Hueinahue, donde tuvieron que permanecer varios días, debido al mal tiempo. Durante esa permanencia llegaron súbitamente a la hacienda Víctor Bianchi, funcionario del Ministerio de Tierras y Colonización, y don Pepe Rodríguez. Nadie más estuvo allí, contrariamente a lo que se muestra en la película.

– Aparece en el filme, en Hueinahue, un policía sobre el que se extiende un relato de extraño simbolismo, personaje que, en realidad, no existió.

Nada se dice en el filme de la constancia que Neruda dejó grabada por su propia mano en la corteza de un árbol durante la travesía hacia San Martín de los Andes, que, como bien se sabe, rezaba así:

Qué bien aquí se respira/En el paraíso de Lipela/Donde no llega la mierda/De Gabriel González Videla.

– Las personas que atravesaron la cordillera, yendo a parar a San Martín de los Andes, fueron Neruda, Bellet, Bianchi y los tres arrieros. Nadie más.

– La película muestra escenas de desnudos generales en orgías que nada tienen que ver con la realidad vivida. Si bien la libertad en el arte es y debe ser infinita, no lo es cuando hay datos que permiten vincular los hechos con personajes de carne y hueso.

Quizás cabría concluir, tras la visión de la película, que cualquier concurso de la misma con lo que fue la realidad se debe a una mera coincidencia”.

Víctor Pey Casado