El concierto de Congreso el pasado viernes 29 de julio en el teatro Oriente fue muy especial por la significación que adquieren ciertas cosas con el transcurrir de los años y la conformación que van tomando las circunstancias de la vida. De partida conmemorar los 41 años del álbum “Terra Incógnita” puede ser un buen pretexto para repasar antiguo material y confrontarlo con la producción del presente, pero a la luz de lo realizado en el escenario esa noche, la vivencia va mucho más allá de lo musical.

Aquí voy a referirme siempre en primera persona ya que es la mejor manera de expresar lo que quiero decir. Al entrar al teatro- inteligentemente remozado- la mayoría del público es cincuentón o sesentón, y hay algunas damiselas treintonas que asisten como para descubrir recién la música del grupo. Es el público de la generación, qué duda cabe.

Y entonces entra la banda al escenario ¿y qué estoy viendo? Puros amigos… Tilo, Pancho, Jaime, Raúl, Hugo, Sebastián y Federico estos últimos a quienes conozco de modo más distante pero que igual se perciben cercanos por el compromiso que ponen al interpretar el repertorio del grupo. Todos ya canosos, semicalvos pero llenos de humor y energía, igual que yo. Luego, comienza el desfile de temas del elepé y las imágenes llegan solas: primavera de 1977, teatro Cariola, con la formación de entonces compartiendo escenario con el grupo Aquelarre y tocando los temas del disco de ese año y de “Terra…”, y mis 16 años sumergidos en unas canciones que eran verdaderos trozos de la vida de entonces. ¿Cuánta gente en el Oriente esa noche podía decir que había visto en vivo la interpretación dela suite “Para Ganarnos el Cielo” como yo lo viví esa noche del ’77?

Y después el mismo teatro en el otoño de 1982, con el disco “Vieja por la Cresta del Mundo” y de ahí entonces ya el torrente de música no se detiene, payaseos en los ensayos en el Café del Cerro, más chacoteo en el Cariola, en el Nataniel, y mis primeras reseñas sobre el grupo que aparecen en “La Época”, en “Trauko” y en “Cauce”.

Y tanto amigos que han llenado esos años de canciones y compromiso: Patrico y Fernando González, Joe, Ricardo Vivanco, Jaime Vivanco- siempre querido y presente- Holman, Aníbal, Pajarito Araya, Jorge Campos… y al escuchar temas como “Canción de la Verónica” o “Vuelta y Vuelta”- creo que la interpretación más lograda de la primera parte del concierto- me regocijo de haber estado siempre ahí, cuando las papas quemaron y cuando había que estar.

Al re-escuchar “Terra Incógnita” en vivo se comprende lo bellamente triste que es ese álbum y la melancolía que por entonces nos embargaba, pero no es un disco depresivo sino que meditabundo y a ratos, con incertidumbre acerca del futuro. Pues en 1975 nadie podía predecir el curso que tomarían las cosas y mucho menos el rol fundamental que muchos artistas y músicos desempeñarían en ese proceso. ¿Cómo no conmoverse cuando suena el tema “¿Tus Ojitos”, dedicado a “todos los niños de este país”, como dijera Pancho durante una actuación de Congreso en el show dominical “Dingolondango” de TVN el mismo 1977?

Escuchar “Canción del Reposo”, una de las canciones más sensuales y evocativas del grupo, o bien el festivo cierre con “¿Dónde Estarás?” y “El Torito” son una hermosa manera de saber que Congreso siempre mantuvo una propuesta creadora que identificaba a muchos de la generación a la que pertenecemos.

El vinilo es una copia fiel de la edición original. Tal vez sea pintoresco mencionar que ese disco fue uno de los primeros prensados de la Emi chilena que traía la carátula impresa en cartulina termolaminada brillante, toda una novedad por entonces. Y esta re-edición afortunadamente se hizo a partir de los masters analógicos originales y no de la remasterización digital que los cds del grupo trajeron a finales de los años 90. por eso suena maravillosamente y mejora aún más el esfuerzo que hizo el grupo con este trabajo.

De la segunda parte del show sólo puedo decir que algunos temas nuevos tienen una marcada impronta jazzística donde le protagonismo lo acapara Sebastián Almarza en el piano de cola (un detalle muy hermoso de verdad en vez de la recurrencia a los teclados digitales) y sus líneas de piano recuerdan la concisión armónica de las “Gynopediés” de Eric Satie. Llama la atención que Jaime Atenas no tenga mucho espacio para ejecutar sus solos en el nuevo repertorio, pero aún así, la banda suena interesante todavía y sigue teniendo mucho para dar.

¿Qué 41 años no es nada? ¡las huevas! Es la vida, toda una vida donde ha habido tragedia y felicidad, pero que posee como testimonio indesmentible la música de estos parlamentarios del alma chilena y latinoamericana que, para alegría de todos, siguen sesionando y llenando de color el espacio de este lugar y de nuestras vidas.


Académico, escritor y crítico musical