El Ministerio de Educación interpela a la Dra. Roxana Pey pidiendo su renuncia a la rectoría de la Universidad de Aysén, que -según se hiciera público- sus iniciativas no se estaban ajustado a parámetros de la Ley de Desarrollo Profesional Docente (Ley 20.923) y los requisitos de ingreso para estudiar Pedagogía. De acuerdo a la propuesta, la cual resulta importante y urgente a considerar para el bien de la región, es lo que se debe hacer. El Ministerio sentencia que tal propuesta excluye a estudiantes de la región de los requisitos acordados por rectores a través del sistema único de admisión y que no se ajusta a las exigencias de la ley. Este rechazo de la propuesta es en sí misma una exclusión a los y las estudiantes de la Región de Aysén, porque la iniciativa que se plantea es justamente para no excluir. Ya basta con la PSU para que se siga excluyendo a tantos jóvenes que pueden y, es más, que deben por derecho estudiar.

La propuesta práctica y concreta dada por la Dra. Pey explicita y hace referencia al artículo cuarto de la Ley que los mandata, una alternativa de “acceso” de incorporar a estudiantes de la región a la universidad “considerando las necesidades específicas de cada zona” a través de programas especiales. Es decir, y esto es claro, se propone una vía de acceso a estudiantes para entrar a estudiar a la universidad de su región con criterios específicos para la región, y este esfuerzo y aporte local es rechazado porque no se ajusta a lo establecido en la Ley que, como se constata, no estaría atendiendo a necesidades locales -esto urge considerar frente a la realidad de jóvenes que se esfuerzan por no ser parte del alto porcentaje de estudiantes que son cerca del 50% que no alcanzan a obtener promedio 500 puntos en la PSU-, según constata el diagnóstico de la Dra. Pey. ¿Qué más exclusión de limitar ideas y aportes que nacen de una región que rescata y propone con pertenencia una mejora para quienes son parte de ella? Esto es lo grave.

Un ejemplo concreto y contradictorio del discurso ministerial es que este ha proclamado en sus consignas políticas la urgencia “de abrir las puertas a todo niños y niñas, nadie debe ser impedido a estudiar, y no ser discriminado por cualquier condición; a su vez el llamado a las escuelas para  promover proyectos desde su comunidad escolar”, esto lo hemos escuchado y aparece intencionado  incluso en la reciente Ley 20.845, del 20 de Mayo del 2015: “Ley de Inclusión Escolar que regula la admisión de los y las estudiantes, elimina el financiamiento compartido y prohíbe el lucro en establecimientos educacionales que reciben aportes del Estado”.

¿Qué pasa con la educación superior? ¿No debe ser promovido el mismo discurso si estamos hablando de educación? Qué la universidad busque, y con autonomía, mecanismos de apoyo que permita abrir sus puertas para los estudiantes, que sin el deseado puntaje (PSU), puedan estudiar. Eso se puede y se hace: en un ejemplo, si la escuela recibe a niños con diversas habilidades, la escuela debe buscar los mecanismos para trabajar como comunidad justamente para que los niños y jóvenes vayan aprendiendo (y agrego que sea de manera feliz). Lo mismo para la universidad: si flexibiliza y apuesta por vías de ingreso, se está abriendo puertas a un estudiante, a una familia, a una región, a una sociedad. Dichos mecanismos de apoyo son posibles porque también se ha hecho -en la Universidad de Chile, por ejemplo- desde un ámbito de conexión y vínculo con la escuela desde la experiencia en prácticas en educación, que con estudiantes y el esfuerzo de profesores y educadores se ha estado construyendo y haciendo pedagogía dialogante, y colaborativa.

Expreso tajantemente esto porque la universidad puede y en su aporte a la comunidad debe levantar nuevas, y colectivas propuestas: Si un estudiante no entra a la universidad con los “notables” esperados 600 puntos, ésta puede promover esfuerzos y crear programas académicos pertinentes locales para nuevos profesores y educadores. La Universidad de Aysén pretende bajar la ponderación de admisión, y considerar otras variables referidas a rendimiento de la enseñanza media, lo que implica esfuerzos concretos y que mejor, con propuestas de apoyo de la misma universidad, una vía posible y práctica para dar oportunidad real a futuros profesores y educadores. Se aplaude la valentía y toda apuesta de hacer región, dicha acción de la Dra. Roxana Pey es justamente pedagógica y política, que se traduce en hacer más justa esta sociedad.


Académica Departamento de Educación, Universidad de Chile.