El Mercado Común del Sur (Mercosur), organismo regional compuesto por Argentina, Brasil, Paraguay, Uruguay y Venezuela, pasa por estos días la peor de sus crisis internas. Correspondía según estatuto asumir la presidencia pro témpore del organismo a Venezuela, pero una ofensiva liderada por Argentina, Brasil y Paraguay ha encendido las alarmas, negando el cargo que le corresponde al gobierno de Nicolás Maduro.

Fundado como una instancia de integración regional en 1991, el Mercosur obtuvo mayor importancia y connotación en la década de los 2000 con la aparición de distintos gobiernos de corte progresista o “nacional-populares” en los países que lo integraban, originalmente Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay. En ese contexto, Venezuela se suma como miembro pleno en 2006, mientras que en 2015 Bolivia inicia las tratativas para integrarse de lleno al bloque.

Pero el tiempo en que aparecían Hugo Chávez, el matrimonio Kirchner, Lula da Silva, Pepe Mujica y Fernando Lugo unidos en una alianza de las izquierdas latinoamericanas ya pasó.

El golpe parlamentario en Paraguay contra Lugo, el cambio de gobierno en Argentina de diciembre pasado, el impeachment contra Dilma Rousseff en Brasil y el notorio viraje del Frente Amplio liderado por Tabaré Vásquez en Uruguay han cambiado la geopolítica interna de América Latina.

Y prueba de ello es la ofensiva que Argentina, Brasil y Paraguay están sosteniendo contra la Venezuela de Nicolás Maduro.

Al país bolivariano le corresponde la presidencia pro témpore del bloque según el estatuto que establece el cambio cada seis meses y por orden alfabético. Pero desde hace semanas que José Serra – canciller de Brasil- y Eladio Laoyza -canciller de Paraguay- están presionando para que eso no ocurra. El primer episodio de relevancia se dio el pasado 11 de julio, cuando se convocó en Montevideo a una “cumbre de los socios fundadores del Mercosur”, con una clara intención de excluir a Venezuela del bloque. Una reunión inédita en la historia del Mercosur y sin ningún tipo de sustento estatutario. La razón que esgrimen es la falta de garantías democráticas en el país caribeño. Paraguay ha presionado a sus pares para que se le aplique la cláusula democrática a Venezuela, que suspendería temporalmente al país del bloque.

Pero dicha reunión fracasó. La canciller venezolana Delcy Rodríguez -de notorias peleas públicas con Mauricio Macri y el secretario general de la OEA Luis Almagro– llegó a la reunión sin ser invitada. “Se fueron a esconder al baño”, dijo sobre los representantes de Brasil y Paraguay.

Presionado por el Frente Amplio uruguayo -que, a diferencia de las posturas del gobierno, insisten en no reconocer la legitimidad del gobierno de Temer en Brasil y en no atentar contra la continuidad del bloque-, el canciller Rodolfo Nin Novoa emitió un comunicado el 29 de julio en el que dicen que no existen argumentos jurídicos para impedir el traspaso de la presidencia pro témpore a Venezuela aludiendo a la cláusula democrática, pues en ese país no se ha incurrido en ninguna irrupción a la democracia.

Pero los gobiernos de derecha del bloque querían otra cosa, e intentaron saltarse a Venezuela y que la Argentina de Mauricio Macri asumiera la presidencia pro témpore. Ante eso, el gobierno de Nicolás Maduro asumió, sin ceremonia oficial porque Argentina, Brasil y Paraguay se negaron a asistir, la presidencia pro témpore. La crisis está desatada: Los presidentes Temer y Cartes no reconocieron la presidencia de Maduro, y Macri, a través de su canciller, aseguró que no puede haber traspaso de mando sin ceremonia. Esto último es falso según los estatutos del Mercosur.

Lo irónico del conflicto: Reclaman que Venezuela incurre constantemente en violación de derechos humanos por lo que no puede ejercer la presidencia. Pero los países que presionan tampoco son valuartes en el tema: Paraguay acaba de condenar a 11 campesinos a prisión en el fraudulento juicio por la masacre de Curuguaty, la misma que sirvió al Parlamento para destitur en tiempo record a Fernando Lugo. De hecho, el propio presidente Horacio Cartes, del conservador Partido Colorado, principal opositor de Lugo, reconoció hace unas semanas que se trató de un golpe de Estado. En Brasil, por su parte, rige el gobierno interno de Michel Temer a la espera de que se concrete el impeachment contra Dilma Rousseff, pese a que los peritos del Senado determinaron que la mandataria no tiene ninguna responsabilidad penal en los cargos que se le acusan. La sucesora de Lula no esta involucrada en ninguna causa de corrupción ni enfrenta juicios penales en su país. Y en Argentina, la dirigenta social Milagro Sala cumple ya 7 meses en la cárcel, pese a los reclamos internacionales de detención arbitraria en su contra.

Los cancilleres tampoco se salvan. Los que más han presionado contra Venezuela han sido José Serra de Brasil, quien está involucrado en la corrupción del caso Petrobras, y Eladio Laoyza, ex presidente de la Liga Anticomunista y ex funcionario de la dictadura de Alfredo Stroessner en Paraguay.

¿Qué está detrás de la pelea?

El viraje ideológico en Argentina y Brasil, sumado al de Paraguay de hace unos años, da cuenta de los nuevos intereses de dichos gobiernos y de la forma en que quieren relacionarse. Hoy el Mercosur está claramente dividido en bloques. Por un lado, los que apuestan a continuar con el modelo de desarrollo económico por la vía de la integración regional (Venezuela y Bolivia). Por el otro, los que quieren de regreso el neoliberalismo o liberalización económica (Paraguay, Brasil, Argentina y Uruguay).

El país oriental se encuentra en un limbo: lideró las hoy estancadas negociaciones del Tratado de Libre Comercio del Mercosur con la Unión Europea y estuvo integrado al TISA desde la presidencia de Pepe Mujica. Sin embargo, la presión interna del Frente Amplio logró sacar al gobierno del acuerdo de libre comercio mundial, tal como presionó ahora al cuestionado canciller a no atentar contra la integración del Mercosur.

En Brasil la postura fue que Uruguay extendiera su mandato pro témpore hasta fines de agosto, época en que debería quedar consolidado el impeachment contra Rousseff y le daría al gobierno de Temer más legitimidad para negociar.

Y en Argentina la postura es clara: destrabar el “proteccionismo” del Mercosur para converger con la Alianza del Pacífico.

Mirando al Pacífico

La Alianza del Pacífico (AP) nace en 2011 por la iniciativa de los presidentes de Chile, Perú, Colombia y México. El objetivo era la construcción de un área de libre circulación de bienes, servicio, capitales y economía. En la práctica, los gobiernos de derecha se unieron para contrarrestar el poder de los progresismos de la región.

El gobierno de Michelle Bachelet, pese a que en su programa de gobierno hablaba de mayor integración con el resto de América Latina y mostraba preocupación por el apuro en la firma del TPP, solo ha mostrado señales de continuidad con la política exterior que sostenido el país desde el 90, con énfasis en las variables económicas y promoción del libre mercado en la región.

¿Cuáles son las diferencias entre ambos bloques? De menor tamaño en población y mayor PIB unificado, la Alianza del Pacífico exporta más dinero del Mercosur (558 mil millones de dólares vs 426 mil millones en 2013). En cambio, las exportaciones del Mercosur son en un 56% hacia otros países del mismo bloque, mientras que esa estadística en la Alianza del Pacífico es solo del 27%. Esto debido al modo de integración de ambas alianzas. Mientras que los países de la AP tienen Tratados de Libre Comercio (TLC) firmados con distintas potencias mundiales -de hecho, Chile y México lideran el ránking de TLCs firmados en el mundo), los del Mercosur no cuentan con esos tratados, estando las negociaciones con la Unión Europea estancadas desde hace tiempo.

A esto se suma que Chile, México y Perú son parte del TPP, mientras que Colombia pidió incorporarse.

Por otro lado, Brasil y Argentina, los países más grandes de América Latina, tienen cierto grado de industrialización inusual en la región. Incorporarse a mega tratados de libre circulación sería letal para sus industrias, ya que no estarían en capacidad de competir contra los productos importados de países de mayor productividad.

Invitado especial a la cumbre de la Alianza del Pacífico realizada en Chile a fines de junio, el presidente argentino Mauricio Macri anunció ante el empresariado regional su plan de relanzar el Mercosur hacia una nueva convergencia latinoamericana de libre mercado: “En esta nueva etapa hemos relanzado el Mercosur, porque queremos un Mercosur del siglo XXI, pero que claramente tenga una visión de convergencia con la Alianza del Pacifico”.

Hoy el Mercosur estaría siendo la principal barrera para que Brasil y Paraguay giren al Pacífico, pues a Argentina no le convendría ingresar a la alianza sin su principal socio comercial, Brasil. Y el principal escollo para “flexibilizar” el Mercosur -es decir, abrirse a la libre circulación de divisas y firmas de Tratados de Libre Comercio- es Venezuela. Así lo ha reconocido el propio canciller paraguayo al explicar la ofensiva contra el país bolivariano: es el único que no comparte la idea de converger hacia la Alianza del Pacífico.

Y con los cambios de gobierno en la región, Venezuela se va quedando sola. Sumado a la profunda crisis económica que atraviesa el país y las agresiones de la OEA a través de Luis Almagro, ahora el gobierno de Maduro debe lidiar con la ofensiva de los nuevos gobiernos de derecha que, en consonancia con la oposición venezolana que hoy maneja la Asamblea Nacional, esperan pronto un cambio de gobierno en el país.

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Se espera que hoy jueves se produzca una reunión en Montevideo entre los coordinadores técnico diplomáticos del Mercosur, instancia a la que -nuevamente- no fue invitada Venezuela. La formúla que toma fuerza es que Mauricio Macri de Argentina asuma la presidencia pro témpore, pese a que ni la reunión ni la posible toma de posesión del país trasandino tiene justificación alguna en los estatutos del Mercosur.