El viernes 22 de julio, Salvador Penchulef (40) leyó con indignación el diario Las Últimas Noticias. Titulando “Diputado vive guerra personal en la Araucanía: “Duermo con un ojo cerrado y otro en mi arma”, el periodista Ariel Lara contó el drama del diputado Diego Paulsen (RN), que representa en la Cámara a las comunas de Curacautín, Lautaro, Lonquimay, Perquenco, Victoria, Vilcún y Melipeuco. En un quinto del espacio dedicado al drama del diputado, está la respuesta del que aparece como el máximo sospechoso de causarlo: el mismo Salvador.

“Personalmente, di la entrevista intentando que no fuera sólo la versión de Paulsen la que quedara en la retina. Pero de lo que ahí aparece sólo mi nombre es real, el resto no se acerca a lo que yo dije”, se descarga Salvador Penchulef, quien ha sido dirigente de la Coordinación de Comunidades en Reivindicación Territorial de Galvarino y vecino de los Paulsen por décadas.

“Ellos han usado distintas estrategias y una de esas es inventar. Que los tenemos amenazados, que les hemos incendiado los territorios. Lo que nunca dicen es que el territorio sobre el que está su fundo es nuestro. Son nuestros territorios ancestrales. Las Últimas Noticias miente y el diputado Paulsen se victimiza”, acusa.

Del último futa malon a la familia Paulsen: El despojo de tierras en la zona de Galvarino

En el relato del diputado Paulsen a LUN, sus antepasados llegaron a la región a fines del siglo XIX y tuvieron sus primeros terrenos en Galvarino en 1888. Al fundo en disputa con la comunidad Antonio Peñaipil llegaron recién después de 1973, cuando lo heredaron desde la familia Fontanaz, también colonos franceses. Obviamente, no fueron los primeros habitantes. Las comunidades mapuche que allí habitaban, como la del Ñidol Lonko Peñaipil, fueron “conminadas” a abandonar el lugar.

Según cuenta Salvador, “nuestra comunidad tenía aproximadamente 5 mil hectáreas superficies, en tanto antes se medían los límites por las barreras naturales, una vez que llegaron los colonos suizos y franceses quedaron radicados en el territorio mapuche. Dividieron nuestro territorio ancestral, que fue entregado a los hermanos Fontanaz”.

El contexto de la llegada de los Fontanaz, Paulsen y muchos más -tal como reclama Salvador- es generalmente omitido a la hora de hablar de los conflictos territoriales actuales. Cuando el Estado chileno empezó a expandirse al sur del Bio Bio, en el mal llamado proceso de “pacificación”, la zona de Galvarino fue una de las protagonistas del último futa malon -levantamiento general mapuche- de 1881, atacando el fuerte de la zona, Ñielol, en una batalla que causó 32 muertos.

Paralelo al avance del Estado chileno dentro de lo que antes era “la frontera”, se vivió el proceso de colonización a través de la asignación, venta y remate de territorios mapuche, pueblo que, según el Informe de la Comisión de Verdad Histórica y Nuevo Trato con los Pueblos Indígenas del 2005, debió aprender a sobrevivir en el 5% de sus territorios originales.

Las comunidades mapuche de Galvarino nunca aceptaron el despojo de tierras. Ya en la década del ‘40, el abuelo de Salvador Penchulef escribía cartas a La Moneda pidiéndole hacerse cargo del hecho de que el fundo de los Fontanaz era en realidad propiedad de la comunidad Antonio Peñeipil del sector Cuel Ñielol, como prueba el Título de Merced otorgado por el Juzgado de Indios en 1881. En la década de 1880 en Galvarino se otorgaron 90 Títulos de Merced 23, equivalentes a 24.916 hectáreas. Esos documentos prueban que el mismo Estado reconoció la propiedad colectiva de los mapuche, aún cuando fuera un territorio menor al ancestral, y son los que hoy enarbolan los Penchulef contra la familia Paulsen:

Título de Merced

La reivindicación territorial mapuche en la zona encontró un momento propicio para desplegarse a partir de la Unidad Popular, cuando se profundizó el proceso de Reforma Agraria iniciado por Frei Montalva. A través de la Corporación de la Reforma Agraria, CORA, a la comunidad Antonio Peñeipil se le reconocieron las tierras usurpadas: “El fundo de los Fontanaz fue expropiado y el año ‘70 los dirigentes Carlos Peñeipil y Reinaldo Penchulef, mi papá, empezaron a liderar el asentamiento Pu Ñielol en ese territorio”, cuenta Salvador.

Sin embargo, el golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973 y el posterior proceso de contrarreforma agraria truncaron el asentamiento. En los primeros años de la dictadura, los predios “de aptitud forestal” fueron transferidos desde la CORA a la Conaf, que en ese momento lideraba Julio Ponce Lerou, y a la Corporación de Fomento de la Producción (Corfo) para entrar en proceso de remate: fue el origen de la gran explotación forestal.

No fue sólo un proceso administrativo, sino que se acompañó de los métodos de represión de la dictadura: detenciones, desaparición, asesinato y tortura. El padre de Salvador, Reinaldo Penchulef, era entonces secretario del Asentamiento Cuel Ñielol. Fue detenido y torturado, y cuenta que además dejaron muchas cosas en el lugar. “Alrededor de 1.500 cabezas de vacuno, 5 tractores funcionando, cerca de 6.000 o 7.000 sacos de trigo que cosechábamos al año”, detalla. Reinald Penchulef se lamenta: “toda la construcción que el campesino mapuche hizo en esos tiempos se derrumbó. Fueron momentos tristes, unos sufrieron más, otros menos, pero la represión fue fuerte para nosotros los dirigentes”.

El 65% de los predios expropiados a favor de comunidades y familias mapuche durante la Reforma Agraria, territorios que abarcaban 98.817 hectáreas, fueron devueltos a sus dueños previos. Así, de los 163 predios entregados, 97 fueron devueltos a sus antiguos dueños. Uno de los que se devolvieron en Galvarino fue a los hermanos Carlos y Alberto Fontanaz Berton, quienes murieron sin dejar descendencia y heredaron el fundo la familia Paulsen Kehr.

Los descargos de Salvador Penchulef

“En la Araucanía hay muchas víctimas de la violencia y, ante eso, no nos queda otra que defendernos. Por eso con mi hermano decidimos dormir armados”, contó Diego Paulsen a Las Últimas Noticias. “Yo duermo con un ojo cerrado y otro en mi arma”, graficó.

Para Salvador Penchulef, los alegatos del diputado Paulsen no son más que mentiras útiles para las elecciones que se avecinan. Además de dirigente de las comunidades en procesos de reivindicación de la zona, Salvador es jefe de gabinete del alcalde de Galvarino, Fernando Huaiquil Paillal. Ambos forman parte de la Asociación de Municipalidades con Alcalde Mapuche, AMCAM. La semana pasada, Penchulef se inscribió como candidato a concejal independiente, aunque no sabe si su candidatura llegará a octubre.

En octubre de 2014 José Quintriqueo Huaiquimil, de la comunidad José Quilaleo II murió luego de ser atropellado dos veces por José Cañete en el fundo Nilpe, en Galvarino. “Fue un asesinato”, declaró entonces su hermano Rolando: “el conductor del tractor recibió una orden por radio y luego de eso atropelló en dos ocasiones a José”. Diez días después, el 12 de octubre, Salvador Penchulef publicó en su Facebook personal: “Se viene, se viene el verano weichafes toda la gente del Wallmapu a prepararse para erradicar estas malditas forestales con una sola acción ‘TORMENTA DE FUEGO EN EL WALLMAPU’”.

El diputado Diego Paulsen, cuyo predio está a 500 metros de la casa de Penchulef, se tomó en serio la publicación y de la mano del Diario Austral de Temuco armó polémica, enfatizando el carácter de funcionario público de Salvador. Paulsen denunció su publicación ante la Fiscalía ese mismo mes, denuncia que fue acogida. Salvador fue formalizado por infringir el artículo sexto de la Ley de Seguridad Interior del Estado y actualmente está con arraigo.

En sus palabras, la “tormenta de fuego” fue una metáfora, y a través de la querella “se está sacando provecho político por el hecho de que yo soy funcionario del gobierno local de Galvarino y soy parte de AMCAM, un movimiento político que se las ha venido jugando por participar en los espacios de gobernabilidad”. Acusa, también, un doble estándar de la justicia cuando se trata del delito de amenazas: precisamente ayer miércoles finalizó la investigación para aclarar las amenazas de muerte contra la dirigente mapuche Ana Llao, la que acabó sin culpables. También abundan publicaciones virtuales, como “El Araucano”, que hablan de una agrupación antimarxista como “Húsares de la Muerte” y llaman a cazar mapuche. “El año pasado, cuando el líder de los agricultores de la región andaba con un arma en sus bolsillos, en medio de una manifestación pública contra la violencia, nadie dijo nada. Imagínate lo hiciera un mapuche”, grafica.

El enojo de Paulsen, señala, tendría que ver con la movilización de la comunidad Antonio Peñaipil para finalizar lo que el diputado calificó en LUN como un “pequeño negocio maderero”, que es la explotación del predio en conflicto por parte de la Forestal Mininco. “Nosotros fuimos a decirles que eran territorios ancestrales y esperábamos una consulta, acogiéndonos al convenio 169 y el protocolo de certificación que tiene que acreditar Mininco”, explica Salvador.

A Penchulef también le enoja que Paulsen señalara que como comunidad impedían la siembra del fundo. “Ellos se dedican a lo forestal”, acusa. “La familia Paulsen no vive ahí hace muchos años, desde que el diputado se tuvo que ir al colegio, más de una década. Es mentira que se hayan ido por la “violencia”. Lo sabemos porque nuestros familiares son los trabajadores dentro del fundo. Cuando eran agricultores 15 años atrás, un número importante de la comunidad trabajaba ahí. Ahora sólo hay 3”, explica.

“Estamos hablando de un parlamentario de la República que incita a la violencia y el uso de armas”, cierra Salvador. “Como comunidad estamos por el diálogo, es lo que hicieron nuestros abuelos y lo que hemos dicho nosotros. Jamás hemos declarado que nos vamos a armar para llevar a cabo los procesos reivindicativos de tierra. Lo de LUN es una mentira y además incita a la violencia”.