La pluma de “historia cruda” de Edison Ortiz estremece, una suerte de realismo provinciano denso, que comienza relatando un testimonio inédito: A la una de la madrugada del 11 de septiembre, Allende manda al GAP Max Marambio a Rancagua porque se sabe que Patria y Libertad quiere hacer volar el puente de la panamericana sobre el Río Cachapoal. La ultraderecha con apoyo de la CIA había producido muchos atentados, voladura de oleoductos con el experto en bombas Michael Townley entre tantos, pero cortar Chile en dos era una cuestión mayor: ¿encerrar a Allende y sus leales en Santiago?, ¿evitar que las tropas “leales” a Carlos Prats retomaran el poder constitucional desde el sur? ¿desatar el caos total para justificar la toma del poder tras el fracaso de la larga huelga de octubre del 72, la paralización de El Teniente liderada por Guillermo Medina y el Tanquetazo de fines de junio?

Todo se mira desde las provincias de O Higgins y Colchagua, en el libro La UP: ¿Vencidos? Es Rancagua el epicentro del sueño y la tragedia. El 11 de julio del 71 en su plaza de Los Héroes Allende firma la nacionalización del cobre ante mineros, dirigentes de la CUT y la presencia apoyadora del cardenal Raúl Silva Henríquez. En 1971 la UP está en su mejor momento y logra el 50% de los votos en las municipales. Dos años después, en el largo invierno del 73, Rancagua es escenario de la guerra reaccionaria; Medina y la mitad de los sindicatos perdura en una huelga por un 41% adicional de reajuste en un contexto en que se buscaba contener la inflación, Jorge Arrate y los socialistas-comunistas leales al proceso, logran bajar del paro al sindicato de los mineros Sewell y Minas. Los empleados y la clase media se han radicalizado contra el proceso, Marchan sobre Santiago y se unen a los gremialistas de la UC, quemando un tren en el Puente Maipo. Pinochet, que reemplaza a Prats de viaje en la URSS, visita a las hijas de Medina que hacen huelga en Radio Rancagua. Se desata la lucha interna en la UP y la calle se lleva de lacrimógenas en el enfrentamiento diario. Allende decide recibir a los huelguistas y detener la huelga. Viene el largo silencio de agosto y el fallido diálogo que impulsa el Cardenal. La ultra derecha está activa en Rancagua y la izquierda responde; combate en la sede del PS, toma del Instituto Inglés…preparación del atentado al Puente Cachapoal.

Se rompe la vida soñadora que relata Alejandra Pallamar en Coya donde los gringos se han ido y la Casa Blanca del gerente es ahora Casa del Pueblo y de la Cultura con Fidel sacándose fotos con niñas upelientas y momias, con el Festival de la Merluza para incentivar la comida sana, con los antiguos “caddies” convirtiéndose en mineros socios del Club de Golf de Coya.

Se produce el golpe y un paramilitar de ultraderecha hace explotar la casa del secretario regional del PS, Adolfo Lara. El profesor Luis Almonacid, presidente de la CUT de Rancagua, es baleado por la espalda en la villa Recreo.

Víctor León relata que el profesor Mario Durán preparaba el acto al profesor el 11 de septiembre y lo hacen desaparecer en 1976. Que el líder estudiantil del Liceo Técnico, que apoya a la UP, Enzo Muñoz, es asesinado en los 1980s.

Raúl Paredes repasa la comida en tiempos de la UP, de legumbres a chancho chino, el mismo que desaparece porque a la semana apareció todo la acaparado para boicotear el gobierno, el mismo producto masivo que hoy vale 4 lukas en los mercados chinos de patronato.

Max Marambio vuelve a Santiago desde Rancagua a las tres de la mañana. El atentado se ha detenido, comienza el ciclón, el golpe.  Pasa a la clandestinidad y no puede asistir al entierro de su padre en Santa Cruz, Joel Marambio, el diputado socialista que con los campesinos hizo temblar a la oligárquica Colchagua. Ya no es necesario cortar el puente; la CIA ha alineado a las cuatro ramas.

Es una historia cruda y bien documentada. Escríbanle a Ortiz para acceder a una historia despreciable pero acontecida (edison@ortiz.as).

 


Escritor y Doctor en Historia, académico de la U. A. Hurtado.