Antes de que Felipe Durán estuviera libre, solo personajes como el Matador Salas o el cantautor René Inostroza habían sido recibidos con tantas manifestaciones de cariño en la Feria Pinto de Temuco. Cada dos minutos alguien lo reconoce, se acerca y le da un palmetazo en la espalda. ¡Felicitaciones!, ¡aguante hermano!, ¡por fin libre, Felipe! El hombre avanza campante entre las galerías de frutas, respira profundo, saluda confundido. “Parece que soy famoso”, dice. Una ñaña le abraza con un “mari mari peñi”, reflejo del fiato alcanzado tras una década imparable como reportero gráfico en las comunidades mapuche.

Quienes no lo conocen, lo miran igual. Se preguntan quién es, se convencen de haberlo visto antes. Pero no es fácil de explicar su caso. Hace diez meses fue portada en los noticieros nacionales, la prensa y la radio, inculpado como presunto autor de atentados terroristas junto al comunero Cristián Levinao. El pasado viernes 5 de agosto, ambos fueron absueltos de todos los cargos, quedando en evidencia lo que su abogado defensor, Rodrigo Román, denomina como “un burdo montaje policial”.

Lo más probable es que durante la tarde de ese viernes, en algún lugar de Chile, el misterioso responsable de orquestar el montaje contra Felipe se sorprendió indignado por la inminente noticia. Tal vez llamó a alguno de sus contactos en el alto mando de Carabineros y este, incomodo, puso su celular en silencio para no contestarle. Mientras esto ocurría, a orillas del Cautín, el fotógrafo lanzaba río abajo cada una de las prendas que vistió durante los 320 días de cárcel. A pocos metros, su familia y una machi le arengaban con palabras de fortaleza.

Ahora su misión principal es que la Fiscalía le devuelva la cámara fotográfica, la de video, un lente teleobjetivo, un flash profesional, discos de almacenamiento de memoria, más cuatro computadores, entre los que se encuentra uno recién adquirido para editar material audiovisual.

Juan Pablo Rioseco

Juan Pablo Rioseco

Si bien quedó demostrado el montaje policial, apareciste en la prensa como un supuesto peligro público, estuviste casi un año preso y perdiste tus herramientas de trabajo ¿qué acciones puedes tomar al respecto?

“Tenemos que empezar a recuperar todo lo que se llevaron. Dentro de los peritajes y de la evidencia nunca se ocupó las tintas serigráficas, nunca se hizo pericia a las cámaras ni los computadores. Nada de eso lo usaron para el juicio, y ahora me piden que para devolverme cada cosa les debo mostrar la boleta de compra. Yo les pregunto ¿acaso mostraron la boleta de las armas y los explosivos que pusieron en mi casa para inculparnos?”.

Podriamos decir que el Estado te asaltó.

Claro. El Estado me asaltó con violencia y me dejó en la calle. La casa que allanaron yo la arrendaba, entonces la dueña ya se la entregó a otra familia.

¿Cómo se puede hacer justicia ante esto?

“Tenemos pensado efectuar una querella contra el Estado. Eso lo están viendo nuestros abogados. Por que si bien Rodrigo Román trabajó gratis, y hemos recibido ayuda de la gente, igual tuvimos que pagar los peritajes, los viajes de mi mamá, y más todo el tiempo perdido que pude haber estado trabajando”.

¿Seguirás trabajando como fotografo para prensa y agencias?

“No estoy muy seguro de continuar con eso. Solo algunos colegas que trabajan en la Agencia EFE se acercaron a apoyarme en la cárcel, pero los otros ni se aparecieron. Los compañeros de las organizaciones sociales fueron los más presentes y por lo mismo volcaré mi trabajo hacia ellos, aunque entiendo que eso no es sustentable económicamente”.

Habría que organizar algo para ayudarte…

“Podría ser, pero por el momento mi tiempo lo quiero dedicar a estar con la familia. Por ejemplo ahora tengo que viajar a Cañete para ver a mi abuela, tengo que conversar con ella para explicarle todo. Imagínate que ella me vio en la tele saliendo esposado. También iré a ver a los peñi. Me han llamado de comunidades para recibirme. Pienso que este tiempo debo reforzar el cariño, lo humano. De lo judicial se encargan los abogados”.

Tu caso ha trascendido el cerco mediático. Incluso artistas como Ana Tijoux, Joe Vasconcellos, Daniel Alcaíno, Nano Stern o Illapu, se expresaron para exigir tu libertad. ¿Qué te parece todo este despliegue?

“Estoy muy agradecido. Hubo mucha gente anónima que, sin ser amigos míos, se acercaron a apoyarme por el solo hecho de conocer mi trabajo fotográfico. Sobretodo a ellos les agradezco. Los peñi llegaban con mate, piñones, a veces sin nada más que una palabra de ánimo. Eso te fortalece mucho. Sobretodo entendiendo que un preso lo que más necesita es apoyo, cariño, y si te das cuenta que a la gente le hace sentido tu lucha, entonces uno puede sobrellevar el encierro”.

¿Crees que ese apoyo masivo hacia ti se puede trasladar a las demás causas en curso como la de los presos del Caso Luchsinger-Mackay?

“Sé que la gran mayoría de la gente que me vino a apoyar, y la que se manifestó por Internet, es porque apoya la lucha del pueblo mapuche. Muchas organizaciones sociales a nivel nacional e internacional que venían a darme su apoyo, también preguntaban por los peñi del Caso Luchsinger, y los demás peñi que están presos en la zona. Hay que recordar que tenemos 34 presos políticos acá y es nuestro deber seguir comprometidos con ellos. Parte del trabajo que voy a asumir ahora es fortalecer esos lazos, porque es necesario crear una red de apoyo a los presos”.

Juan Pablo Rioseco

Juan Pablo Rioseco

Malacostumbrados a la violencia policial

Los allanamientos a las comunidades mapuche continuan cada semana. Hasta la fecha, se tiene el registro de 73 niños y niñas mapuche que han sido golpeados por efectivos de Fuerzas Especiales. Un caso: el pasado 14 de junio, el Lonko Víctor Queipul fue vendado, golpeado y amenazado de muerte por un grupo de civiles armados. Se suma a esto el juicio contra los 12 estudiantes detenidos durante las manifestaciones realizadas en el marco del encuentro empresarial Enela en Temuco, con el cual se pretende condenar con cárcel al ex presidente de la Federación de la UFRO, Ricardo Lüer, a quien además las Fuerzas Especiales le provocaron un tec cerrado.

En cuanto a la prensa, al montaje sufrido por Felipe Durán y Cristian Levinao, se suma la detención e intento de encarcelamiento del periodista de HispanTV, Leonel Retamal, y la golpiza propinada por Carabineros al camarógrafo Hugo Fuentes durante la marcha estudiantil del jueves 28 de julio reciente.

El periodista Alejandro Kirk describe esta situación de impunidad con la cual actúa Carabineros como un maltrato convertido en hábito a la cual nos hemos acostumbrado en Chile.

“Si el arresto de un periodista despierta una preocupación internacional y aun así se le somete impunemente a toda clase de maltratos y acusaciones absurdas, ¿qué le espera, por ejemplo, a un estudiante secundario de un barrio popular, o a esa chica de 14 años que detuvieron por venderle cuchuflíes a los manifestantes?”, explica Kirk en un comunidado en apoyo a su colega de HispanTV.

Felipe, es evidente que en Chile nos hemos acostumbrado a la violencia policial e incluso a los montajes. ¿Cómo crees que debemos enfrentar esta situación?

“La forma de enfrentar esto es conociéndonos entre nosotros. Entre los medios populares y las organizaciones, debemos estrechar lazos. ¡Hay que juntarnos ya! Porque la búsqueda es la misma. El Estado junto a las empresas quieren que exista una sola voz, y es lógico que uno piense que publicar una foto en las redes sociales jamás le va a dar la pelea a un canal de televisión grande, pero está demostrado que sí se puede. Hay que hacerlo cada vez más, usar nuestros propios medios para denunciar los abusos”.

¿Pero de qué manera se puede evitar ser víctima de montajes policiales y/o ser criminalizado por tener reivindicaciones políticas?

“Es que debemos entender que la lucha en sí tiene su costo. Nosotros como luchadores sociales no hablamos de montajes. Las empresas trasnacionales se mueven para herirnos, para dejarnos acéfalos, para joder a nuestra gente, usan diferentes mecanismos, uno de esos es el de la cárcel. Y la violencia no es solo la del paco que te pega, también la pobreza es violencia. Limitar a nuestra gente diciéndonos que somos incapaces, para luego dejarnos adictos a los proyectos, al paternalismo del Estado, eso es una violencia diaria que cuesta sacarse de encima”.

¿Te consideras víctima de esa violencia?

“Con los peñi no sentimos que esto sea para lamentarse sino al contrario. Todo el tiempo que estuve preso lo único que me quedó claro es que estábamos haciendo las cosas bien. Jamás dije ¡chuta la cárcel!, ¡nunca más me meto en cuestiones!, sino al contrario. Me di cuenta que con lo poco que tenemos, con las herramientas caseras que tenemos, pudimos ser una piedra en el zapato para los intereses de las trasnacionales. Y así mucha gente, con elementos caseros, está dando cara a los proyectos que vienen a usurpar y destruir nuestros territorios”.

Luego de haber pasado por casi un año en la cárcel, ¿qué aprendizajes has sacado personalmente de todo esto?

“Son aprendizajes importantes. Ahora valoro mucho más estar con la gente. Escucharse y compartir. Antes andaba para todos lados corriendo, me movía constantemente. Ahora quiero estar más sereno. Devolver el aprecio, el cariño. Valorar a todos, más allá de lo que piensen. Me tocó convivir con gente acusada de violación y de homicidio. Pude llegar a conocer que ahí también hay una persona, que a pesar de ese error cometido, hay causas que pueden explicar todas las situaciones. Al final del día todos queremos estar tranquilos y compartir cariño con alguien. Nadie quiere que lo violenten ni que lo pasen a llevar. Entonces estamos todos en la misma. Debemos cultivar ese respeto hacia cada persona sin importar sí eres de acá, de allá, más viejo, más joven, hombre o mujer. Eso no importa. Debemos respetarnos, valorar la conversación, el cariño, el poder compartir entre seres humanos. Aprendí a respetar mucho más a todos los seres humanos”.