En 1983, Jorge Arrate —en ese momento un socialista cercano a Altamirano— publicó Socialismo Chileno: Rescate y Renovación, un conjunto de textos breves en los que sostuvo que renovar el socialismo no era distinto de rescatar las ideas más importantes de su historia, adecuándolas a un nuevo contexto marcado por el fin de la URSS y la dispersión de los socialistas en todos los países y especialmente en Chile.

En suma, en miras de la sobrevivencia del propio socialismo, la renovación no tendría un motor, por así decirlo, externo su cuerpo de ideas —con algunas excepciones, como el pensamiento social cristiano.

En teoría, las ideas renovadoras tendrían sus raíces en algunos textos y procesos: “en los planteamientos de sus fundadores en 1933, en el ideario humanista, autónomo y auténticamente democrático contenido en el Programa de 1947 elaborador principalmente por Eugenio González, [y] en la aspiración profundamente libertaria que caracterizó la utopía de Allende”.

Contraria a aquella primera perspectiva, la renovación fue más una radical transformación que una adecuación, debido, en el mejor de los casos, a una reivindicación selectiva o bajo interpretaciones discutibles (y en el peor, a una elusión sistemática a hacer mención alguna) de aquellas ideas.

Consistente en la intromisión en la vida del partido de un pragmatismo ingenieril que supeditó lo política a lo electoral, sumado a la relevancia que lograron los nuevos conocimientos técnicos sobre el ejercicio del poder (encuestas, marketing, entre otros), la renovación terminó haciendo del PS un reflejo de lo que un autor reciente denominó “paradigma del péndulo”: un grupo que en dos décadas pasa de la búsqueda de la revolución a la defensa de un orden establecido.

Visto en perspectiva, aunque con otras dimensiones y nivel de profundidad, críticas similares relativas a una renuncia ideológica, se cernieron sobre el Partido Socialista por colaborar de manera acrítica con los gobiernos radicales del Frente Popular. Según comenta Belarmino Elgueta, uno de los jóvenes protagonistas de aquel proceso, no fue hasta la arremetida de una generación formada en la Federación de la Juventud Socialista, bajo la consigna “ahora o nunca”, que se reestableció la importancia de un programa de contenido socialista, lo cual culminó en la elaboración de uno de los textos mencionados por Arrate: la Fundamentación Teórica del Programa del Partido Socialista de Chile, redactada por Eugenio González Rojas para la Conferencia Nacional de 1947.

En un contexto de post-renovación, siendo necesario superar sus consecuencias, tomando en cuenta el rol de los jóvenes en procesos anteriores, y considerando que en 2017 se celebran los 70 años de la elaboración del Programa de 1947 , resulta importante reflexionar en torno a cuál será el rol que asumirá la militancia de la actual Juventud Socialista de Chile en esta nueva etapa, marcada por los cuestionamientos a la política y las prospectivas de partidos y movimientos emergentes que se aprestan a ocupar parte del espacio simbólico en el que el partido se había situado durante décadas.


Presidente Fundación La Alameda