Este jueves se realizó por primera vez en Argentina un juicio por “odio de género” contra Lucas Azcona, el único acusado como responsable del femicidio de Nicole Sessarego (21), quien se encontraba becada cursando una pasantía en la Universidad de Buenos Aires.

En un hecho sin precedentes, Azcona será enjuiciado por asesinar a una mujer por el simple hecho de serlo. Esto es, en otras palabras, que su móvil haya sido el odio de género, un tipo de crimen que en un país como Argentina tiene cifras alarmante: de acuerdo a la agrupación feminista La casa del Encuentrouna mujer es asesinada en promedio cada 30 horas.

Al comienzo de la investigación, el sujeto se encontraba recluido en la sección de presos psiquiátricos, eximiéndose de dar declaraciones por no encontrarse bien psicológicamente. Pero luego de largas pericias, los jueces lo declararon imputable, descartando motivos psiquiátricos que sirvieran como atenuante.

“Gracias a Dios no está loco. Es imputable. Sabía lo que hacía”, señaló Shirley Bórquez, madre de Nicole respecto al asesino al periódico trasandino La Nación. De acuerdo a Patricia Anzoátegui, abogada de la familia, afirmó que los estudios psicológicos y psiquiátricos “resaltaron la misoginia del imputado”.

Lucas Azcona fue entregado a la justicia por su padre, tras reconocerlo en un vídeo en donde se veían las últimas imágenes de Nicole. Un día antes del juicio, afirmó desde la cárcel al canal C5N que se declarará culpable, asegurando -paradójicamente- que no recuerda haber cometido el crimen.

“Que se deje de patologizar la violencia”

La mataron por celos. Esa fue la primera noticia que corrió cuando se supo de la muerte de Nicole. Un momento de locura, un hombre perdiendo los estribos parecían ser para la prensa la respuesta más obvia. No importa su edad o condición social, los celos saltan como sospechosos válidos cuando matan a una mujer. Y cuando no son los celos es la locura, que en este caso, y con pruebas contundentes, los jueces se encargaron de dilapidar.

Silvia Gutiérrez, periodista y compañera de universidad de Nicole, conoció de cerca a la joven cuando fue ayudante suya en el ramo de Redacción Periodística en la Universidad de Playa Ancha (UPLA). Silvia recuerda a la jovend e 21 años como una persona alegre :”Como la mayoría de los estudiantes de la UPLA, era de origen popular, del Cerro Cordillera”. Alumna destacada, cumplió un sueño cuando recibió la noticia: le habían otorgado una beca para estudiar un semestre Ciencias de la Comunicación en la Universidad de Buenos Aires.

El Desconcierto conversó con Gutiérrez sobre lo que significa el juicio por “odio de género”, el legado de Sessarego en la comunidad universitaria y la importancia de contar las historias más allá del parte policial.

-En la cobertura que hace la prensa del caso se pueden ver frases como “se cruzó con este psicópata” como si hubiese sido azar, o él hubiese estado enfermo.

Que se deje de patologizar la violencia es súper importante. Se ha tratado de representar un perfil enfermizo, como si estos sujetos fueran presa de los celos. Lo relativizan haciendo que pensemos que la violencia no es grave. Como se lo justifica, todo el tiempo no tiene la sanción social que merece. Que a este tipo se le comprenda en toda su magnitud como un misógino, que la mató porque odia a las mujeres y desprecia nuestras vidas.

-Este es el primer juicio en Argentina por “odio de género” ¿Cómo lo interpretas tú?

Debiese sentar un precedente. A las mujeres no nos matan por azar, no nos matan porque están enfermos. Nos matan en consecuencia de una relación de poder en donde los hombres se sienten por sobre nosotras, para ellos nuestras vidas son despreciadas, no se valoran.

Según cifras de La Casa del Encuentro, durante el 2013 -el año del femicidio de Nicole- fueron 295 las mujeres asesinadas por la violencia machista. Silvia, quien actualmente trabaja como periodista en La Radioneta y participa en el Observatorio Virtual Mujeres y Medios, reflexiona sobre la importancia de darle nombre a las expresiones más brutales de la violencia. “Así se crea una realidad social que se ve reflejada en cambios en la justicia y en la forma que problematizamos esto. Nos hace comprender que son necesarias otras figuras legales para abordar la violencia, hace unos años ni siquiera hablábamos de femicidio”, opina.

“Sin querer nos interpeló de una manera muy fuerte”

Poco después del asesinato de Nicole, un grupo de académicas de la UPLA publicó una carta llamada “Sobre la periodista que Nicole iba a ser”. En ella se aludía al compromiso político de Sessarego, recordando los talleres de comunicación popular que realizó poco antes de su viaje en un colegio de Playa Ancha, describiéndola como una periodista que además de recabar datos para hablar de temas como la crisis en la educación, también se sumergía en el problema y trataba de ser parte de su solución.

Algo así es lo que ocurrió entre las compañeras y compañeros tras el femicidio. “Nicole sin querer nos interpeló de una manera muy fuerte. Nos hizo tomar posición, entender qué periodismo queremos hacer y cuál no. Nos hizo cuestionar nuestra ética periodística para que cuando nos tocara contar la historia de alguien pudiéramos entender más su lugar y el dolor de la gente que la quiere. Nos enseñó a dejar el parte policial de lado y empezar a humanizar estos relatos”.

La vida de Nicole Sessarego dejó un importante legado en la comunidad universitaria. Todavía es recordada como una alumna destacada, llena de amigos y con un fuerte compromiso social. “También nos interpelaba con su forma de ser. No es fácil complementar todo y ella era un ejemplo de que se podía”, rememora Silvia. Hoy las estudiantes son muy activas y conscientes frente a temas de género. “Se organizan, instalan los temas en las asambleas, en sus ayudantías. Con toda la pena y la rabia comenzó un proceso muy importante”, finaliza Gutiérrez.