No debe ser nada fácil para quien su opera prima pasó de ser un conjunto de cuentos publicados en una micro editorial chilena (“Camanchaca”, 2009, La Calabaza del Diablo) a una edición publicada por una transnacional que la tradujo al italiano, francés e inglés. Tampoco debe ser fácil que le digan ahora que su tercer libro de relatos (“Niños Héroes”, 2016, Random House Mondandori) es una decadencia y caída mediocre, al cual el crítico literario Juan Manuel Vial se refirió como “taras vistosas e irremediables: infantilismo, intrascendencia, desprolijidad, flojera, torpeza flagrante…” y un sinnúmero más de epítetos con los que Vial acostumbra a asesinar a los libros y a los autores que comenta.

Pero Diego Zúñiga -periodista de la revista Qué Pasa, parte del mismo grupo periodístico donde critica Vial- sabe que esto es parte del juego de lo que algunos llaman páginas culturales. Que eso, según sus editores, le da más prestigio a sus páginas en cuanto demuestra el refinado talento de este crítico en el arte de matar el gusto por la lectura.

Para quienes no lo conocen, Diego Zúñiga es de Iquique. Su primer libro “Camanchaca” fue considerado como una de las mejores piezas literarias producidas en el 2009. En primera persona, y en esa brumosa realidad nortina, habla un joven con un testimonio simple y honesto. Luego, el 2012, escribió “Racimo” y ahora llega con” Niños Héroes”, una antología donde vuelve a ocupar la voz adolescente, al igual que en su primer trabajo.

Pero este periodista iquiqueño tiene el cuero curtido para surfear por las lides literarias y ególatras, aunque si se trata de deportes, lo suyo es el fútbol. Hincha de la Universidad Católica, incluso escribió un libro que da cuenta de su afición cruzada en la editorial de otro periodista, Pancho Mouat, otro loco por el fútbol y la lectura.

Diego, en su último libro, relata que se inspiró cuando una sobrina le cuenta que un colegio está suspendido de asistir a KidZania porque los alumnos intentaron asaltar el banco del lugar. Este relato lo motiva a investigar y comienza el proceso creativo de esta última obra.

Con respecto a la lapidaria crítica de Juan Manuel Vial en el diario La Tercera, Diego responde que “me llamó la atención lo personal de la crítica, para mí las críticas son importantes y soy receptivo, pero con este tipo de textos, casi no se habla del libro y cierra la posibilidad de discutir, fue muy desconcertante esa violencia tan personal”.

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