Escritos bárbaros. Ensayo sobre razón imperial y mundo árabe contemporáneo (Lom, 2016), es la reciente publicación de Rodrigo Karmy, académico de la Universidad de Chile. Se trata de un conjunto de ensayos provocadores, que nos interpela, no para enseñarnos todo lo que desconocemos de la cuestión árabe, sino para acercarla como el paradigma de la política contemporánea global. En este libro Karmy se aleja de los saberes profesionalizantes y desmantela los prejucios, occidentales, orientales, imperiales y revolucionarios, para acercanos a un mundo de potencialidad bárbara que irrumpe y nos provoca a todos los habitantes del globo. Conversamos con el autor a propósito de su publicación.

escritos barbaros

Cuando uno se propone leer un libro que trata sobre la cuestión árabe espera encontrarse con una alteridad, conocer un “otro”. Sin embargo, en tu libro no pasa eso, la cuestión árabe no es una alteridad que conocer sino algo que interpela y provoca a la filosofía y a la política misma.

-Si vale la pena subrayarlo, yo en este libro no me propongo hablar por un supuesto otro, no trato de representar a un otro. Lo que trato de mostrar son los ensambles y las fisuras. Ensambles cuyas máquinas producen, eventualmente, al “otro”. Le subjetivan, le dominan, le gobiernan. No me interesa decir: “los palestinos piensan esto…” y “los israelíes esto otro…”, no me interesa esa función de representación. Lo que me interesa a mí es la fuerza intempestiva de la escritura y preguntarme en qué mundo vivimos.

¿Y a quién va dirigida esta escritura intempestiva? ¿con quién estás debatiendo?

-Bueno, en primer lugar, el libro es un intento de desplazar dos lecturas clásicas sobre el mundo árabe contemporáneo, la de derecha, de carácter culturalista, y la de izquierda, de carácter economicista. El libro trata de desactivar esa duplicidad, junto con otras tantas dualidades, en la medida en que éstas forman sistemas, dispositivos. Es una invitación a revisar la maquinaria de producción de discursos (la imperialidad es el “orden del discurso”). En ese sentido, trato de mostrar que esas dualidades no hacen más que configurar una misma maquinaria, porque el libro es también una suerte de antídoto frente a la tentación fácil y tranquilizadora de que en los opuestos habría, efectivamente, una oposición, una diferencia. Lo que trata de problematizar el libro es que en los opuestos hay una complicidad, hay siempre un reverso especular que aceita una máquina, antes que desactivarla.

Una concepción que crees está también inscrita en ISIS

-Totalmente. En ese sentido el caso de ISIS podemos ponerlo así: los discursos de las potencias occidentales siempre dicen “nosotros queremos la vida, respetamos los derechos humanos, elaboramos remedios para toda la humanidad, curamos…”, lo que Foucault llama “hace vivir”. Y en cambio ISIS “hace morir” y revierte a la antigua soberanía colonial en un nuevo horizonte capitalista empresarial. Dicho de otra forma, su necropolítica se transforma en una nueva necroeconomía y el espectáculo en un necroespectáculo. Si occidente reivindica la vida, ISIS reivindica la muerte, pero justamente lo interesante es mostrar que existe una complicidad maquinal de ambas tecnológicas -entre el hacer vivir y el hacer morir- antes que la simple oposición. Incluso para mí ISIS sería la vanguardia del capitalismo contemporáneo, en cuanto es una puesta en juego del emprendimiento neoliberal en su dimensión absolutamente necropolítica.

Un emprendedor con todo el cuerpo..

-Exactamente. Es interesante, porque frecuentemente el discurso culturalista tiende a decir que hay una guerra entre islam y occidente, sustancializando ambas categorías. Lo que trato de demostrar aquí es que ISIS es tan complementario a las potencias occidentales porque es su propia producción, su propia catástrofe. Y lo que trato de mostrar al mismo tiempo es que lo que se pone en juego en ISIS es una crisis mucho mayor que atraviesa a los nomos imperiales una vez instaurado desde los acuerdos de 1916 de Sykes-Picot y que pone en juego justamente la idea del Estado árabe moderno, la idea de la modernidad árabe.

¿Y dónde habría una posibilidad de transformación, o de esperanza si se quiere, si cada uno de estos dos opuestos son finalmente parte de la misma maquinaria?

-Bueno, podemos decir que sí hay un tercero excluido, y es él que está articulado bajo la forma de la intifada. La apuesta del libro es que finalmente el pensamiento es una intifada, y que la intifada como revuelta es también un pensamiento, en la medida en que sólo ese pensamiento, en tanto pensamiento, es capaz de desmantelar la maquinaria. Entonces yo dejo entrever que sí hay una posibilidad y esa está dada por la revuelta. En este sentido la revuelta es un contra poder, y lo que trato de sugerir en el libro, y digámoslo en este tono poscolonial, es que, si Europa está contemplando el fin de la historia, en todo el resto del planeta está comenzando la historia. Las revueltas son el signo de que estamos preñados de mundo, aunque todavía no se sabe muy bien a dónde va la cosa. A diferencia de la revolución, la revuelta no calcula nada, no se prepara para mañana, sino para pasado mañana. Lo relevante para esta época histórica es la revuelta, porque la revuelta permite evocar ese otro mundo en el presente, tal como decía Furio Jesi.

Por eso dices que las revueltas no son predecibles.

-Claro, las revueltas no fueron anticipadas ni por el departamento de estado norteamericano, ni por los regímenes árabes, pero tampoco por ningún saber politológico o sociológico. Y en ese sentido, la revuelta lleva la intensidad del acontecimiento. Es cierto que existe ISIS, pero también es cierto que en la calle árabe se está dando una intensidad de lucha fenomenal. Es decir, se están jugando entre la capitalización de un ISIS o la anarquía de la revuelta, y esa, me parece, quizás sea la lucha más decisiva hoy en día.

¿Es la intifida posible sólo en Oriente?

-No, yo diría que no, y ello lo puedo responder a partir de la tesis central que atraviesa el libro: el mundo árabe no está en guerra civil, sino que es el mundo en general el que está en guerra civil en el mundo árabe. Y desde esta perspectiva, una revuelta contra esa guerra civil global es también una revuelta de carácter global. Además, la intifada no posee una figura identitaria, se despoja de todo identitarismo, lo que llamo en uno de los textos “el ascetismo revolucionario”. En ese sentido, la intifada se presentaría como una suerte de paradigma de la política contemporánea, pero no un paradigma “oriental” (articulado en una identidad específica), sino uno “cosmopolita”, como diría Dabashi. Es decir, frente a una guerra civil global, hay una intifada cosmopolita. Una intifada cosmopolita que tiene modulaciones, intensidades y formas múltiples de expresión en distintas partes del globo, pero que en el caso del mundo árabe tuvo una singularidad precisa. Y lo que trato de sugerir ahí es que la intifada lo que hizo fue desmantelar los dos grandes proyectos poscoloniales, el nacional populismo y el islamismo populista, ambos proyectos políticos quedaron vaciados de contenido una vez que arremete la intifada. Por último, me parece importante mencionar que lo que la intifada restituye con su pura pragmática sería una cierto habitar. Un habitar entendido como la restitución de una vida común, un vivir juntos.

Crees que hay algunos elementos de revuelta en Chile o en Latinoamérica.

-Yo creo que sí, considerando lo pasó en el 2011. Yo llamo intifada a esto: a una revuelta que no tiene vanguardia, que no reivindica una identidad precisa y por lo tanto no calcula sus pasos, sino que copa el espacio público reivindicando la vida en común. Y es muy importante eso porque es una formación política que carece de vanguardia, y por tanto no se adhiere a las formas clásicas de la teleología sacrificial y al horizonte destinal de la política moderna. Y yo creo que la intifada no es sólo una revuelta árabe, sino que es un paradigma de la política del presente. Lo que aconteció en Chile es parte de esa reivindicación cosmopolita que está presente en la revuelta árabe, me parece que esas revueltas no hay que verlas como aisladas, sino que son revueltas que muestran que se está preñado de algo, que está por nacer algo, o que está naciendo algo. Y lo digo como dice Dabashi, lo que está naciendo ahí es una ciudadanía cosmopolita, no un consumidor global. La gran lucha que se está dando en la época contemporánea es que la guerra civil global es el conflicto o la lucha con los grandes espacios económicos que intenta destruir cualquier tipo de articulación común, cualquier tipo de potencia común, porque una potencia común pone en tela de juicio a lo económico, porque la potencia de lo común es inoperosa, no trabaja, no tiene obra, no tiene centro. ISIS, Obama, los regímenes de las oligarquías imperiales árabes, todos están tratando de conjurar cualquier posibilidad de la revuelta, porque la revuelta pone en juego la posibilidad del desmantelamiento de la imperialidad contemporánea que tiene a la guerra civil global como última forma de gestión sobre las poblaciones.