José Piñera se convirtió en columnista de La Tercera tras su llamativo regreso a Chile y ya se despachó una pieza de antología. En una larga exposición escrita, el creador del sistema de AFP, relató cómo sus ideas se convirtieron en insumo de Bill Clinton para una reforma frustrada de pensiones en Estados Unidos.

Tras una larguísima historia, Piñera explica que de a poco, a mediados de los noventa, asumió el reto de influir en la política estadounidense para que se aplicara el modelo que hoy tiene a todo Chile indignado.

Según él, expuso en la “Cumbre de la Casa Blanca sobre Seguridad Social” frente a personas influyentes como varios congresistas y el equipo económico de Bill Clinton.

Diciendo entre líneas que el expresidente se basó en sus ideas, indicó que dos meses después de la Cumbre donde participó, Clinton propuso una reforma a las pensiones incluyendo cuentas privadas. “Los “USA Accounts” ayudarán a todos los estadounidenses a compartir nuestras riquezas como nación y a disfrutar de una jubilación más segura”. 

“Las primeras salvas se habían lanzado: “Para establecer cuentas de ahorro universales -USA accounts-…”. Esta era la primera vez que un presidente de Estados Unidos proponía la creación de cuentas de ahorro individuales para la vejez”, escribió un emocionado Piñera en su columna.

Sin embargo, su influencia sería frustrada por los “placeres terrenales”. Bajo el título de “sexo y seguridad social” Piñera aseguró que el escándalo de Clinton con su secretaria, Mónica Lewinsky, frenó la reforma que él mismo habría impulsado a través de su aparición en la cumbre y otras. 

“Justo cuando Clinton estaba preparándose para este desafío se encontró inesperadamente sumido en el escándalo de Monica Lewinsky. El asunto fue, sin duda, un evento vergonzoso, pero fue el proceso de impeachment del presidente el que sepultó la posibilidad de esta reforma en ese momento”, aseguró.

“Al igual que en una tragedia griega, el fracaso de Clinton para hacer una reforma a la seguridad social puede ser explicado en términos de una debilidad fatal. Bill Clinton era, sin duda, un político muy talentoso y un hombre de notable inteligencia, pero lamentablemente no era un estadista que estuviera dispuesto a sacrificar los placeres terrenales por un legado duradero. Esta gran reforma, que tanto necesita Estados Unidos, sigue pendiente”, agregó.

“Al viajar de vuelta toda la noche a mi país en esos primeros meses de 1999, supe muy bien que aunque la semilla de esta idea se había plantado en Estados Unidos, la flor no iba a brotar  durante la presidencia de Clinton”, concluyó.