En una columna reciente a propósito de la destitución de la Rectora Roxana Pey, el filósofo Pablo Oyarzún caracterizaba la decisión del gobierno como estúpida e infame. Por lo que quiero exponer aquí, no veo nada de estúpido en la lógica gubernamental, y mas bien pura infamia.

Fue hace menos de un mes que el Ministerio de Educación hizo público un proyecto Ley de Reforma de la Educación Superior que fue considerado por absolutamente todos los actores como un mal proyecto. Desde la derecha hasta la izquierda, desde las universidades públicas hasta las privadas, se considera que el proyecto no resuelve en nada los problemas de la educación superior, y en cambio genera otros problemas. El proyecto corona así una primera gran infamia que es la traición al programa de la Nueva Mayoría y los compromisos electorales que asumió, traiciona al movimiento estudiantil y traiciona a las universidades públicas del Estado. Es decir, como señalo con perspicacia el filósofo Miguel Vicuña, la reforma de la educación superior abortó por tres causales: violación (del derecho a la educación), inviabilidad del feto (educación pública), peligro de muerte de la madre (la educación superior).

Y finalmente, al poco andar de las críticas que llovían de todas partes contra el proyecto, la ministra de Educación elige un chivo expiatorio para el sacrificio, e inicia la destitución de la Rectora de la Universidad Estatal de Aysén, Roxana Pey, por su crítica al proyecto por todos criticado. Aunque la Rectora Pey es sin duda una persona mas inteligente que la ministra Delpiano (PPD), parece que aquí nuevamente el problema no fue estrictamente la estupidez de la ministra, sino la infamia de las decisiones del gobierno. Todo indica que el gobierno decidió generar un escarmiento, golpeando el eslabón más débil, la rectora de una universidad recién creada en una región geográficamente aislada y políticamente precaria. Se entroniza así la política del golpe blando, que en una persona permite asonar varios flancos: golpe a la disidencia, golpe a la autonomía universitaria, golpe al CRUCH y a las universidades estatales, golpe a la reforma y golpe a la educación superior. Y no olvidemos el golpe al género femenino que significa que la primera presidenta de Chile destituya a la primera rectora de una universidad del Estado, por medio de una ministra de Educación, considerando que la participación política de la mujer chilena en cargos de representación no supera el 15 %. Así, las dominadas auto-aniquilándose, mientras los sabuesos se frotan las manos. Infamia pura, pero ¿porqué?

Cuando hace unos meses, en el Coloquio La Universidad Posible realizado en el Instituto Pedagógico (UMCE) conocí a la Rectora Pey, además de declararle mi admiración por lo que estaba realizando en Aysén, le previne sobre los peligros que acechan en la región. Pensaba especialmente en el fascismo de los ex CNI, los militares operadores del narcotráfico, los sicarios, los neonazis, los pinochetistas, los policías y jueces corruptos, etc., todos los cuales han encontrado refugio en una región extrema por su aislamiento y débil presencia estatal, donde la dictadura militar es recordada como el primer gobierno que se interesó en ella. Pero me equivoqué de amenaza: mas que ese fascismo sin educación ninguna, era mucho mas peligrosa la mafia política del negocio de la educación, las redes de la DC y el PPD, la conspiración concertacionista santiaguina, la corrupción de los partidos feudales que se extiende y se expone de manera exponencial en las regiones aisladas. Estructuras partidistas que fomentan la traición, la mentira, el chaqueteo, la cobardía, la conspiración profesional como la de las dos altas funcionarias de la Universidad de Aysén, Marshall y Rojas, que vinieron escondidas a Santiago a visitar a la ministra, vieja amiga desde su paso por la Pontificia Universidad Católica, para “denunciar” que “la región” (en realidad, los políticos corruptos del CORE) no estaban contentos con Pey. Vicerectora y directora nombradas por la rectora conspiran difamando, para reemplazarla en el cargo. Aserrucharle el piso, hacerle la cama a la jefa de confianza… Pura infamia.

Pero vamos al grano. El proyecto de la Universidad de Aysén estaba amenazado. ¿Porque y por quienes? Porque cuestionaba desde una institución estatal naciente la lógica de mercado de la educación superior, porque había encontrado la fórmula para dar gratuidad universitaria a los habitantes de la región, porque había inventado nuevas formas de democracia en un país donde la democracia amenaza los poderes fácticos, porque consideraba formas de ingreso pertinente a las necesidades regionales y no funcionales a los burócratas del MINEDUC y a los mandatos de pruebas estandarizadas del Banco Mundial y secuaces. ¿Cual era la amenaza real? El fin del negocio de la educación. La Universidad de Aysén estaba sacando del mercado el concepto de Universidad pública. Estaba proponiendo una universidad donde no era necesario el Crédito con Aval de Estado, no eran necesarios los créditos ni los bancos. El CAE no entraría a la Región de Aysén, y siguiendo ese ejemplo, muchas regiones podrían expulsar al CAE. La Rectora Pey había luchado y logrado todo eso y mucho más, y por eso encarnó la amenaza y fue destituida. Enfrentó directamente al CAE —el invento del presidente Lagos (PPD) y el ministro Bitar (PPD)—, amenazó a los bancos y fue destituida por el gobierno. Esa es la clave. Los beneficiarios son los bancos, los operadores son los funcionarios de gobierno. El gobierno es el empleado de los patrones de banco.

Esto podría parece paranoia conspirativa pero ¿no fue precisamente la incestuosa relación de la familia de Bachelet con el banco más grande del país que inicia el estrepitoso derrumbe de la figura de la madre Presidenta? ¿con el tráfico de influencias de su hijo en un banco, con el fin de lucrar con la especulación inmobiliaria a partir de información privilegiada?

Entonces, nuevamente, los bancos. Los bancos, el CAE, y el PPD. Estábamos ya confirmando esas especulaciones hasta que la ruidosa irrupción de “No más AFP” generó tal preocupación en las élites que el gobierno se apresuró en llegar a un mínimo “acuerdo de unidad nacional”: “perfeccionar” el sistema (a pesar de haber intentado justificar poco antes el no mover un dedo). Ocasión perfecta para el Gatopardo, que campea cuando todo lo viejo se derrumba y no hay nada nuevo que aparezca. El cambio sin cambio. Y Bachelet aprovechó la oportunidad para hacer lo que siempre hace: caridad cristiana. Unas luquitas más para los más pobres. Porque con el plan que anunció en cadena nacional —impuesto adicional a la empresa sin tocar a las AFPs (lo que podría en cinco años más aumentar en 20% las pensiones, o sea a los de 120.000 pesos aumentarles a 144.000)—, lo que hace es nuevamente: proteger a los bancos. Los bancos que hacen enormes rentabilidades con los enormes ahorros de los trabajadores.

Veamos entonces la danza de los millones que están en juego y que tienen a los ministros PPD (Valdés, Eyzaguirre, Delpiano) y a la propia Presidenta, trabajando para los bancos y defendiendo sus intereses, al costo que sea. Así podremos decirle al Ministro de Hacienda y a los dueños de bancos para los que trabaja, lo que dice la gran Natalia Valdebenito: ¿y vo’ creí’ que soy hueona?

En cifras aproximadas, se puede decir que el país produjo (PIB) en 2015 alrededor de 240.000 millones de dólares (USD), y el Estado recaudó en impuestos alrededor de 6.400 millones USD. De ese presupuesto, destinó a la compra de créditos CAE: 403 millones USD, más recarga de 107 millones USD, o sea, 610 millones de dólares que se van directamente a los bancos y su negocio con la educación. Solo este monto representa un poco más del 25% del costo de la gratuidad total universitaria (2.400 millones de USD, o sea, el 1% del PIB), es decir que permitiría pasar del 50 % de la gratuidad actual, al 70 %, solo redirigiendo los recursos que van a los bancos hacia el financiamiento de la gratuidad de la universidad pública.

Pero eso no es todo. Por la Ley Reservada del Cobre que garantiza el 10% de las ganancias de CODELCO a las Fuerzas Armadas, en el mismo año 2015, por la baja de las ganancias, el 80% de los excedentes de la empresa de cobre fueron a parar a las FF.AA, o sea, 858 millones de dólares, es decir, un tercio del costo de la gratuidad universal. Es decir que solo con el CAE y con el 10% del Cobre que se llevan las FFAA, se financia mas de la mitad del costo de la gratuidad. Pero con las Fuerzas Armadas, nos enfrentamos a otros intocables, otros empleadores que ya no son los bancos de Valdés, sino que es la familia militar de la mismísima Bachelet. Se configuran así las dos grandes corporaciones intocables en Chile: los bancos y las Fuerzas Armadas, y la infamia de un gobierno dedicado a defender los intereses de estas corporaciones en contra de los intereses del pueblo.

Con las AFPs, esta situación alcanza su climax. Para los bancos esta fiesta ya es más que una danza, es una orgía de millones. Las AFPs administran (o sea, invierten en el mercado financiero) alrededor de 160.000 millones de dólares que es el dinero sumado de todos los cotizantes en Chile. De esta administración, las AFPs reciben utilidades netas anuales por 900 millones USD al año. Es decir, si el Estado tomara la administración de estos Fondos, podría invertir esas utilidades en bienes públicos como la educación, y si sumamos estos 900 millones que se llevan las AFPs a los 860 millones del cobre que se llevan los militares y los 610 millones que se llevan los bancos, ¡oh! ¡magia! ¡tenemos los 2.370 millones de dólares que cuesta la gratuidad universitaria universal! Pero bueno, esta idea no le gusta ni a los bancos, ni a los militares, ni a los dueños de AFPs. Entonces Bachelet y Valdés tienen que elegir para quién trabajan, y ellos no se pierden, trabajan para los bancos y los militares. No son estúpidos, son infames.

De hecho, mirando un poco mas de cerca, los intocables de los bancos y las AFPs son los mismos, y como se ha mostrado en estos días, es toda la Concertación/Nueva Mayoría que se ha dedicado históricamente a defender a las AFPs, porque son su principal empleador: el futuro de un ministro es un directorio de AFP. Por ejemplo: la inversión en Chile de los fondos de AFPs en 2013 fue a parar en manos del grupo Lucksic (el Banco de Chile, banco amigo de la familia Bachelet) por 5.000 millones de dólares, del Banco Santander por 500 millones (menos regalón…), pero también llegó a los conocidos Paulman, Cueto, Matte, Angelini, Solari. En total, 30.300 millones USD, de los cuales casi 20% a los bancos (BancoEstado y BCI, además del Chile y el Santander). Y por otra parte, un 40% de los fondos de las pensiones chilenas, se invierten el extranjero, donde el mayor controlador de nuestras pensiones es un Fondo de Inversión Tempelton EE.UU-ASIA, que maneja 4.000 millones de USD (o sea un 2,5% del total de los fondos de AFPs). Es decir que estas enormes cantidades de dinero, en vez de estar pagando pensiones o de estar pagando la educación de los jóvenes chilenos (la gratuidad universitaria total cuesta la mitad de lo que las AFPs invierten en las empresas del Banco de Chile…), están sirviendo para aumentar la rentabilidad financiera de los bancos y sus principales accionistas, y enriquecer al 1% más rico de la población, entre los cuales quieren estar por supuesto los políticos de la Concertación/Nueva Mayoría cuando no están en algún ministerio (se mencionan unos sueldos de entre 20 millones y 118 millones para los directores de AFPs).

Y como corolario, digamos que las pensiones privilegiadas de 120.000 miembros de las FF.AA le cuestan al Estado 2.300 millones USD anuales, casi un 1% del PIB, o sea, el costo total de la gratuidad universitaria de 1 millón 200 mil estudiantes. Mientras tanto, más de un millón de pensionados se debe contentar con 4.500 millones USD, es decir apenas el doble de dinero que cobran los 120.000 pensionados militares, y que constituye apenas el 2,5% de la enorme cantidad de 160.000 millones USD que manejan las AFPs y los bancos.

¿Y que dice Bachelet al respecto? En vez de hacer lo lógico: desmantelar las AFPs, tomar el control de los 160.000 millones de dólares para emplearlos para pagar pensiones y subvenir a las necesidades de salud y educación de la población, promover la solidaridad en todos los ámbitos de la vida social, invertir en políticas de desarrollo productivo no rentista, en cultura, ciencia y tecnología, abrir una senda de futuro y progreso para la enorme mayoría de los chilenos, en vez de romper la dominación hacendal decimonónica del país, proclama en cadena nacional: ¡ larga vida a las AFPs, larga vida al CAE, larga vida a los privilegios militares!¡Vivan los bancos! ¡Viva el robo legal! ¿Y que dice el ministro Valdés? ¡Ustedes no entienden nada de economía, no sean populistas, no hay plata, estamos mal!

Hay que decir que Bachelet entiende mucho de guerra y de militares, pero siempre tuvo problemas con la economía y los economistas. Puede que sea miedo, o ignorancia, o ambas. Pero insisto, no es estupidez, es infamia. Porque siempre hubo economistas alternativos que saben contar y saben como esto funciona, pero Bachelet nunca los quiso en la hacienda del gobierno, porque no eran sumisos empleados de banco, o sea, podían hacerle daño a su amigo Lucksic, podían quitarle la plata a sus amigos militares, podían querer meterse en los negocios educativos del PPD y la DC. Entonces puso a Andrés Velasco, amigo de los bancos, luego puso a Alberto Arenas, no tan amigo de bancos pero muy ganoso de hacerse de esas amistades, y finalmente, puso a Rodrigo Valdés, muy amigo de los bancos él. Y la consigna fue siempre: defendamos el CAE, defendamos las AFPs, no se olviden que trabajamos para los bancos. El futuro de Chile ¿donde está? En los bancos. Y quizás la única raspadita que se le hizo a los bancos la hicieron los Piñera, Larraín y Beyer, cuando bajar la tasa de interés del CAE fue la maniobra desesperada que pudieron ofrecer ante el terremoto estudiantil del 2011.

A diferencia de Piñera, Bachelet no sabe mucho de economía, entonces se lo deja a los economistas, pero no a cualquier economista, sino los economistas del banco. Los que saben dirigir las platas del Estado y la nación hacia las arcas de los bancos. Y para estos poderosos intereses, sin duda que la propuesta de la Rectora de Aysén era un ejemplo peligroso, contaminante, el principio del fin del lucro, de una manera mucho más eficiente que una ley abstracta, sino como ejemplo práctico de materialización presupuestaria de un proyecto de universidad posible. Pero he ahí la infamia en la conducción del Estado: los poderes fácticos actuando a través de burócratas autoritarios y secretistas, jerárquicos y verticalistas, que defienden los intereses de bancos, militares y AFPs, y están dispuestos a dar los golpes necesarios contra quién sea para defender esos intereses.

Los chilenos parecen al menos haberse dado cuenta del error de percepción que fue creer en Bachelet como líder de las reformas. Si ya en su primer gobierno la señora traicionó trágicamente a los pingüinos, su segundo gobierno se repitió la historia en forma de farsa, traición e infamia. El problema que queda por verse es clínico: si el pueblo de Chile vuelve a votar por estos traidores empleados de bancos y AFPs, es que ¿se ha vuelto esquizofrénico? (como sugirió la diputada Camila Vallejos), ¿o derechamente masoquista? (como señaló el columnista Edison Ortiz..).


Académico, Universidad de Sao Paulo