En julio de este año, profesionales del Servicio de Salud Metropolitano Occidente denunciaron presiones para entregar tarros de Nutrilón, una fórmula de inicio -es decir, una derivada de la leche de vaca adaptada para las necesidades nutricionales de recién nacidos- a madres en lactancia que no lo necesitaban. Ante eso, miembros del Frente por un Chile Saludable solicitaron información vía Ley de Transparencia para conocer el origen del producto. La sorpresa fue mayúscula: en diciembre del 2014, el Estado había adquirido 96.000 unidades de Nutrilón.

Desde ese momento empezó el debate: a través de las etiquetas #MinsalSinRelleno y #MinsalSinNegocio, activistas y simpatizantes del fomento a la lactancia materna piden explicaciones al Ministerio de Salud por lo que, reclaman, es un gasto excesivo en un producto comercial cuando las medidas de fomento a la lactancia esperan por presupuesto público. Paralelamente, profesionales feministas han advertido del peligro de convertir el debate sobre la lactancia materna en una nueva batalla ideológica de tintes moralistas sobre los cuerpos de las mujeres y sus fines “naturales” para la reproducción humana.

En el medio del debate por los derechos de los lactantes, los de las mujeres y los incentivos estatales, hay 76,8 toneladas de Nutrilón, una fórmula de inicio comercializada por Novofarma Service S.A., más conocida como Danone, la multinacional de la industria de la alimentación de origen francés, que además de esta leche maternizada vende otros productos lácteos como los yogures Griego, Calán, Activia y Parmalat en nuestro país.

Madres al borde de un ataque de nervios

“Cuando las mujeres tenemos dificultades para dar pecho nos presionan mucho, nos juzgan un montón, nadie nos orienta al respecto”, cuenta Constanza Campusano (26). Durante los nueve meses de su embarazo, Constanza asistió a un centro particular de maternidad en Antofagasta en el que no la prepararon para la lactancia. “Recién a los 8 meses la matrona de mi universidad me revisó y me dijo: ‘tú tienes un pezón plano, tienes que formarlo para poder dar leche o tendrás muchas dificultades’”, cuenta. Cuando su hijo Santi nació en la Clínica Antofagasta, en noviembre de 2015, se sumó una nueva dificultad: no tuvo un espacio con él sino hasta dos horas después de nacido. “No me dieron mi espacio de apego, me lo entregaron recién a las dos horas, y la sala estaba llena, quería estar solita con él y no pude darle leche. Ese primer encuentro entre nosotros fue súper incómodo. El Santi no pudo mamar, porque como yo no tenía el pezón formado, no lo logró. La matrona me explicó muy someramente algunas posturas, pero no tuve mayor orientación. Cuando llegué a la casa intenté por todos los medios, tuve apoyo de mi pareja, pero yo lloraba de impotencia y él de hambre, no podía darle leche”, relata.

A las dos semanas su hijo fue internado por ictericia y el equipo médico lo alimentó con leche de relleno y le puso chupete, sin permiso de sus padres. “Eso me dio mucha rabia, porque yo intentaba por todos los medios darle pecho. A los dos meses me rendí, porque luego del relleno y el chupete ya no tenía el impulso. Yo le comentaba a las enfermeras y ellas me decían que tenía que seguir intentándolo, todo el día, no importa lo que pasara ni mi frustración, me decían que mi hijo tendría muchos inconvenientes y deterioros en su desarrollo, pero más que ayuda ellas me juzgaban moralmente, igual que algunos familiares”, relata Constanza.

Dos inventos marcaron profundamente la crianza de niños durante el siglo XX: la leche artificial y las mamaderas estériles. No obstante, y según consta en los registros históricos, siempre hubo madres que no quisieron o pudieron dar el pecho, sin tener siempre la opción de tener una nodriza o “madre de leche”. Las soluciones fueron diversas: jarrones de barro, cuernos con tetinas de cuero y más. Su contenido podía ser leche de vaca o cabra con agua, agua de arroz, caldos de verdura o carne, dependiendo del contexto. Todo tuvo un cambio radical cuando en 1864 Luis Pasteur descubrió el proceso químico que fermentaba la leche, permitiendo su esterilización, algo que hoy leemos en las cajas de leche como “pasteurización”. Este paso permitió no sólo avanzar en el almacenamiento de la comida, sino que condujo a la invención de las fórmulas de leche artificial. Para finales del siglo XVIII ya existía la “leche de fórmula”, que mejoró la expectativa de vida de los niños que no recibían leche materna alguna. Sin embargo, luego de la regulación del fuerte lobby que ejercieron industrias transnacionales como Nestlé entre 1950 y 1990, hoy existe un consenso: la leche de fórmula salva muchas vida y su estándar nutricional ha mejorado progresivamente, pero es un sucedáneo y no un sustituto de la leche materna.

Para la experta en lactancia materna y apego del Departamento de Psiquiatría de la Universidad de Chile, Mónica Kimelman, la historia de Constanza grafica buena parte de las dificultades que enfrentan las mujeres a la hora de amamantar. “Hay una serie de interferencias muy presentes en nuestra sociedad. Se relacionan sobre todo con el estrés cotidiano, la ansiedad, trastornos anímicos, cosas que hay que tratar porque es cierto que el estado emocional de la madre se transmite al bebé, que siente a través del contacto físico la tensión”, señala Kimelman.

Soledad Vargas, antropóloga, forma parte de un grupo de apoyo a la lactancia materna en el Centro de Salud Familiar Padre Alberto Hurtado en Macul. “Es una iniciativa voluntaria vinculada a la Liga Chilena de la Lactancia Materna, y está basada en la experiencia y la contención, para que todas nos sintamos acompañadas”, explica. Soledad tiene un hijo de 23 meses que todavía toma teta a libre demanda. “Fue una decisión mía, cachando que era lo que yo quería. Yo no quise depender de la industria o de no tener las lucas para comprar el tarro, para mí lo natural fue lo más accesible y fue una experiencia linda y placentera. Eso es polémico porque hay gente que lo encuentra tabú, pero el placer femenino no es sólo coital, hubo un goce de los sentidos en mi lactancia”, cuenta.

“Lo que más vemos son madres solas, sin apoyo de la familia. Están solas en la casa porque su núcleo trabaja y ellas están solas todo el día en la casa, y al dedicarse a la lactancia también cargan con las tareas domésticas, que puede ser muy frustrante, porque hay una doble exigencia: alimentar al recién nacido y además tener todo impecable. Hay que sacarse esa exigencia, no se puede cumplir en todos los ámbitos, incluyendo el sexo. Muchas mujeres abandonan la lactancia porque sucumben a esa presión”, comenta Soledad Vargas. “Más allá de la lactancia o no, las madres no deberían estar tan solas. Hay un proverbio africano que dice que para criar un niño se necesita toda una tribu”, agrega.

 FOTO: PABLO VERA LISPERGUER/AGENCIAUNO

La evidencia científica que comprueba los amplios beneficios en salud futura y desarrollo inmediato de la lactancia materna por encima de cualquier otra forma de alimentación ha reforzado esa presión sobre las madres, que en su mayoría no deben cumplir sólo con las expectativas de su maternidad, sino que también con las labores domésticas y, a la vez, su propia carga laboral. Según la Encuesta Nacional de Lactancia Materna del 2013, un 10,4% de las madres interrumpió la lactancia materna exclusiva -es decir, sus guaguas nunca consumieron otro alimento que la leche materna- por motivos laborales o estudiantiles. A eso hay que añadirle que la mayoría de las mujeres que trabajan asalariadamente no tiene un contrato laboral que garantice un postnatal o el cumplimiento de la hora legal para la lactancia: de acuerdo a la Fundación SOL, prácticamente 3 de cada 4 nuevos empleos femeninos son en figuras precarias como subcontrato, suministro, cuenta propia no calificado y familiar no remunerado. En opinión de la doctora Kimelman, “las situaciones contractuales sin fuero maternal violan los derechos humanos de los bebés y de las mamás”.

En las publicaciones de quienes enarbolan las consignas #MinsalSinRelleno y #MinsalSinNegocio se mencionan sólo las causales que aprueba la Organización Mundial de la Salud para entregar fórmulas de inicio en reemplazo de la lactancia materna, como el que la madre sea seropositiva o viva con VIH SIDA, haya recibido radioterapia recientemente o consuma sicofármacos. Sin embargo, se dan otras situaciones en la realidad: según relata Kimelman, quien ejerce en el Hospital Barros Luco, “aquí vemos muchas mamás con problemas de drogadicción o alcoholismo. Cuando tienen recaída no pueden dar pecho y hay que recurrir a fórmulas de relleno. Hay otras que desde un principio no pueden lactar porque no dejaron nunca de consumir. Y esos niños, por supuesto, tienen derecho a una buena leche, porque está demostrado que la Leche Purita Fortificada no se ajusta sus necesidades”, explica.

Para Mia Dragnic, investigadora sobre género y cultura, “el hecho de que no se contemple la opción de no lactar de las mujeres es una negación enorme. Hay quienes no quieren dar teta, sencillamente, también es una posibilidad”. “Suena súper rudo decirlo, pero la forma en que se vive la maternidad en Chile es esclavizante y hay un sesgo moral muy fuerte, muchas veces ejercido por las propias mujeres. Ahora estoy embarazada y me ha sido muy difícil encontrar un espacio para prepararme para el parto que no tenga prácticas que son casi religiosas, que piensan una forma de entender el parto, la maternidad, que reactualizan formas muy conservadoras de entenderla, revitalizan una forma de trabajo semiesclavo para las mujeres. El estado debe considerar la entrega de leche en muchas opciones”, señala.

El salubrista público Sebastián Peña no está de acuerdo y considera que, en cuanto a la ética médica, la lactancia materna debe ser promovida y que, en caso de no tomar esa opción por motivos que exceden lo estrictamente médico, el Estado no debe financiarla, así como no se financian los tratamientos alternativos a lo que se receta en el sistema público. La tensión entre la lucha del último siglo de las mujeres por la autonomía sobre sus cuerpos se hace sentir en el debate y, para la doctora Kimelman, no debe ser zanjada a través del argumento del apego, sino que a través de la educación y empoderamiento de las madres para que, en cualquier contexto, la decisión sea informada.

“La teoría del apego no es una moda, tiene evidencia de todo tipo”, señala la experta. Sin embargo, insiste en que lactancia materna y apego son procesos distintos: “El apego puede ser con el padre, con hasta tres figuras significativas: no depende exclusivamente de la lactancia, pero por supuesto cuando están juntos es mucho más beneficioso y es lo que se debe impulsar. Sin embargo, el apego tiene un camino por sí mismo, siempre hay que recordarlo. No hay que culpabilizar a las mamás que no pueden lactar ni condenar a esos niños, ellos pueden recibir su amor de otra manera y tener un proceso exitoso de apego de todas formas”, advierte Kimelman.

Pese a todos estos inconvenientes, desde la entrada en marcha de la Ley de Posnatal, en 2012, la lactancia exclusiva al sexto mes se ha incrementado desde un 42,9% al 51,8% en 2015. De acuerdo a la antes mencionada Encuesta Nacional de Lactancia Materna, las razones del cese de la lactancia materna exclusiva tiene que ver mucho con educación, tanto que el “niño quedaba con hambre” (27,6%) como “problema de la mama o pezón” (14,7%) y “madre consideró que no producía suficiente leche” (5,4%), todas relacionadas a una técnica inadecuada de la lactancia. Por ello, educar a los profesionales de la salud para que capaciten a las madres sería “fundamental para lograr una lactancia materna exclusiva en los primeros 6 meses de vida”, señala el texto.

Es por esto que el gasto de un millón de dólares en tarros de leche Nutrilón sin una identificación clara de sus beneficiarias generó ruido entre las organizaciones de la sociedad civil que promueven la lactancia materna. “Ni siquiera está claro la cantidad de centros de salud en que se han implementado los grupos de apoyo a la lactancia materna y se ocupa presupuesto en esto”, argumenta Sebastián Peña del Frente por un Chile Saludable.

Las dudas de la multimillonaria compra de leche Nutrilón

La primera semana de agosto, miembros del Colegio Médico se reunieron con el director de Políticas Públicas del Ministerio de Salud, Tito Pizarro. El objetivo del encuentro era aclarar el “Estudio Piloto para Beneficiarios Menores de 12 meses sin lactancia materna de fórmula de inicio”, una iniciativa para modificar el Programa Nacional de Alimentación Complementaria en la que se enmarcaría la compra de las 76,8 toneladas de Nutrilon. Sin embargo, de la reunión surgieron más dudas con certezas.

El primero de los cuestionamientos tiene que ver con el volumen de la compra. Si bien estudios como “Modificaciones a la leche del PNAC en Chile” de Carlos Castillo Durán (2009) establecieron que era necesaria una nueva fórmula apropiada para satisfacer las necesidades nutricionales de los niños que están con lactancia mixta o artificial, ninguno de ellos menciona Nutrilon de Danone. El estudio que se adjudicó a la Corporación para Apoyo de la Investigación Científica (CINUT), perteneciente al INTA, no pudo ser terminado y sólo se pagaron 75 millones del costo total de $150.000.000. Su informe final fue entregado en enero de 2016, por lo que la compra se realizó más de un año antes de que este se finalizara.

Otro punto que genera dudas es el grado de injerencia de la industria alimenticia en estas políticas. Durante la mencionada reunión con el Colegio Médico, el director de políticas públicas del Ministerio de Salud, Tito Pizarro, confirmó que en la elaboración del piloto de incorporación de Nutrilon al Programa Nacional de Alimentación Complementaria (PNAC) participó Ricardo Uauy, quien además de ser un destacado investigador, docente y miembro del INTA, es director honorario de la Fundación Danone para el Cono Sur. Este medio intentó obtener una versión de Pizarro al respecto, sin embargo la autoridad desestimó entregar declaraciones.

Las 76,9 toneladas de Nutrilon ya son un hecho: se encuentran distribuidas en 76 centros de salud, entre hospitales, centros de salud familiar, departamentos de salud municipales y sedes de CONIN desde Antofagasta hasta Aysén. Pese a eso, el Ministerio de Salud ha insistido en señalar en los medios que se trata sólo de un proyecto piloto en la red de salud Metropolitana Occidente y la Red Araucanía, contradiciendo la información disponible a través de Ley de Transparencia (ver listado completo aquí) Una de las preocupaciones más urgentes para el Frente por un Chile Saludable tiene que ver con la caducidad de los tarros: fueron comprados en diciembre de 2014, y su fecha de vencimiento llega en octubre de 2016. Para Sebastián Peña, la problemática es urgente: “Por motivos que desconocemos, el Ministerio de Salud adquirió un sobrestock a lo que implicaba el estudio piloto, y hoy lo distribuye por todo el país antes de que estén vencidas todas esas toneladas de fórmula”.

 

*El Desconcierto se contactó tanto con el Director de Políticas Públicas del Ministerio de Salud, Tito Pizarro, en dos ocasiones, como con el departamento de prensa del Minsal y el Servicio de Salud Metropolitano Occidente, sin obtener respuesta.