El demorado proyecto de Ley de Identidad de Género sigue causando polémica. Mientras que el pasado 18 de agosto fracasó la sesión en el Senado que la trataría ya que no llegó ninguno de los senadores, el día 20 de agosto una carta llamada “Proyecto de identidad de género y misericordia legislativa” publicada en El Mercurio atacó en duros términos la iniciativa, señalando que la Ley de Identidad de Género “impactará las relaciones de familia, perdiendo todo su sentido la definición del matrimonio como unión heterosexual y trastocándose en su origen las relaciones de paternidad y maternidad”. El día de hoy 39 académicos respondieron a la misiva en el mismo medio, cuestionando el uso de términos incorrectos y discriminatorios.

Dos frases ocupadas por los académicos conservadores en la primera carta causaron polémica: en primer lugar, calificaron lo trans como un “problema” y a quienes tienen esa condición como “afectados”, y en segundo lugar, señalaron que aprobar la ley sería “iniciar un experimento social a gran escala, de impredecibles consecuencias”. Ante eso, la respuesta publicada hoy señaló que “no se trata de una iniciativa ligada a un tema de salud, a una determinada “patología”, “trastorno psicológico” o “condición”. “Es un proyecto que tiene un enfoque de derechos humanos, inmerso en el proceso mundial de reconocimiento y desarrollo progresivo de los derechos de todas las personas, especialmente de quienes pertenecen a grupos que históricamente han quedado excluidos de la vida social en forma igualitaria, siendo víctimas de estigmas, abusos y violencia física o verbal por prejuicios, como han dado cuenta organismos internacionales, incluyendo por cierto a niños, niñas y adolescentes a quienes hay que proteger de la discriminación y el bullying”, puntualizaron los académicos.

Además, le recordaron a sus conservadores pares que el concepto identidad de género no es una teoría ni una moda, sino que un concepto aceptado internacionalmente, que remite a “la vivencia interna e individual del género tal como cada persona la siente profundamente, la cual podría corresponder o no al sexo asignado al momento del nacimiento, incluyendo la vivencia personal del cuerpo, que puede involucrar la modificación de la apariencia o la función corporal a través de medios médicos, quirúrgicos o de otra índole, siempre que la misma sea libremente escogida, y otras expresiones de género, incluyendo la vestimenta, el modo de hablar y los modales. En este sentido, esta identidad no está definida por lo biológico y el cuerpo, aunque esta haya sido tradicionalmente la forma de ver a los seres humanos, que ha influido en la construcción de muchas instituciones, invisibilizando, excluyendo y patologizando a quienes se sienten ajenos a las construcciones que atribuyen roles, ideologías y órdenes de género pretendidamente normales”.

Por último, la respuesta descartó que el proyecto de Ley de Identidad de Género constituya una amenaza sobre el futuro de las relaciones de familia o que se trate de un “experimento social a gran escala de impredecibles consecuencias”. “Dichas afirmaciones, carentes de argumentos, niegan la actual realidad social y jurídica chilena. La familia es una realidad cambiante y se manifiesta en una pluralidad de formas, que el derecho internacional de los derechos humanos exige proteger sin exclusiones. En ninguno de los países que han reconocido el derecho a la identidad de las personas trans se han producido las consecuencias alarmistas que insinúa la carta”, criticaron.