Cuando hablamos de rock chileno, es inevitable viajar al sur y pensar en ciudades como Concepción, Temuco o Valdivia, pues son tierras fértiles en lo que a formar bandas nacionales se refiere. Sin embargo, esta vez hablaremos de una agrupación sembrada en medio de vendimias y tortas, la cual sin duda, cosechará prósperos frutos en un futuro próximo.

Oriundos de Curicó y con una placa antecesora a “El Vuelo del Pillán” en sus registros, los Kuervos del Sur presentan una propuesta con un sello sonoro altamente patriota, rescatando -sin excesos- lo mejor de varias líneas musicales chilenas, pero con una influencia marcada de ‘Los Jaivas’.

“Los cometas”, canción que abre la senda del Pillán (‘espíritu de antepasados familiares’ en la cultura mapuche), muestra su progreso en términos de producción y sonido, con un ritmo enérgico, algo moderno, pero también virtuoso.

Recorriendo este disco se advierte una leve oda al clásico “Alturas de Machu Picchu”, legendario disco de Alquinta y Compañía. Ejemplo de aquello es la canción “El árbol del desierto”, tema sazonado con zampoñas y charangos, que advierte el camino andino y folclórico de esta gran propuesta nacional. Más claro ejemplo de su cercanía con “Alturas…”, y con la banda de Mario Mutis y Juanita Parra, es el cover de “Águila Sideral”, que suena solemne.

Mención honrosa para la mezcla de metal-progresivo y cueca en “El vuelo”, donde entre gritos de bar y el clásico ritmo en 6/8 de nuestro baile típico, crean una respetuosa alusión melódica a nuestro sonido patrio.

“Cenizas” podría ser la canción más representativa de este disco, pues mezcla en forma perfecta las tendencias e influencias de los curicanos, atado a las excelentes interpretaciones vocales de Jaime Sepúlveda, las delicadas notas en charango de Jorge Ortiz, con el apoyo pleno de Pedro Durán en guitarras.

“Colibrí” salta del folclórico canto de ‘Los Jaivas’ a la vanguardia de ‘Congreso’, demostrando nuevamente su apego a las influencias nacionales, lo que los convierte en la primera banda en inventarse a partir de las semillas de nuestra propia tierra. Ahora, si buscamos precedentes foráneos, hayamos toques de Rush en “Vagabundo”, quizás la canción más progresiva de todas, algo inevitable si pensamos en que allí radica su pilar sonoro. Pero es tenue y sutil su metamorfosis, pues son férreos en demostrar su arraigo a su sonido.

El oscuro plumaje de estos sureños enarbola una bandera sonora que nos remonta a bellos pasajes del pasado, con la energía de nuestras nuevas generaciones. Sus letras recrean paisajes de la naturaleza, el campo, la lluvia y el agricultor, arando su arte desde sus raíces maulinas, para tomarse de la mano del sonido que otros grandes músicos nacionales han forjado.

Los Kuervos del Sur son la nueva generación de rockeros: respetuosos del tiempo y nuestra música, lo que debemos aplaudir, apoyar e incentivar. ¿Cómo? Evitando que este tipo de discos dejen de escucharse. Es un favor conjunto para sus oídos, el futuro de los Kuervos y la nobleza de nuestro canto. No me cabe duda que esta historia continuará.