A casi un año y medio de las inundaciones que provocaron 31 fallecimientos, 16 desaparecidos y 164 mil damnificados en la Región de Atacama, la revista científica Geophysical Research Letters publicó el primer diagnóstico preliminar post aluvión.

El estudio realizado por académicos de Ingeniería de la Universidad Católica, asociados al Centro Nacional de Investigación para la Gestión Integrada de Desastres Naturales (Cigiden), analizó la geología y morfología de la zona, las características hidro climáticas y los impactos del inusual evento registrado en marzo de 2015.

La investigación comprendió la cuenca del río Salado y establece como principales conclusiones la influencia de los relaves mineros en la inundación, así como alteraciones morfológicas en la desembocadura del caudal y una importante erosión costera producto de los desbordes.

En declaraciones recogidas por el portal web de Ingeniería de la Universidad Católica, Cristián Escauriaza, uno de los autores del diagnóstico, señaló que “pese a que dicha tormenta presentó características únicas en la región, la acumulación de relaves mineros en la desembocadura del río Salado en Chañaral, que durante décadas elevó el nivel del terreno, y la construcción de la Ruta 5 Norte sobre estos sedimentos, fueron las principales causas que impidieron la evacuación natural de la crecida del cauce que sale por la ciudad”.

El investigador del Cigiden agregó que una inusual combinación de factores climáticos contribuyó a generar un flujo de agua extremadamente alto en la desembocadura, llegando a un máximo estimado en mil metros cúbicos por segundo. Esto, dijo, es comparable con el curso del río Baker, uno de los más caudalosos de Chile.

“Asimismo, las causas de la inundación llevaron a que los niveles de agua alcanzaran hasta 4,5 metros de altura en Chañaral, con velocidades máximas de ocho metros por segundo, similar al poder destructivo de los grandes tsunamis registrados en el país”, informó Escauriaza.

Para el director del Cigiden y académico de Ingeniería UC, Rodrigo Cienfuegos, la inundación de Atacama puso en evidencia las consecuencias que pueden tener el diseño de obras y la planificación de ciudades sobre la base de registros históricos insuficientes, donde además pueden existir escenarios de mayor incertidumbre climática.

Lo anterior quedó demostrado con la inundación del Mapocho en abril pasado. Por eso resulta importante que la sociedad pueda valorar y visibilizar los ríos y quebradas para reconocer su valor y además sus peligros”, precisó el profesional.

Cienfuegos señaló que existe una posibilidad real que este tipo de eventos vuelvan a ocurrir, por lo cual llamó a complementar las capacidades y los conocimientos ya instalados en el país, principalmente en el desarrollo y la planificación del territorio. Esto con el propósito de avanzar en sistemas de alerta que anticipen las condiciones climáticas y permitan evaluar sus impactos.