“Hay preguntas ingenuas, preguntas tediosas, preguntas mal formuladas, preguntas planteadas con una inadecuada autocrítica. Pero toda pregunta es un deseo por entender el mundo. No hay preguntas estúpidas”, Carl Sagan.

 

La filosofía no tiene por objetivo enseñar a pensar.  La filosofía, así como la física, biología, historia o matemática necesita el pensamiento y la reflexión para poder ser estudiada, pero el pensamiento y principalmente el pensamiento reflexivo o crítico es algo que se aprende mucho antes de haber estudiado filosofía. Es algo que se aprende en la infancia. El pensamiento reflexivo o crítico se aprende, así como muchos otros aprendizajes, sin que sea enseñado.

Se aprende en la experiencia de vivir pensando. Se aprende en la experiencia de vivir en un medio que permite pensar críticamente, en el colegio o en la familia, en un medio donde las preguntas sean permitidas, valoradas, incentivadas y no censuradas o ridiculizadas.

Pensar, dudar, cuestionar e indagar el mundo donde vivimos es lo que cualquier niño o niña hace naturalmente, pero al entrar al mundo escolar, generalmente, estas dudas y cuestionamientos son limitados a lo que es permitido según el orden establecido en el recinto, con esto encausamos la curiosidad del niño y la niña.

No desarrollamos, salvo algunas excepciones, un modelo libre para preguntas y reflexiones porque todavía creemos en el modelo bancario de educar: modelo que imagina que el educador deposita informaciones en el educando, y éste, las memoriza pasivamente. Este modelo, sin duda, es un modelo opresor y no colabora con desarrollar un pensamiento crítico ni reflexivo. Es un modelo que enseña a memorizar, no a pensar reflexivamente.

Enseñar, nos dice Paulo Freire, no es transferir conocimiento, sino crear la posibilidad de construcción. Permitir que el alumno, escuchándolo, desarrolle sus propios pensamientos. Muchos profesores, dicen, creen que los estudiantes están para aprender y el profesor para enseñar, olvidando que en el proceso de enseñar el profesor aprende, ya que “le enseña a enseñar” y también porque “la curiosidad del estudiante, a veces, puede conmover la certeza del profesor”. Por esto que, al limitar la curiosidad del alumno, el profesor autoritario está limitando también la suya.

Por otro lado, muchas veces, la pregunta que el alumno o la alumna hace sobre el tema – cuando es libre para hacerla – puede brindarle al profesor un ángulo distinto, el cual le será posible profundizar más tarde en una reflexión más crítica”. No será la filosofía la que enseñará a pensar a nuestros jóvenes, si antes no les dimos espacios de libertad para preguntar. Espacios amorosos y acogedores de reflexión crítica, porque es así como niños y niñas aprenden. Aprenden en la praxis, en la acción y reflexión.  Todavía recordando a Freire, “reflexión y acción de los hombres [y mujeres] sobre el mundo para transformarlo.”

No será por dos o tres semestres que nuestros jóvenes aprenderán de memoria la fecha de nacimiento y la nacionalidad de uno u otro filósofo, que diremos que aprendieron filosofía. Tampoco si, con suerte, consiguen distinguir que Platón se relaciona con una caverna, Hegel tiene algo que ver con la dialéctica y Heidegger hablaba mucho del ser.

Si a los jóvenes estudiantes no se les permite nada más que repetir lo que el filósofo dijo, porque durante todo su historia escolar no se le permitió pensar críticamente, solo será la sombra en la caverna de Platón, no  la verdadera filosofía.  La verdadera, empieza el día que entran en el colegio o quizás antes, en sus casas, y no se necesita de mucho. Quizás sólo un jardín para conversar amable, amigable y amorosamente, haciendo muchas preguntas como lo hacían los seguidores de Epicuro.

*“Que ninguno por ser joven vacile en filosofar, ni por llegar a la vejez se canse de filosofar. Pues no hay nadie demasiado prematuro ni demasiado retrasado en lo que concierne a la salud de su alma” Carta a Meneceo, Epicuro de Samos.


Psicóloga