Una de las mayores autoridades en anticoncepción de emergencia se quedó con el recientemente entregado Premio Nacional de Ciencias Aplicadas y Tecnológicas 2016. Se trata del doctor Horacio Croxatto, médico cirujano, biólogo, fisiólogo e investigador especialista en reproducción humana y métodos anticonceptivos.

El jurado que dirimió el galardón fue encabezado por la ministra de Educación, Adriana Delpiano, y estuvo integrado además por Ennio Vivaldi, rector de la Universidad de Chile; Darcy Fuenzalida, rector Universidad Técnica Federico Santa María, en representación del Consejo de Rectores (CRUCH); Mario Hamuy, presidente de CONICYT y Premio Nacional de Ciencias Exactas 2015; y José Ramón Rodríguez, Premio Nacional de Ciencias Aplicadas y Tecnológicas 2014.

Tras recibir el premio, Croxatto se declaró orgulloso y sorprendido, afirmando que “hay tantos chilenos que profesan las ciencias y que son merecedores de este premio, así que me siento muy orgulloso de haber sido elegido este año”, según consignó La Tercera.

En El Desconcierto quisimos mostrar algunas pinceladas de la carrera del galardonado doctor, que tras formarse en la Pontificia Universidad Católica llegó a ser tanto una eminencia en su especialidad como una oveja descarriada de la institución.

Irritando a El Vaticano y a la Pontificia

En la familia de Croxatto no se hablaba de sexo. El hijo de Hector Croxatto -también ganador del Premio Nacional de Ciencias- contó a Revista Paula, en un perfil realizado el 2008, que cuando se acercó a hablar con él para resolver sus dudas frente al tema, este solo le dio unas pastillas para inhibir el deseo: “Me educaron en los Padres Franceses y me enseñaron que el sexo era feo, sucio y malo. Indeseable”, afirmó en ese medio.

Ya en sus años de estudiante Croxatto sintió interés por la endocrinología. Buscando entender la forma en que el cerebro controlaba a los ovarios, postuló y obtuvo una beca para estudiar en Estados Unidos, en donde trabajó con renombrados científicos y empezó a trazar las primeras líneas de lo que sería el foco de su carrera: La anticoncepción. El mismo hombre que creyó hasta los 15 años que el deseo y la libido eran patrimonio exclusivo de los varones, comenzaba a principios de los años sesenta a adentrarse en un campo que revolucionaba la forma en que las mujeres se enfrentaban a su sexualidad.

Además de pasar horas horas estudiando las hormonas femeninas, el médico también tenía un ojo atento para lo que veía todos los días. Así fue como tras observar a su esposa tomar a diario la píldora anticonceptiva comenzó a idear un nuevo método, cuya efectividad entre otras cosas no se viera mermada por posibles olvidos. En ese trance creó, junto a Sheldon Segal, el implante subcutáneo, que se inserta debajo de la piel y desde ahí secreta hormonas, transformándose en uno de los anticonceptivos más usados hoy en día.

Al volver a Chile, Croxatto se incorporó como académico a la Pontificia Universidad Católica. Sin embargo, el camino en su alma máter no estuvo exento de baches, pues como el mismo afirmó uno de los objetivos de su labor científica es cambiar la idea de que la mujer debe tener “todos los hijos que Dios quiera darles, por todos los hijos que responsablemente quiera y pueda tener”, algo que no fue recibido con buenos ojos en la institución.

Apenas ingresó, se inició un prontuario de encontrones con la casa de estudios: Uno de los más fuertes ocurrió el año 1973, cuando prohibieron expresamente las investigaciones en torno a su área. Luego, en 1998, Croxatto decidió intervenir en un debate público. Se estaba planteando endurecer las penas que recaían sobre las mujeres descubiertas abortando y el académico manifestó su oposición a la medida mediante una carta. El vaticano puso el grupo en el cielo, instando a la PUC a sancionarlo, siendo excluido definitivamente de las aulas. Hasta el 2006 se mantuvo aislado en el laboratorio de la universidad, realizando investigaciones que ya tenía financiadas. En ese momento la distribución de la píldora del día después se encontraba en el ojo del huracán y el doctor volvió a pronunciarse públicamente, esta vez defendiendo con vehemencia la entrega del anticonceptivo de emergencia, afirmando – con muchos años de estudio en el cuerpo- que esta no era de ninguna forma abortiva. Después de eso, lo expulsaron de la Universidad Católica.

Paralelo a sus roces con la universidad vinculada a El Vaticano, y aun en tiempos de dictadura Croxatto daba otra batalla: quería que se le diera personalidad jurídica al Instituto Nacional de Medicina Reproductiva (ICMER), fundación de beneficencia sin fines de lucro dedicada a la atención de pacientes y el estudio de la reproducción y anticoncepción. Luego de que Mónica Madariaga les negara el permiso, el galardonado con la distinción nacional logró junto a otros médicos el año 1985, que el ICMER fuera reconocido, pasando a ser el principal centro dedicado al estudio de esos temas en el país.

El Premio Nacional no es su primera distinción. En 1999 el Gobierno chileno le entregó la Cátedra Presidencial en Ciencias, por su productividad científica, lo que se suma a otras 22 distinciones nacionales e internacionales. Actualmente, Croxatto se encuentra investigando junto a un grupo de científicos del ICMER el Meloxicam, un medicamento usado como antiinflamatorio. Según los avances de los investigadores, utilizado en dosis específicas y por varios días, podría funcionar como anticonceptivo de emergencia, sin causar los desórdenes en el ciclo hormonal que provocan los métodos actuales.

Luego de su expulsión de la católica sus labores vinculadas a la academia no se detuvieron. Hoy Croxatto es profesor honorario de la Universidad de Chile y de la Universidad de Valparaíso. También se desempeña como académico de la Universidad Nacional Andrés Bello.