El domingo recién pasado el rector de la Universidad Diego Portales, Carlos Peña, ha utilizado su espacio como columnista en El Mercurio para arremeter en contra de la recepción, por parte del gobierno de Chile, del Ministro de Relaciones Exteriores iraní.

En la mentada columna, titulada “Diplomacia y cinismo”, el rector Peña argumenta en contra de la recepción del dignatario iraní por ser este un país que, “según muestra Amnistía Internacional” viola en muchos aspectos de su legislación y prácticas, los derechos de las mujeres, las minorías sexuales y étnicas o religiosas. Su argumento es que, por más realismo que pueda existir en las relaciones internacionales, hay que establecer los derechos humanos como un “coto vedado” dice Peña, que no se debe permitir que ningún Estado traspase. Podríamos hacer una extensa lista de países que no respetan los derechos humanos, sea en su legislación interior, sea en sus acciones de política exterior y veríamos que los casos  que exhiben  hoy en día violaciones más flagrantes en este último aspecto son los de EEUU y Francia con sus intervenciones en países como Iraq, Siria, Libia, Mali, por citar solo los más recientes. De manera que no vamos a entrar en el idealismo del rector de pretender no relacionarse con países cuestionables desde el punto de vista de derechos humanos, porque no podríamos relacionarnos ni con nosotros mismos; la deuda histórica con los pueblos indígenas es solo un aspecto de como nuestro propio país no es fiel en el respeto de este “coto vedado”. Menos podríamos tener relaciones con EEUU o China y nuestra economía se vería seriamente afectada. En fin, reiteramos que no nos interesa  profundizar en esta arista del tema  porque conduce a un discurso moralizante sin fin.

Para  ir “al grano” , ¿cuál es el cinismo que esconde la columna de Peña al criticar la visita del canciller iraní?

Peña es Rector de una Universidad que mantiene convenios vigentes de cooperación e investigación con la Universidad de Tel Aviv, Israel. Estado que luego de haber llevado a cabo una limpieza étnica en Palestina en 1948, ocupa desde entonces el país bajo la forma que se conoce como “colonialismo de asentamiento”(en inglés “settler colonialism” es el término con que los historiadores palestinos y llamados “nuevos historiadores israelíes”, han dado en llamar a la especie de colonialismo que constituye el israelí, para diferenciarlo de otras formas de colonialismo). El de “asentamiento”, no tiene solo la finalidad de apoderarse de un territorio, explotar sus recursos y a su población nativa. Por el contrario, el colonialismo de asentamiento se caracteriza por apoderarse de un territorio, su proyección no es transitoria sino permanente, y el objetivo respecto a la población nativa es su expulsión o eliminación) y que mantiene un régimen de apartheid con los palestinos que han permanecido en su tierra.  Israel  ha violado cientos de resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU, tampoco ha suscrito las convenciones contra la tortura, no proliferación nuclear, tribunal penal internacional, etc. Sería incluso casi  un lugar común mencionar las sistemáticas masacres en contra de la franja de Gaza. Israel mantiene leyes discriminatorias de todo tipo contra los árabes palestinos y actúa con absoluta arbitrariedad sin tener en cuenta ninguno de los aspectos del “coto vedado” del señor Peña. Incluso, se ha hecho ampliamente conocida la política israelí de detener a los niños palestinos y considerarlos imputables desde los 12 años por el solo hecho de lanzar piedras. En lo que va de este año, solo en Jerusalén hay cerca de 600 niños detenidos, sin contar los de otras ciudades –como Al-Jalil o Nablus- donde dicha política es mucho más agresiva.

Nos podremos preguntar ¿qué relación tiene la Universidad de Tel Aviv o más en general, las universidades israelíes con las acciones condenables del Estado? La respuesta, lamentable por cierto, es que las universidades israelíes están al servicio del apartheid y lo sostienen. La alta producción tecnológica que  se genera en  los centros académicos de  Israel, tiene como destino su uso en la ocupación y la represión. Pero no solo eso, las universidades también incentivan a sus estudiantes a enrolarse en el ejército por medio de becas, y no en cualquier tiempo, sino en tiempos de operaciones militares de envergadura en contra de la población palestina, es decir, lo que llamamos comúnmente, masacres.

En 2014, durante la masacre de Gaza, la Universidad de Tel Aviv, anunciaba a través de su página web, un programa de becas para estudiantes que se enrolaran en el ejército para participar de la operación en Gaza, aludiendo al histórico compromiso de la universidad con la seguridad nacional. Es con esta universidad, que llama a sus estudiantes a enrolarse en el ejército para participar de una masacre que ha sido  repudiada  por el mundo entero (deberíamos suponer que también por el rector Peña), que la UDP ha firmado un convenio de cooperación en 2014, y no solo eso, han formado para el presente año, en conjunto con la PUC, una red de investigación  financiada por CONICYT. Es decir, el órgano que distribuye los recursos públicos de investigación en Chile, destina fondos a crear una red de investigación con representantes de una Universidad perteneciente a un régimen de apartheid de manera consentida y comprometida.

Todo esto reviste una gravedad mucho mayor que la situación expuesta por el rector Peña a propósito de la visita del canciller iraní, sin embargo, debe cínicamente hacer vista gorda porque se trata de la universidad que  dirige y de sus propios intereses.  Al igual que  para los estados imperialistas, el límite del “coto vedado” para Peña es su propio interés.

Por último, si en todo caso, el Rector Peña tiene un legítimo interés en hacer respetar el “coto vedado” para tener una comunidad internacional respetuosa de los derechos universales, entonces podría partir por interiorizarse en la campaña internacional de Boicot, Desinversión y Sanciones a Israel –BDS-, revisar los convenios de su Universidad con la de Tel Aviv y tomar una posición ante el apartheid israelí. Los derechos logran expandirse y hacerse exigibles cuando hay luchas colectivas, no a través de misivas individuales que para lo único que sirven es para hacer gala de una altanería intelectual que, por lo demás, en el caso de Peña, ya no tiene eco en nuestro mundo académico.


Profesor Centro de Estudios Árabes, Universidad de Chile.