Hablar de la crisis de Laureate, me recuerda a la escena de alguna mala película de acción, donde el protagonista anuncia que sucederá algo que acabará con la humanidad tal como la conocemos y que luego de mucho insistir, finalmente no es escuchado. Esto nos lleva a un largo y aburrido desarrollo el que culmina cuando se dan cuenta que el protagonista tenía la razón, pero ya era muy tarde para encontrar la solución.

Algo bastante similar ocurre hoy con gran parte de los estudiantes del grupo Laureate, grupo que controla la Universidad Andrés Bello, la Universidad de las Américas, la Universidad Viña del Mar, el Centro de Formación Técnica AIEP y la Escuela Moderna de Música. En esta ocasión quienes advierten el problema son los estudiantes y quien no escucha es el gobierno.

Tras años de ver mermada la posibilidad de organizarse debido a la serie de trabas institucionales que ponían, especialmente las direcciones de asuntos estudiantiles de dichas casas de estudio, amparadas bajo el ya derogado DFL2, pudimos ver como durante este año – y que de forma histórica – gran parte de estos estudiantes, principalmente los de la Universidad Andrés Bello y Viña del Mar, se levantaban contra sus autoridades y denunciaban a viva voz la serie de problemáticas tanto internas como transversales que afectan a las universidades de este grupo controlador y en general a la educación en Chile.

Sin embargo, esto no es nuevo, investigaciones de CIPER Chile, artículos en El Mostrador y también las investigaciones realizadas por la periodista María Olivia Monckeberg, en sus libros “Con fines de lucro” y “El negocio de las universidades en Chile”, sacaban a la luz pública hace ya un par de años una realidad más que evidente, pero muy difícil de corroborar. La relación de las instituciones anteriormente nombradas con su controlador Lauréate, hacían presumir no solo irregularidades, sino que también, dejaban en evidencia las formas en las que este grupo realizaba las operaciones para sacar el dinero de Chile.

Tras años de estas denuncias y con un ministerio de brazos cruzados, sale a la luz algo que era más que evidente. En Estados Unidos, el CEO y fundador de Laureate presenta una oferta de carácter público con miras a una apertura a la bolsa y con esto poder llevar adelante la venta de acciones de este gigante del rubro educacional.

Douglas Becker se dirigía a los futuros inversionistas por medio de una carta donde define a Lauréate como una empresa con fines de lucro, pero con un profundo compromiso de beneficiar a la sociedad. Un negocio en crecimiento, pero con el corazón de una organización sin ánimos de lucro. Una empresa con un bonito discurso, en resumen.

A su vez, en el informe que entregó Lauréate a la Securities and Exchange Commission, se señala que en estas instituciones de “interés variable” (forma en la que se trata a las instituciones que están en países donde no se permite el lucro) y debido a la incertidumbre que existe en Chile con el proceso de reformas, las proyecciones y el ingreso de capital se ha reducido, algo que resulta bastante contradictorio entendiendo que estos planteles en palabras de directivos de Lauréate Chile y también de directivos de las diversas casas de estudio pertenecientes a este conglomerado, “no lucran”.

Personalmente esto no me impresiona, viví algo muy similar el año 2011, cuando siendo parte de la mesa ejecutiva de la Federación de estudiantes de la Universidad del Mar y en pleno proceso de movilización, escuché del mismo rector de la casa de estudios que la Universidad del Mar: “no lucraba”.

Con la noticia que hemos conocido durante estos días, resulta inevitable revivir el fantasma de la Universidad del Mar, un ejemplo claro del fracaso del privado con fines lucrativos como prestador de servicios educacionales, viéndose también el fracaso del Estado Subsidiario y del Ministerio de Educación como órgano del estado encargado de velar por la educación en Chile.  La falta de control y fiscalización, como también las pocas facultades que tiene el ministerio en esta materia, nos dejan en claro que, al día de hoy, poco ha cambiado y casi nada se ha aprendido.

La falta de control y fiscalización, como también las pocas facultades que tiene el ministerio en esta materia, nos dejan en claro que, al día de hoy, poco ha cambiado y casi nada se ha aprendido.

A 5 años del desastre que significó dejar a casi 20 mil estudiantes en la calle, surge la incertidumbre sobre qué pasará ahora con los más de 170 mil estudiantes que hacen de la red Lauréate una de las más beneficiadas por los dineros fiscales relacionados a créditos y becas. Sin obviar, que por otro lado esta cifra de estudiantes se convierte en una moneda de cambio para Laureate ante un ministerio que no cuenta con las herramientas necesarias para actuar en defensa del estudiantado y la educación de este país.

Puede ser que esto quede en absolutamente nada, quizás esta noticia se archive y se deje de lado de la misma forma que se han dejado de lado una serie de investigaciones sobre el lucro y en especial aquellas que dicen relación con este gigante multinacional, dejando en claro que a 5 años de la crisis de la Universidad del mar y habiendo solo aprobado la ley del interventor, aun no hay fórmula para enfrentar una crisis de esta magnitud. La política del terror que podría implementar el grupo controlador para con el ministerio, usando a estos 170 mil estudiantes como escudo, dejaría en evidencia que quienes mandan hoy en día, son ellos.

Pero fuera de todo lo anteriormente mencionado, hay que dejar en claro que, si hay alguien que ha aprendido, se ha organizado y comienza a manifestarse críticamente, ha sido la comunidad estudiantil. Cuando la crisis de la U del mar azoto, pillo a muchos de sorpresa. Pues bien, de aquello se ha aprendido, tanto de los aciertos y desaciertos. Hoy en día podemos decir que existe una gran posibilidad que estudiantes y docentes de  las casas de estudios de Lauréate  y porque no, de otras tantas privadas, comiencen a generar los espacios de encuentro para debatir acerca de una nueva universidad, proyectos educativos que pongan en el centro al estudiante  y la calidad , no al mercado, que por sobre todo desplace al capital privado del control de un centro educacional y logre instaurar una política con miras a mantener y mejorar la calidad.

Resulta imperante poner un coto al actuar del privado, ya sabemos sobre las compras de servicios, el uso de imagen o marca, la compra de cursos, capacitaciones y otros tantos servicios que no admiten licitación alguna y que son comprados al mismo controlador.

Ya no basta con Regular, llego el momento de las medidas, llego el momento que el estado actué de forma directa y no reaccionariamente como acostumbra. La burla que significo para todos los estudiantes, como también para el mismo MINEDUC las declaraciones del CEO de Laureate, deben ser motivo más que suficiente como para dar celeridad a los proyectos que duermen en el congreso, uno de los cuales establece penas de delito para quienes lucren con la educación, pero que, sin embargo, al no contar con la urgencia, facultad del ejecutivo, se mantienen sin discutir.

El tiempo aun nos juega a favor, las voluntades para el cambio por parte de quienes legislan deben existir para evitar una crisis mayor.

 

 

 


Ex vicepresidente de la Universidad del Mar y ex presidente de Derecho en la Universidad Viña del Mar.