Que las pensiones en Chile sufrirían una crisis era un secreto a voces. A simple vista su modelo, su lógica y sus resultados avizoraban destinos negativos para las Administradoras de Fondos de Pensiones. Los montos prometidos  en su etapa creación –con la demagogia y bota dictatorial de respaldo- no se cumplieron, porque el sistema eliminó el concepto de seguridad social y lo reemplazó por un régimen obligatorio de ahorro individual, administrado por privados y concebido como pieza fundamental para sostener inversión privada con dineros de todos los chilenos en el andamiaje de una economía neoliberal.  La fatalidad anunciada llegó y hoy miles de chilenos, de diversos segmentos sociales y con ingresos e historias laborales múltiples, reciben bajas pensiones porque les dicen que sus fondos ahorrados no son suficientes para una jubilación digna. Ese es el sistema que hizo crisis y que la sociedad exige cambiar.

Los profesores, gremio que se caracteriza por históricos bajos salarios, padecen una de las caras más trágicas del modelo de AFP. Las pensiones en el magisterio incluso no alcanzan la media nacional, son miserables.

Los defensores del modelo argumentan falazmente que las bajas pensiones chilenas obedecen a lo que ellos llaman la “baja densidad de cotizaciones”, es decir, se justifican en la existencia de “lagunas” previsionales generadas por períodos donde no existió empleo y eso disminuye  la cantidad de meses en que el trabajador cotizó en su fondo individual. Afirmaciones que no se apegan a la realidad en el mundo de los profesores. A modo de ejemplo, una maestra que trabajó 40 años y que al momento de jubilar bordea $1.000.000 de salario y que nunca dejó de cotizar ni cambio de empleo, recibe como pensión de alrededor de $ 200 mil. Es decir,  una tasa de reemplazo del  20%, cifra que se ubica a una enorme distancia del  70% que como mínimo prometieron cuando a sangre y fuego impusieron su modelito. Y que por cierto, no le alcanza para vivir con dignidad.

La condena no sólo la sufren los profesores ya jubilados bajo este modelo, el destino para quienes están próximos a terminar su período  laboral tampoco es mejor, ya que, las proyecciones que les entregan sus propias AFP no difieren mayormente de las cifras señaladas anteriormente.

La concepción neoliberal que creó las AFP asume las pensiones como una mercancía transable en los vaivenes del mercado. La rentabilidad del modelo en 30 años llegó a poco más de un 8%, cifra magnífica para sus administradores como negocio, sin embargo, esa “bondad” del modelo no se extendió hacia los cotizantes de un régimen de capitalización individual. Las AFP nunca pagaron el riesgo de sus inversiones como toda lógica de negocios lo impone y al revés, siempre los malos resultados  fueron a costa de los cotizantes, la casa nunca pierde. Los costos de administración son elevados no sólo en términos de servicios, desempeños y rendimientos  de inversiones, sino además,  unilaterales y con tarifas sobrevaloradas.  A su vez,  el millonario negocio de las pensiones incubó un esquema perverso de concentración de la propiedad, que funciona sobre la base de inversiones en la bolsa (mercado de capitales) con las cuantiosas remesas de los cotizantes en bancos, en empresas de retail , en mineras y en otros rubros, que son propiedad de los mismos administradores de AFP. Negocio redondo, se apropian de multimillonarios fondos que son nuestros y con ellos obtienen ganancias estratosféricas, que luego no traspasan a los dueños de los fondos o lo hacen en porcentajes ínfimos

Con tres décadas de vigencia, el sistema de AFP no funcionó y por más correcciones a sus anomalías, entre ellas, el pilar solidario creado en el primer gobierno de Michelle Bachelet,  el fracaso es inevitable. Hoy existe un escenario crítico que nos convoca a dar una discusión de fondo: Terminar con la lógica de la seguridad social como una mercancía. Ahí hay que enfrentar la doctrina neoliberal con la lógica de la solidaridad, la colaboración y la construcción de futuro entre todos y para todos.

El 24 de julio, la ciudadanía instaló el tema de las pensiones desde la calle con multitudinarias marchas en todo el país. Las medidas parches anunciadas por La Moneda –como respuesta- no tuvieron eco en la población, que el domingo 21 de agosto nuevamente salió con más bríos a marchar por todo Chile exigiendo el fin a las AFP. El gobierno insiste en dar continuidad del modelo y mantiene la idea de perfeccionar el sistema: propone para “hacerlas menos malas” aumentar  en un 5% las cotizaciones con cargo al empleador, desecha cambios estructurales  y se ilusiona en que una AFP estatal  condicionará la competencia arrojando “mejores” jubilaciones. La NM no tiene convicción de cambio y cuando la coalición política está en su etapa terminal, desplaza un problema político que les explotó en la cara y patea un conflicto social inmanejable hacia soluciones inciertas en el futuro. Pero por sobre todo, el gobierno y sus asesores no pretenden poner en riesgo el millonario negocio de los principales grupos económicos del país que usufructúan de los ahorros previsionales de todos los chilenos.

Las movilizaciones, como ya  han marcado el camino en los estudiantes y los profesores,  lograron poner el tema en la primera línea. Exigen el fin al modelo de las AFP y convocan a la ciudadanía  dar un debate para nuevo modelo que contemple, entre otras opciones, un sistema solidario, de reparto y digno para los chilenos. Acá no es necesario inventar el café con leche si ya fue creado: los países con sistemas previsionales que funcionan lo hacen sobre la base de aporte tripartito (trabajador, empleador y Estado) y con una mixtura entre el número de cotizaciones realizadas (aporte individual) y un sistema de reparto (solidario)

Los profesores nos hemos sumado activamente en todo Chile a las movilizaciones contra las AFP y estaremos siempre presentes. Creemos que la presión social debe mantenerse y sabemos que las autoridades navegan  en un escenario de crisis generalizada del modelo político y por ello, asumimos que es imposible que la clase política revierta la actual situación de desconfianza y descredito que los tiene en el suelo. Nos sumaremos a la convocatoria para una nueva marcha familiar el 16 de octubre, como también al llamado de paro nacional para el 4 de noviembre y seremos activos participantes.  Las pensiones de los chilenos están en juego hoy y mañana, razón suficiente para convocar a un plebiscito que dirima qué modelo quieren para su futuro.

Si los mismos que gobiernan hoy, aceptaron ayer un plebiscito impuesto  para terminar con la dictadura, hoy deben ser capaces de convocar  también a una consulta popular para poner fin a un sistema de pensiones miserables heredado del modelo de Pinochet.

 


Presidente del Colegio de Profesores de Chile