El día de ayer el Papa Francisco canonizó a Teresa de Calcuta, quien ahora tendrá, para los católicos, el estatus de santa. Mientras que toda una generación creció con su imagen asociada a figuras como Lady Di y un relato en medios que destacaban su entrega total a los pobres con frases atribuidas a su persona como “No puedo parar de trabajar, tendré toda la eternidad para descansar”. Sin embargo, con el tiempo exvoluntarios de las Madres de la Caridad han revelado nuevos antecedentes.

Nadie quiere saber que su icono de la compasión, premio Nobel de la Paz, era una fanática religiosa amiga de dictadores, ricos y corruptos. A los pobres les pidió resignación y los ayudó a morir, pero sin darles cuidado profesional”, denunció al diario El País Aroup Chatterjee, un doctor indio que hoy vive en Londres. Chatterjee es conocido como uno de los críticos más consistentes de la madre Teresa: ha escrito varios libros y participado en documentales al respecto.

Y, aunque la hoy canonizada religiosa aseguró siempre que lo suyo no era la política, en la práctica dio su reconocimiento, entre otros, al dictador de Haití Jean-Claude Duvalier o al régimen totalitario de Enver Hoxha, en Albania. En sus campañas de financiamiento para las Madres de la Caridad recibió criticadas donaciones como las de Charles Keating, que fue encarcelado por el mayor fraude financiero en la historia de Estados Unidos hasta finales de los ochenta.

Según señala Chatterjee al medio español, es imposible determinar el monto real de las donaciones que recibía la madre Teresa, pero que ascendieron a millones y millones de dólares. “Con esa fortuna podría haber ayudado a vivir mejor a los enfermos”, critica. Para el médico, la religiosa era una fanática que pregonaba el culto al sufrimiento: “A los moribundos no se les daba ningún analgésico fuerte, incluso en los casos más extremos, y los cuidados no eran profesionales, carecían de la más básica higiene, sufrían condiciones de tortura”. Reconoce que la situación ha mejorado en los últimos años, pero recalca que todavía es pésima.

Otro testimonio crítico recogido por el periódico español es el del cubano-estadounidense Hemley González, que en 2008 fue voluntario junto a la religiosa. “Me di cuenta de que se trataba de una violación sistemática a los derechos humanos y de un escándalo financiero”, asegura. Cuenta que vio como las agujas solo eran lavadas con agua para ser usadas de nuevo y que a los enfermos se les daba medicinas caducadas. Además, según relata, los voluntarios no tienen ningún tipo de preparación: “Uno de ellos le dio de comer a un paralítico que se atragantó y murió. Yo estuve en la cremación de 12 personas, algunas de las cuales creo que pudieron haber sobrevivido”, afirma González en El País.

Al respecto, la investigación canadiense “Madre Teresa, cualquier cosa menos una santa”, que será publicado en la edición de marzo de la revista “Studies in Religion” señala que la religiosa creía que había algo hermoso en “ver a los pobres aceptar su suerte” y sufrir como Cristo. Sin embargo, cuando ella requería atención médica, acudía a modernos hospitales de Estados Unidos.

Esto se grafica en un video donde se la ve explicando que bautiza moribundos “para que San Pedro los deje entrar al cielo”. Y concluye que “es muy bonito ver a la gente morir con tanta alegría”.

Asociada a los sectores más conservadores de la iglesia, Teresa de Calcuta aprovechó su discurso de recepción del premio Nobel de la Paz en 1979 para insistir en su campaña contra el uso de anticonceptivos -en un país con el mayor índice de pobreza extrema del mundo- y la legalización del aborto. En esa oportunidad declaró que “el más grande destructor de la paz hoy es el llanto del inocente niño no nacido”.