Hace unos meses, en el marco de la investigación para la reedición del libro “Terrorismo de Estadio: Prisioneros de Guerra en un campo de Deportes” (Editorial Latinoamericana), la periodista Pascale Bonnefoy revisaba el sumario de la Fiscalía Militar de 1973 sobre el caso de Óscar Delgado, miembro del grupo conocido como “Los Catorce de la Fama”, detenido el 3 de octubre de ese año y llevado al Estadio Nacional, lugar en el que fue torturado y asesinado.

Si bien esto se sabía -el mismo certificado de defunción de Delgado lo decía-, lo novedoso vendría por otra parte. En ese sumario constaba que el comandante del campamento del Estadio Nacional, Jorge Espinoza, había enviado un informe diciendo que la muerte de Delgado se debía a un “intento de fuga” de su parte. La versión de los hechos la había dado el encargado del traslado de prisioneros desde los camarines del estadio al velódromo: el subteniente Reinel Bocáz Rocha.

Le bastó un rato a la periodista Pascale Bonnefoy buscando a este personaje para darse cuenta de un dato insólito: Bocáz Rocha, lejos de enfrentar alguna clase de responsabilidad por este hecho, llevaba doce años siendo edecán de la Cámara de Diputados, con un sueldo mensual que superaba los $6 millones de pesos.

Bonnefoy comunicó esta información al Programa de Derechos Humanos del Ministerio del Interior, así como al presidente de la Cámara de ese entonces, Osvaldo Andrade. Nadie tenía idea.

La periodista publicó la información en The Clinic el 6 de julio pasado y, transcurrida media hora, Bocáz Rocha se vio obligado a renunciar a su cargo. Además, el ministro Mario Carroza dictó una orden de detención y procesamiento en contra del ahora ex edecán. Todo ocurrió la misma semana en que el propio ministro ordenó el procesamiento del ex comandante en jefe del Ejército, Juan Emilio Cheyre.

Reinel Bocaz Rocha, foto por Agencia UNO

Reinel Bocáz Rocha, foto por Agencia UNO

Esta es una de las consecuencias que ya ha tenido la investigación de reedición del libro de Bonnefoy “Terrorismo de Estadio: Prisioneros de Guerra en un campo de Deportes” –originalmente publicado en 2005-, que se lanzará hoy a las 19:00 horas en la Sala de Conferencia y de Arte del Estadio Nacional, con la participación de la periodista María Olivia Mönckeberg y el ex ministro en causas de Derechos Humanos, Juan Guzmán Tapia.

La autora de la investigación conversó con El Desconcierto sobre los alcances que tiene esta reedición. “Terminé haciendo una investigación totalmente nueva, porque me conseguí más de 20 expedientes, pude entrevistar más gente, tuve acceso a más militares adjuntos. Terminó siendo un libro bien distinto”, asegura.

Ya son más de diez años desde la primera edición, ¿qué cosas han cambiado desde entonces?
-Cuando publiqué el libro había una sola causa, la de Charles Horman. En último minuto se había sumado la de las boinas negras del Ejército que fueron ejecutados en Peldehue, ya que dos de ellos habían sido trasladados al Estadio Nacional. Desde entonces se han abierto más de una docena de investigaciones judiciales. Por mi parte, revisé estos expedientes y además accedí a otros catorce de la Fiscalía Militar del ’73. Se me abrieron nuevos mundos de investigación, surgieron nombres que no tenía ni idea que estaban vinculados al Estadio Nacional, supe detalles de ejecuciones, pude saber quiénes eran los jefes de tropa, las jefaturas intermedias, de dónde venían, de qué se hicieron cargo y de qué manera. A muchos de ellos los entrevisté después, algunos cuentan cosas y otros nada.

¿Y qué cosas te contaban?
-Algunos contaban cómo les ordenaban retirar cadáveres y tirarlos en la vía pública habitualmente. Parte de la explicación de por qué no se sabe con certeza cuánta gente murió en el estadio. Porque hubo gente que fue arrestada, ejecutada, sacada del estadio para ser fusilada o asesinada en el estadio para luego ser sacada a la vía pública y al final hubo gente que supo de su familiar o compañero porque se encontró el cuerpo en la calle o en la morgue, pero sin saber que había pasado por el estadio. Los testimonios de militares me llamaron la atención.

¿Qué fue lo que más te llamó la atención?
-Las distintas reacciones. Hubo uno que se ofuscó de inmediato, estaba muy enojado. Otros que fueron muy abiertos, más allá de mis expectativas. Otros muy afectados todavía. Por ejemplo, uno me dijo el otro día que al Estadio no vuelve nunca más, porque lo trauma. Tiene asociaciones de olores, miedo, terror y recuerdos de los cuerpos. Fue mala experiencia para muchos militares también. Otros procesados no quisieron hablar para no perjudicarse aún más. Algunos sienten que están siendo culpados por cosas en las que no participaron directamente, pero están siendo procesados porque formaron parte del aparato en general, sienten que se le está cometiendo una injusticia.

¿Qué opinas de ese discurso? A propósito de lo que ha pasado con Juan Emilio Cheyre, por ejemplo.
-En algunos casos es cierto. No hablo de Cheyre porque desconozco los detalles de ese caso. Pero por ejemplo hay un militar, que no dio una entrevista, del cual solo he escuchado cosas positivas por parte de los propios detenidos y detenidas. Fue de “los buenos”, que ayudó, pero está siendo procesado. No era interrogador, era de planta. Había de todo. Estamos hablando del 11 y 12 de septiembre, hay muchos que no saben a lo que van, a algunos los echaron del Ejército después por descubrirlos apoyando a unas detenidas, y recibieron un fuerte castigo físico.

¿Qué grado de responsabilidad crees que tienen entonces?
-Hay todo tipo de responsabilidad. Yo puedo entender que haya militares que digan que no participaron y efectivamente fue así, pero ha pasado más casi medio siglo. No se justifica que no hablen ahora, como podrían haber hecho hace diez o veinte años. Yo entiendo que pueden tener temores de terminar presos o de que sus familias se enteren, pero hay muchos que, si bien no participaron directamente, supieron cosas. Pueden nombrar a los responsables, o entregar información de contexto o algo que aportara y no lo hacen. Eso para mí es injustificable, ya ha pasado mucho tiempo. Además se están muriendo, entonces ¿quién va a contar la verdad?

De cara al próximo aniversario del 11 de septiembre, ¿cómo ves el interés de la gente por seguir sabiendo de estos temas?
-Yo creo que hay un desinterés, mucha gente que dice “basta, ya sabemos”. Yo me he preguntado cuánto más hay que indagar, y en realidad cada vez que empiezo a rasgar un poco la superficie me doy cuenta de lo mucho que falta. Recién hace dos meses atrás vengo a descubrir lo del edecán de la Cámara de Diputados, eso es muy presente. A mí un poco me da lo mismo si quieren leer el libro o no, pero es importante dejar un registro histórico documentado, impreso.

Pascale Bonnefoy, foto de Tomás Munita

Pascale Bonnefoy, foto de Tomás Munita

Revisa el siguiente extracto de “Terrorismo de Estadio: Prisioneros de Guerra en un Campo de Deportes”, que cuenta la historia de Carlos Salazar, prisionero del estadio cuya muerte fue explicada como suicidio, a pesar de las extrañas circunstancias en que se dio:

 

Extracto adaptado del Capítulo 11, Tiembla el estadio

 

Extracto Carlos Salazar – Terrorismo de Estadio

 

Carlos Salazar Contreras

Carlos Salazar Contreras

Carlos Salazar Contreras

Carlos Salazar Contreras