Antes de la década de los ’60, el rodeo era una actividad cotidiana del campo chileno, su función netamente agropecuaria, constaba en ir a buscar el ganado a los cerros, llevarlos a corrales cuadrados (que con el tiempo se fueron modificando hasta convertirse en la medialuna actual) y marcarlo, para su posterior engorda y venta.

En 1962, el Consejo Nacional de Deportes y el Comité Olímpico de Chile lo reconoció como disciplina deportiva. La primera federación en aceptar que las mujeres corriésemos en la medialuna fue Fenaro (Federación Nacional de Rodeo y Clubes de Huasos).

En el año 2005, y con 23 años, corrí por primera vez en una medialuna. Proveniente de familia corralera, comencé a practicar lo que para mí era parte de nuestra tradición y de nuestra historia. Qué equivocada estaba.

Como público, sólo vemos una pincelada de lo que realmente ocurre en el rodeo, la realidad es otra, más cruel y dolorosa.

Durante el tiempo que corrí, pude confirmar los frecuentes maltratos contra el ganado equino y bovino, espuelas adulteradas, novillos bajo el peso manifestado en el reglamento, cito: No deberán correr en ningún Rodeo, ganado bovino de peso inferior a 300 kilos, ni superior a 500 kilos” (Art.242 del 2016).

El poco respeto y preocupación para con los animales era cotidiano. Además de picanas eléctricas, golpes de espuelas que muchas veces dejan heridas evidenciables en el equino; azotes con el correón, hematomas costales en el novillo y hematomas pectorales en el equino, sangramiento nasal y/o bucal en ambas especies producto del sobre esfuerzo físico o de los constantes golpes, fracturas de cachos y extremidades, cojeras, etc.

Estas son imágenes frecuentes en el rodeo, algunas de ellas descritas en el Reglamento y que son motivo de sanción, pero que claramente, no se cumple;  cito textual: Se sanciona al corredor que castigue a un caballo en forma evidente y exagerada en cualquier lugar del recinto del rodeo, es decir, medialuna, corrales, pesebreras, etc., con la eliminación del Rodeo” (Cod. De procedimientos y penalidades Federación de Rodeo Chileno).

Son estos motivos y más, los que me hicieron tomar la decisión correcta: abandonar lo que una vez fue parte importante de mi familia.

Estos hechos dejan en evidencia el no cumplimiento del Reglamento de Rodeo, demostrando que esta actividad “deportiva” es una organización débil, cuyos representantes y quienes la practican (en su mayoría), no tienen ética, preocupación, amor ni interés por el bienestar animal.

¿Hay maltrato animal en el Rodeo Chileno? Absolutamente. Y los responsables son aquellos que disfrazan el dolor animal llamándolo deporte nacional.