Realizada la cumbre del G20 en China, los países latinoamericanos presentes en el cónclave mostraron voluntad de profundizar la dependencia al programa liberalizador propuesto por los grandes capitales transnacionales y las principales potencias del capitalismo mundial.

El mexicano Peña Nieto tuvo que explicar el encuentro con Donald Trump, y poco trascendió sobre los intercambios con Barack Obama, ratificando el rumbo económico de México, muy atado a la subordinación con EEUU. El que estrenó cargo, luego del golpe a Dilma Rouseff fue Michel Temer, quien informó sobre las próximas privatizaciones, concesiones y el ajuste fiscal a desplegar por Brasil en el corto tiempo. Todos los elogios, especialmente del presidente de EEUU se los llevó Mauricio Macri. El Presidente argentino fue saludado por sus políticas de apertura, liberalización, de promoción de la iniciativa privada y acuerdo con los acreedores externos.

La presencia regional en el cónclave del G20 profundiza las relaciones de dependencia en el sistema capitalista. Es lo que se puede concluir de este G20, ya sin relato crítico al neoliberalismo profesado hace poco tiempo. La coincidencia del proyecto político en los tres países latinoamericanos y el objetivo del capitalismo mundial expresado en el G20 se concentra en la necesidad del crecimiento. Brasil y Argentina atraviesan una profunda recesión y aspiran a superarla con radicación de inversiones externas. Los poderosos del G20 señalan que el problema desde la estallada crisis en 2007/08 es la falta de crecimiento, con lo que saludan airadamente las apuestas de los presidentes latinoamericanos.

Para promover el crecimiento, todos los países capitalistas necesitan recuperar el papel de las inversiones como motor de la valorización de capitales. Ya no alcanza con los incentivos financieros provistos por los principales Estados del capitalismo mundial, que genera nuevas y gigantescas burbujas especulativas que hacen crecer la inestabilidad del sistema mundial. Les preocupa la falta de crecimiento y el descontento social que genera el ascenso de la derecha mundial, como lo expresa el Brexit según señalan los principales informantes de las clases dominantes, caso del FMI.

El Brexit o el ascenso de Trump en las encuestas, como otros nacionalistas, se sustenta en los impactos regresivos de la globalización capitalista, por lo que los principales líderes del G20 alientan rápidas salidas liberalizadoras entre las que cuentan las reformas laborales, al estilo de la que impulsa actualmente Francia. Ya se piensan en nuevas rondas de reformas laborales en Latinoamérica, replicando y reforzando las ocurridas en los 80 y 90 del siglo pasado. Es una fuente más de desconformidad de la amplia mayoría de la población, las trabajadoras y trabajadores que soportan las condiciones de un modelo productivo y de desarrollo que afecta sus vidas y la del entorno natural, por lo que da para pensar en el futuro.

¿Qué futuro? ¿El de la profundización de la globalización capitalista en versión G20 o la cerrazón nacionalista con “muros” a lo Trump o aislamiento según el Brexit? ¿Existe otra posibilidad? Sí, si se puede pensar más allá del capitalismo y ello supone pensar en otra matriz productiva para otro modelo de desarrollo con otros beneficiarios y perjudicados del orden social mundial.


Doctor en Ciencias Sociales, Presidente de la Fundación de Investigaciones Sociales y Políticas y Director del Instituto de Estudios y Formación de la Central de Trabajadores Argentinos (CTA)