Antes de querer formar buenos ciudadanos, que quieran a la democracia, como el mejor espacio social para vivir en tolerancia y respeto a la ley, creo que es necesario educar a la persona. Lo anterior, lo sostengo bajo la premisa que, si los colegios, bajo la modalidad administrativa y en el contexto socio cultural que existan, pudieran ofrecer calidad y pertinencia filosófica a sus estudiantes, tendríamos personas más sanas, auténticas e interesadas  en su contribución al bien común.

Para ilustrar mi pensamiento, quisiera ejemplificarlo con lo observado a través de un reportaje que TVN exhibió en su noticiero central hace algunos días: Un colectivo de jóvenes con una orientación sexual distinta al común de la población mostraba algunas iniciativas que buscaban en su comunidad escolar como el respeto de su identidad, simplemente para que los dejaran ser. Como espectador me sorprendí por la crueldad, intolerancia y múltiples manifestaciones de repudio de sus compañeros, todos varones, ante lo cual me pregunté, ¿por qué ese Colegio no ha creado conciencia entre sus estudiantes acerca del valor de la tolerancia y el respeto, condición moral previa al nacimiento de la solidaridad y el amor fraternal? Sin duda que dicha pregunta puede ser motivo de interpelación a muchas otras escuelas y colegios del país, en donde se manifiesta la violencia y otros males sociales de variada índole.

Sé que el lector/a -sobre todo si es educador- tendrá múltiples respuestas y quizás ninguna de ellas sea la explicación suficiente para entender el origen del molestar en la sociedad, ni menos la solución, pues si así fuera no existirían tantas personas insatisfechas e infelices con sus vidas.

Aquí vuelvo a mi tesis, pues si en los colegios del país ejerciéramos el espacio de la filosofía como acción – reflexión, creo que ofreceríamos al menos una posibilidad distinta en la mente y el corazón de nuestros estudiantes, para que “pensaran” antes de masificarse, aprendieran a decir que no ante las malas influencias; a creer más en sus capacidades y constructores de una sana autoestima; a ser capaces de aprender a esperar y tolerar la frustración; acreer que el espacio social lo construimos entre todos, con nuestros gestos y acciones cotidianas, entre otras actitudes positivas.

También pensaba, mientras observaba el reportaje de TVN, en lo difícil que debe ser para el docente de filosofía ejercer su profesión de modo tradicional con sus estudiantes, intentando convencerles, vía palabra hablada, de lo valioso de su saber. Más aún si no ha tenido la oportunidad de conocer y poner a prueba otras didácticas en la enseñanza de la filosofía, centradas en la observación de sí mismos y la experiencia de vivencias comunes en el aula y fuera de ella utilizando los recursos que los jóvenes multimediales más valoran hoy en día como son la expresión corporal, imaginación y expresión de sentimientos. Desde allí podría llevarles al cultivo del pensamiento reflexivo y la creatividad.

Piense el lector/a en lo significaría para nuestros jóvenes estudiantes de 3° y 4° medio, agobiados por la PSU, desanimados por los problemas que les afectan, carentes de una adecuada comprensión de su propia situación existencial, “embobados” por el celular y las redes sociales, pensando en el “carrete” del fin de semana, que en una clase de filosofía el profesor/a les propusiera que se cambien de puesto y se sienten frente a frente, cada uno en su mesa, con el compañero/a que menos conozcan y compartan en el curso. Y así vayan contestando en sus cuadernos y en silencio algunas preguntas, tales como: ¿cuál es tu nombre completo?; ¿desde cuándo estudias en el colegio?; ¿con quienes vives?; ¿cuál es la manera en que te llaman en el curso?; ¿quiénes son tus mejores amigos en el curso?; ¿cuáles son las asignaturas que más te “gustan” y las que más te “cuestan”?, etc. Todas preguntas que les invitan a mirarse a sí mismos en relación a otros. Sin duda, desde mi experiencia de clases, apoyado en algunos conceptos centrales de la Gestalt y los aportes de las neurociencias, se crearían otro ambiente de convivencia escolar.

¿Y la filosofía? Pues bien, una vez que los estudiantes se han  dado cuenta de la manera en que se relacionan, y establecen sus vínculos, les llevo a conocer el pensamiento de algunos filósofos, que exponen posiciones diversas, en algunos casos contradictorias, respecto del tema de la amistad y la convivencia humana, por medio de pasajes seleccionados de sus obras, las que al ser leídas y debatidas en la modalidad del “Seminario Socrático”, les conducen a ejercitar el pensamiento reflexivo, en ambientes de tolerancia, respeto, silencio, argumentación y también creatividad. ¿Qué valor tiene la experiencia construida desde la vivencia y la reflexión para su estar en el curso, sus vidas, entorno cercano y la sociedad en que vivirán sus vidas? Pues dejo al lector la respuesta.

Al menos mis estudiantes de 4° medio, al dialogar en torno a la iniciativa del Mineduc de “eliminar” Filosofía y cambiarla por ciudadanía, coincidían en que su valor y aporte es “irremplazable”, pues les ha permitido conocer otros modos de pensar, ser más conscientes de sí mismos, aprender a vivir con más dignidad y explorar su espiritualidad, cuestionar sus creencias y valores, en un mundo en que, a juicio de ellos, prima la tecnología, el consumo y el individualismo.

Si nuestros argumentos, experiencia y opinión de muchos jóvenes, no tienen valor para nuestras autoridades educacionales, me gustaría si alguien del ministerio pudiera contestar a la pregunta: ¿Qué sector de aprendizaje permitiría que, los y las  estudiantes dialogaran y establecieran sus propias perspectivas ante autores como Platón, Aristóteles, Séneca, Nietzsche, Mounier, Sartre, Kant, Frankl, Fromm, Perls, Jung, Erikson, Kohlberg, Savater, Ellis, y nuestros Humberto Maturana y Patricia May?, entre otros, acerca de los cuales he y hemos construido experiencias de aprendizaje significativo?

En caso contrario, les sugiero a los señores del Ministerio, que para actualizar los programas de estudio vigentes desde el año 2001, sobre todo en las actividades y lecturas sugeridas, inviten a dialogar a quienes tienen algo que decir y aportar al respecto. Así podrían conocer nuestras propias creaciones, nacidas desde experiencias realizadas en nuestras salas de clases, en relación a guías didácticas para los docentes y textos para nuestros estudiantes, y buscar los modos de socializarlas, tal como sucede con las demás asignaturas del curriculum escolar.  En este sentido, al menos el Mineduc tendría que admitir la falta de apoyo profesional a nuestro quehacer, pues somos quizás la única asignatura que carece de textos de apoyo, y los cursos de perfeccionamiento que ofrece el CPEIP están más bien orientados a otros sectores de aprendizaje.

Asimismo,  exigir a las universidades en sus procesos de acreditación que en la formación de los futuros profesores de filosofía, se incorporen la actualización de contenidos y didácticas para motivar y, desafiar a nuestros estudiantes a un mejor logro de aprendizajes significativos. La formación “europeizante” que ofrecen muchos centros formadores sólo crea docentes que cultivan la racionalidad filosófica, pero sin conexión con las necesidades de crecimiento personal de nuestros estudiantes, en ambientes de verdadera inclusión de la diversidad y las maneras de aprender desde sí mismos, en conjunto con los otros.

 


Profesor de Filosofía.(En aula desde 1980)