La filtración de una nueva carta difundida por el círculo cercano a Nabila Rifo a El Divisadero generó de manera automática un revuelo mediático, como si se tratara del enfrentamiento farandulizable de dos personajes públicos.  Con frases como “ahora fue el turno” o “literalmente dimes y diretes han marcado el caso de Nabila Rifo”, la prensa ha vuelto a referirse al caso sobre la brutal agresión sufrida por la mujer en Coyhaique.

En la misiva, Nabila culpa a Mauricio Ortega, el único imputado del caso, quien anteriormente había utilizado los medios de comunicación locales para afirmar su inocencia.

Para Silvana Del Valle, abogada de la Red Chilena Contra la Violencia hacia las Mujeres, la forma en que se tratado el caso -tanto a nivel de la defensa como de la prensa- ha provocado que se pierda el foco de lo que es realmente importante en este hecho: estamos frente a un caso de femicidio frustrado.

En la actual legislación, los femicidios se reducen al ámbito íntimo de la pareja, con relación de cónyuge, convivencia o hijos en común. Esa misma definición omite por ejemplo la idea del crimen de odio, en que la definición feminista apuntaría al asesinato de una mujer por el solo hecho de serlo “entonces -más allá de si fue o no Ortega – lo de Nabila fue un femicidio frustrado, aunque haya sido un perico de los palotes que pasaba por ahí”, cuenta.

Para la abogada, otra cosa que no hay que omitir es que Ortega sí cometió hechos graves de violencia contra ella “fue condenado muy poco severamente -como siempre es la justicia contra los agresores de mujeres en Chile- tuvo una medida cautelar y un tratamiento psicológico que ni siquiera cumplió”, enfatizando que la entrada del sujeto con un hacha a la casa de Nabila, aunque no la haya tocado, debería calificar como femicidio frustrado y no como invasión de morada y amenazas, que fue lo que él tuvo que cargar.

Todos los juicios sobre sus hombros

La capacidad de juzgar a la víctima es otro tema sobre el que hay que hacer hincapie al observar este casi, señala la experta. “El llamado es a no juzgarla. Las mujeres que sufren violencia sufre el hecho de que el sistema judicial y el sistema cultural pongan sobre sus hombros toda la responsabilidad respecto al hecho y el resultado del proceso”. Para ejemplificar eso apunta a los argumentos de la defensa, en donde siempre hace énfasis en que la noche del ataque ella podría haber ingerido alcohol. Apunta también al rol de la prensa, que ha tratado de reconstruir esa noche buscando probar que ella se encontraba en una fiesta o que mantenía vínculos con personas que consumían drogas “como si sirviera para justificar lo que le pasó”, apunta.

“Ella pasó de ser una sujeta víctima a un objeto judicial para probar el delito. Todo lo que ella diga o escriba, la filtración gravísima de ese audio. Esto no debería ser así, hay distintos tipos de pruebas como los testimonios o la búsqueda de pruebas biológicas”. Para ella, resulta fundamental que quienes se encarguen de realizar el juicio y esclarecer los hechos sean el ministerio público y la defensa del imputado.