10 de septiembre de 1973.

23:30 horas. Max Marambio llega a la residencia oficial de Tomás Moro. Donde ha sido citado por Allende para resolver un complejo dilema en ciernes: se ha recibido información que el 11 de septiembre a las 02:00 a.m. un grupo operativo de Patria y Libertad volará  en Rancagua un tren mixto que trae personal y cobre y que va con dirección a San Antonio. El ex GAP le envió un mensaje urgente al presidente y éste lo ha citado a su casa para resolver el complejo asunto. Max, a través del jefe operativo de Patria y Libertad en Rancagua, que es un militante del MIR infiltrado, ha tenido acceso a la información y se desespera por lo que pueda ocurrir.

Los rumores recibidos por su enlace dan cuenta  que les han ordenado volar el puente cuando pase el tren, lo que espanta al infiltrado quien intentando modificar la cruenta orden y hacerlos recapacitar, les advierte los peligros de ejecutarla.

Debemos recordar que Rancagua, entre abril y junio ha sido uno de los campos operativos en que se ha desplegado la principal batalla entre la UP y los opositores agrupados en la Confederación Democrática (CODE) que agrupa al Partido Nacional (PN)le PDC y Patria y Libertad.

En efecto, la Huelga del 41%, generada a raíz de una confusa interpretación de una ley de reajuste salarial que enfrenta a mineros y al gobierno ha puesto en jaque a la administración Allende pues ha concretizado algo que no estaba en la mente de ningún partidario del gobierno: los obreros mineros – o al menos una parte significativa de ellos – se han levantado contra su gobierno.

Cuando la huelga acaba a comienzos de julio, ésta ha dejado una pérdida de millones de dólares y ha contribuido significativamente – junto con el sabotaje –a la destrucción de la economía. De ahí en adelante solo resta esperar que los militares se pongan de acuerdo en la fecha para concretizar el golpe.

Allende, quien se encuentra cenando con un grupo de asesores y ministros preparando el discurso sobre el plebiscito que realizaría en unas horas más en la Universidad Técnica del Estado, se da tiempo para dialogar con Max. Se entera  del problema que hay en Rancagua y le encomienda la misión: “vaya e impida que eso suceda”, es su instrucción.

Marambio es sorprendido por la respuesta del gobernante dada la soledad en que lo deja para abordar tan compleja situación. Lo que lo asusta es que si aquello llega a ocurrir tendrá que “agarrarse a balazos” con los provocadores entre los cuales, sospecha, puede encontrase un militar pues sus fuentes le han indicado que es la marina quien ha facilitado los insumos para consumar el atentado e intuye que es uno de los militares a cargo del Estado de Emergencia en la provincia, Cristián Ackerknecht, quien dispensa la inteligencia y el apoyo para consumar su objetivo. Le exige al presidente una formulación política y algunas condiciones mínimas que impidan que su arrojo sea visto como una aventura personal y se transforme luego en el chivo expiatorio en caso de que la misión fracase. Es por ese motivo que al viaje lo acompañarán Alfredo Joignant, Director de investigaciones y Máximo (Ricardo Pincheira), jefe de seguridad del PS.

Antes de salir de Tomas Moro, Marambio recuerda que varios de los asistentes comienzan a recibir señales sobre sucesos extraños están ocurriendo en la marina y en algunas unidades militares: que la armada  se había tomado tal plaza, que había despliegues, que había vuelto la escuadra y que habían empezado las primeras acciones de control. René Largo Farías, de la oficina de radiodifusión de La Moneda, se contacta con Tomás Moro y le indica al presidente que “Se están desplazando tropas desde los regimientos Guardia Vieja de Los Ángeles y Yungay de San Felipe”. Allende es advertido pero éste, casi en un tono de enojo y cansancio, les reitera que convive con ese peligro ya por meses

A mí no me jodan más con esta historia de que las tropas y esta cuestión, si vienen pa’ acá y me rodean, nosotros vamos a llamar a los nuestros y vamos a rodearlos a ellos. Así que yo me voy a tomar la pildorita. Me voy a acostar a dormir y despiértenme cuando estén las tropas afuera, a esa hora me llaman  y despiertan porque yo ahora voy  a tratar de dormir porque hay muchas cosas que hacer mañana.

El ex GAP salió rumbo a Rancagua a eso de las 00:30 del 11 de septiembre junto a Máximo Pincheira, jefe de seguridad del PS, y Alfredo Joignant, director de investigaciones, a quien le llama mucho la atención que a esa hora ya hubiese militares en las calles.

Antes de arribar a la ciudad Joignant recuerda que Marambio recibe una llamada del jefe operativo de Patria y Libertad, quién le dice: “Sabís qué, nos acaban de desactivar. Nos dijeron se aborta esa acción. Todo el mundo pa’ sus casas, a refugiarse en sus casas operativas. Nos dicen que después nos avisarán que  viene a continuación”.

Marambio, junto a sus acompañantes, no entienden la extraño situación y concluyen que debe haber ocurrido algún incidente mayor – “una cagá más grande”, relata el ex MIR. Finalmente deciden retornar a Santiago, a la que arriban cerca de las 3:00 am. Por entonces vive en San Borja y el tema de la falsa alarma sigue dándole vueltas en su cabeza. Se toma una ducha y mientras va se dirige a su cama para dormir resuena el teléfono de su habitación y alguien desde la otra línea  le verbaliza aquella palabra que ha estado esperando no escuchar ya por meses: “ciclón”, que era la contraseña que tenían en caso de concretizarse el golpe.  Max entonces, descifró el acertijo que lo venía persiguiendo desde que se suspendió el atentado: “esto era, empezó el golpe”.

4 de septiembre de 1970.

Ganó Allende.  Con este titular, el diario local El Rancagüino, daba cuenta del triunfo de la Unidad Popular. En sus páginas interiores señalaba que “la Provincia de O’Higgins viró a la izquierda y le dio amplia mayoría a Salvador Allende”. De manera paralela a la celebración se iniciaba una tensa espera y la CIA junto al National Security Council (NSC) ensayaban el primer intento de golpe aún antes que Allende fuese ratificado por el congreso. Contaron para ello con el apoyo de El Mercurio, Frei y el sector conservador del PDC, donde estaban Andres Zaldívar y Patricio Aylwin, y el general Roberto Viaux.

Las amenazas sobre Allende no se hacen esperar y al multitudinario acto que se realizará en Rancagua El Chicho no llega. Jorge García Cazenave, niño por aquella época recuerda que “Hubo una concentración de defensa del triunfo de Allende, poco después del 18 el discurso lo hizo María Elena Carrera“, aunque Luis Jerez, testigo privilegiado de la época indica que “Sobre Rancagua se descolgaron desde todos los rincones de la zona, más de quince mil personas. Venían a festejar el triunfo junto a su candidato. Explicar su ausencia era difícil, pero sorteamos la irritación de los defraudados junto a Volodia Teitelboim y Alberto Jerez“.

Empieza la conspiración y nuevamente Rancagua y la provincia de O’Higgins se hacen presentes: el general Viaux en el libro entrevista que le hace Florencia Varas indica que “supe de labios del señor Nicolás Díaz Pacheco, un recado que me enviaba el Presidente Frei a través del sacerdote Sr. Ruiz Tagle, cuñado del señor Frei, diciéndome que ‘tenía luz verde para actuar’, pero que lo hiciera en buena forma, con completa seguridad del buen éxito, pues de otro modo se vería en la obligación de proceder en mi contra”. Luis Jerez cree que es el mismo Nicolás Díaz con quien “compartí algunos años en los afanes del municipio de Rancagua… un democratacristiano profundamente enamorado de sus convicciones, anticomunista como el que más y exaltado hasta la temeridad”.

Aunque yo que creo que es solo es un alcance de nombre pues el Nicolás Díaz Pacheco que colabora con Patria y Libertad es condenado junto a otro actor local – Julio Bouchon, conocido empresario vinícola de la región – como cómplices en el asesinato de Schneider como consta en la sentencia 603 que los condena a “tres años y un día a presidio menor en su grado máximo y a las accesorias de inhabilitación absoluta perpetua para derechos políticos y de inhabilitación absoluta para ejercer cargos y oficios públicos” y tres “de relación menor en su grado medio a los citados reos Yapur, Bouchón, Cosmelli”, en tanto que a Nicolás Díaz Pacheco a tres de extrañamiento.

En Rancagua, incluso se llega a rumorear que conocidos actores públicos DC esconden a miembros de Patria y Libertad que participaron del atentado fatal al general Schneider. Nicolás Díaz Sánchez, en tanto asumía como intendente de la provincia el mismo día del atentado a Schneider y el diario local en su edición del miércoles 28 de octubre indicaba en su titular que “En Rancagua se creará Población René Schneider Chereau”, la misma donde llegábamos a vivir procedentes de San Bernardo en julio de 1974.

Alfredo Joignant, padre, y quien viaja con Max Marambio el 11 de septiembre de amanecida a intentar detener el atentado que perpetrará Patria y Libertad recuerda que luego del atentado a de Schneider hay una reunión cumbre entre Allende y Frei:

Yo esto lo conozco bien porque en Dawson fui compañero de Hugo Miranda quien fue testigo presencial de ese hecho. Según la versión que yo conozco Allende se entrevista con el aún presidente en ejercicio a raíz del estado moribundo en que se encuentra Schneider y le dice ‘o me sacas inmediatamente a Fonseca de director de investigaciones que es un hombre de la CIA o te denunció como cómplice del intento de asesinato del general Schneider’. A lo que Frei le respondió duramente: ‘Esto sí que no te lo aguantó Salvador’”.

Sin embargo, por la tarde llama a Allende, y esto lo sé porque estaba con él, y le comunica que ha nombrado a Emilio Cheyre Toutin (padre del ex comandante en jefe del ejército) y le pregunta “¿a quién deseas que nombre como Subdirector? Allende, inmediatamente le responde: ‘Eduardo Coco Paredes’. Y Coco se transformó así en el primer funcionario del gobierno de Allende nombrado por Frei aún antes que Allende asumiera el cargo de presidente de la república.” Son las otras aristas de golpe.

De lo que ocurrió y no ocurrió en La Moneda y en Santiago ya sabemos bastante. Hay que empezar a profundizar, ahora, en las otras dimensiones del golpe, lo que ocurrió en provincias, y  en especial en O’Higgins y Colchagua, donde se jugaron dos de los procesos más significativos de la Unidad Popular – Nacionalización del cobre y la profundización de la reforma agraria -, y que tuvieron su contraparte – La Huelga del 41, el sabotaje a El Teniente y la arista local del asesinato de Schneider.

* Extraído del libro “¿Vencidos? Crónicas de la UP en las Provincias”.


Dr. En Historia.