El fotógrafo Felipe Durán finalmente ha sido galardonado como el ganador del Premio Rodrigo Rojas De Negri, entregado por el Estado a los mejores fotógrafos jóvenes del país.

La polémica respecto al premio se inició hace unos días cuando se reveló que el Consejo Nacional de Cultura y las Artes, quiso anular la votación ya realizada -y que daba por ganador a Durán- aludiendo a que el concurso necesitaba bases más claras.

Sin embargo gracias a la presión del comité asesor fotógrafico integrado por Paz Errázuriz, Mauricio Toro-Goya, Paulo Slachevsky, Samuel Salgado, Andrea Josch y José Pablo Concha, la medida se canceló y el premio recayó finalmente en Felipe Durán.

Desde el sur de Chile, y en conversación con El Desconcierto, Durán agradeció a los fotógrafos que votaron para que él fuera elegido.

Valoro mucho que este premio lo dieran fotógrafos que estuvieron en el tiempo de la dictadura, agradezco que me hayan elegido y me encantaría reunirme con ellos en algún momento”, dijo el artista.

Al ser un premio entregado por el Estado chileno, Durán anunció que no irá a ninguna ceremonia oficial.

Es un chiste. Por un lado nos enjuiciaron y nos metieron presos, hablaron de terrorismo, mostraron armas y explosivos y ahora me premian, es chistoso“, explica Durán.

“Para mí en realidad no es un premio del Estado, yo lo veo como un premio de los compañeros fotógrafos. Por eso no iría a una ceremonia oficial. Sí me juntaría con los fotógrafos que ayudaron en esto, con ellos sí”, agrega.

A pesar de ser premiado, Durán vive una situación paradójica. El Estado requisó sus equipos de trabajo -cuatro computadores, más elementos fotográficos y de video- y aún no se los devuelve, aunque fue exculpado en el juicio en su contra hace semanas, que por cierto, lo tuvo más de 300 días en la cárcel, en prisión preventiva.

Durán cuenta que continuará con su labor apenas tenga acceso a nuevas cámaras. “Ellos no han devuelto nada. Cuatro computadores, todos los equipos fotográficos y de video… ¡hasta el flash de la cámara se llevaron! Todo eso según ellos es de evidencia, pero me lo tienen que entregar”.

Mientras espera que el Estado que lo premia le devuelva sus implementos de trabajo, pasa su tiempo con su familia en Cañete y visitando a las comunidades mapuche que se dedicó a retratar durante años.

Los premios no son nuestra búsqueda, estamos muy lejos de eso. Nuestra idea es seguir trabajando aquí con la gente, en comunidades en proceso de recuperación de terrenos. Todos ellos, que difunden nuestro trabajo, me apoyaron mucho cuando estaba en la cárcel. Ese es nuestra búsqueda”, concluye el fotógrafo y luchador social.