La vereda norte de Avenida Irarrázaval, en la comuna de Ñuñoa, es el punto de encuentro. Ahí se sitúa la antiquísima Cafetería California, la cual en sus pasillos guarda historias de destacados artistas y políticos, como la de un músico violinista que es entrevistado a las afueras del local. Eso es lo que sucede mientras llega Andrés Salomón Fielbaum Schinitzler (29), ingeniero matemático de profesión de la Universidad de Chile y vocero de la Izquierda Autónoma. Entramos, nos sentamos, Andrés ordena un té al garzón y comienza a relatar sus inicios en la política.

Influenciado desde adolescente por su círculo familiar, Andrés cuenta cómo la estrecha relación de amistad que forjó su hermano Alejandro Fielbaum con el historiador Luis “Chico” Thielemann configuró un contexto propicio para que, años más tarde, en su ingreso a la carrera de Ingeniería en la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la U. de Chile, se transformara completamente en un dirigente de masas. Así fue como el 2011 llegó la presidencia del Centro de Estudiantes de Ingeniería (CEI) y al otro año, el 2012, ingresaría formalmente a militar en Izquierda Autónoma, asumiendo el desafío de integrar le Mesa Fech del periodo junto a su antiguo amigo y, en ese tiempo, presidente de la Federación, Gabriel Boric, para finalmente emerger el 2013 como la principal fuerza electoral de izquierda en la Casa de Bello.

La promesa de dirigente que era Fielbaum se cumpliría con amplios reconocimientos el 2016, donde emergería como el líder de Izquierda Autónoma frente al comentado quiebre con el Movimiento Autonomista, liderado por el diputado Gabriel Boric.

En esta entrevista, Andrés decide sincerarse al respecto , confesando que la reunión con el Mineduc no fue el detonante del quiebre, sino que la sorpresiva candidatura de Jorge Sharp que Izquierda Autónoma llevó en Valparaíso, candidatura de la cual se enteró por los medios, a pesar de pertenecer a la directiva de Izquierda Autónoma. Esto fue lo que marcó la división del colectivo en dos.

El mencionado Thielemann, profesor de la Universidad de Chile y uno de los fundadores del autonomismo en Chile, ha puesto grandes esperanza en Fielbaum, a quien señala como “un buen cabro, es de esa gente que llega a la izquierda revolucionaria por una concepción racional de que es posible la sociedad sin clases, no por romanticismo. Andrés es un hombre de ciencia, no uno de fe o de sueños, y cuando alguien así cree que es posible y necesario construir una sociedad solidaria y justa, uno tiene un poco más de esperanzas”, concluye.

Al respecto, Fielbaum recuerda “el ‘Chico’ me decía que cuando entrara a la universidad me tenía que sumar a la Surda, pero le hice caso 8 años después, cuando ya no existía esa organización”, destaca. Ese impulso venía de un efervescente militante de la Surda: Carlos Ruiz, actual director de la Escuela de Sociología de la Universidad de Chile. Sobre la organización, Ruiz declaró  en una entrevista a la revista Punto Final que “a principios de los ‘90 hicimos un colectivo universitario con la idea de tener una Izquierda del sur, que rescatara la historia latinoamericana en vez de imitar modelos revolucionarios europeos. Por eso es ‘Surda’ con ‘ese'”.

El rol preponderante que llevaría a Fielbaum a establecerse como uno de los voceros más importantes en la breve historia de la organización se fortalecería gracias al rol de dirigente estudiantil, en que “ocupó un rol en la palestra pública bastante notorio. En ese sentido, tenerlo como la cara más visible de IA es un aporte sin duda, por su conocimiento y experiencia en el debate educacional”, declara la actual presidenta de la Fech Camila Rojas, quien además es compañera de militancia de Andrés. Es entonces, uno de los bastiones y cimiento en la ideología marxista que dominaría a Fielbaum, la cual cautivaría con interesantes discursos y dirigentes, su interés por la política, que al respecto responde:

-Ingresar a la política es un desafío, ¿por qué hacerlo?
Estuve interesado desde secundario, pero participando en la universidad, desde cuando entré a primer año el 2005, pero siempre desde un rol menos protagónico: sólo ir a asambleas o marchas, pero sin militar y sin dirigencia.
Empecé a participar activamente de forma cercana al Centro de Estudiantes de Ingeniería con algunos proyectos el 2010. El 2011 fui presidente del Centro de Estudiantes de Ingeniería, y luego eso me hizo ingresar a la política con todo lo que ocurrió y más aún, yo estando en esa posición. Ese año ingresé a militar a Izquierda Autónoma, que ganó la Fech y empezó a proyectarse. Desde ahí asumí responsabilidades y a partir de eso empecé a meterme más allá.
Me parece que si uno considera que la forma en la cual nos organizamos para vivir en sociedad es tremendamente injusta, desigual y hasta deshumanizante, se hace fundamental transformarla. Y la herramienta más importante y más efectiva, es la política. En general, y más aún, en el contexto actual de Chile, en donde hay un declive evidente de las elites políticas que han gobernado a Chile durante los últimos 30 ó 40 años, está la posibilidad de construir nuevas alternativas, que puedan efectivamente proponer formas distintas de organizarnos y de enfrentar el escenario social y político global.
Creo que este es un momento particularmente importante para dedicarle creatividad y energía a las peleas políticas.

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Foto: Monserrat Lorca

-Actualmente te encuentras como vocero nacional y miembro del comité político de Izquierda Autónoma. ¿Qué significa en tu vida esta organización?
Además de mucha pega (se ríe), en términos concretos significa la relevancia que ha tomado la militancia con Izquierda Autónoma, en el sentido que uno pone la militancia como uno de los primeros elementos para considerar o proyectar cualquier decisión de corto plazo. Uno sabe que a la hora de tomar decisiones, una cuestión importante es qué significa eso en términos de la responsabilidad de militante que uno tiene y, por otro lado, me parece que además, en un contexto de tanta crisis de la idea y de los proyectos colectivos, el poder participar en un espacio pequeño, colectivo, insuficiente, como uno quiera, te permite dar las peleas para poder transformar las cosas desde su raíz, me parece que además es un sustento en término de cómo enfrentar la vida.

-En esta estrecha relación que llevas como militante y principal dirigente de IA, viviste y protagonizaste el quiebre de esta organización. ¿Cuál fue el factor que gatilló esto? Entendiendo que se mencionan que influyeron dos elementos, pero para ti, ¿cuál fue el detonante?
Yo digo que venía de antes, pero si el verbo “gatillar” es efectivamente preciso, yo diría que fue la candidatura de Jorge Sharp en Valparaíso. Lo del Mineduc también, sin duda, pero la diferencia -y esto lo digo con conocimiento de causa- es que cuando eso ocurrió, a nuestros ojos ya estaba quebrado.
Después ocurre en términos públicos, ya más visibles, pero en ese momento ya no existía ningún espacio efectivamente compartido de toma de decisiones, de soberanía compartida, entonces nosotros éramos conscientes de que estábamos haciendo eso “sin el otro lado”. Pero, a nuestro juicio, ya no había vuelta atrás, y lo que nos terminó de convencer del quiebre fue la candidatura del Jorge en Valparaíso. Pero eso sólo fue el gatillante, puesto que eso venía de experiencias previas..

-Candidatura adelantada de Jorge Sharp en Valparaíso y reuniones con el Mineduc. ¿Qué otros factores, entonces, anticiparon este quiebre?
Como hitos concretos, primero que aquí en Ñuñoa se estaba levantando una plataforma que se llamaba “1,2,3 Ñuñoa”, en la cual participaba un grupo que estaba ingresando a Izquierda Autónoma y que era en conjunto a la Concertación, lo cual es una cuestión absolutamente en contra de lo que hemos hecho siempre. Era todos contra Sabat. Y nunca hubo disposición a discutirlo colectivamente. Así, esto llegó hasta la Revista Qué Pasa de que Izquierda Autónoma estaba participando con la Concertación en una alianza contra Sabat, eso para nosotros es totalmente contrario a lo que hemos hecho como línea política desde siempre.

-¿Eso fue lo único?
En Temuco también se levantó una plataforma electoral con Revolución Democrática (RD) y hasta con el Partido Progresista (PRO) en su momento, sin preguntarle ni avisarle a nadie, y nos enteramos porque vimos un video en YouTube al respecto. Y hacia el final, ya había una costumbre de que cada uno decía lo que quería en los medios de prensa, con respecto a los procesos constituyentes, al rol de la Concertación, con nuestra relación con RD. En el fondo que no haya disposición a discutir en fases colectivas, sino que la política que existía era: primero lo defiendo en la prensa y luego lo empujo hacia la interna. Y eso en términos de cultura política, más allá de que las diferencias eran legítimas y razonables, lo que estábamos construyendo era una locura, entonces nos parecía que era más saludable y razonable si es que estábamos así de divididos e incapacitados de poder comunicarnos racionalmente, era mejor estar en dos lotes separados y relacionarnos como tal, con madurez y alturas de mira, pero no simular que éramos una misma cosa si no lo éramos.

-Era inminente el quiebre…
Yo me di cuenta después, y eso quizás fue un error, que hacia afuera no era tan claro, pero para la gente que estaba dentro del movimiento, sí.

-Esta división se hizo pública con el artículo que publicó El Mercurio. Muchos criticaron “la forma y el fondo”.
Yo creo que era necesario que le diéramos una explicación a la sociedad chilena de por qué estábamos quebrando con el único diputado que teníamos. No era algo que pudiésemos hacer así sin más. Pero también me dio la sensación de que se podría haber manejado mejor en términos de los tiempos, quizás hasta el mismo medio de comunicación.

-En El Mercurio
Como Izquierda Autónoma, hemos tenido infinitas veces, y no sólo nosotros, del otro lado también, aparición en El Mercurio, cartas al director, columnas e incluso de la candidatura de Jorge Sharp nosotros nos enteramos porque apareció en El Mercurio de Valparaíso. Entonces que en ese contexto se dijera “no, El Mercurio miente” era un poco oportunista a mi juicio. Y bueno, El Mercurio porque, de partida, no es que uno elija siempre al medio, como uno tiene ciertas posibilidades, y entre que sea El Mercurio a otro, mientras más visibilidad mejor, si es una decisión como la que nos parece importante que harta gente la pueda leer. Ahora, me da la sensación de que en un contexto donde toda la gente estaba con la piel tan sensible por lo que estaba ocurriendo, quizás era demasiado provocador hacerlo así, y se hubiese entendido mejor en otro lado. Por eso digo que se podría haber ejecutado mejor en términos de tiempo, o al tener un diálogo más directo con el otro lado antes, pero al final creo que en término generales, lo principal no tuvo que ver ni con el medio ni con los tiempos, sino que lo que más reflejó el quiebre y lo que pasó después, es que habían posiciones muy distintas. Nosotros tenemos una posición que para mucha gente es contraintuituva porque nunca hemos sido amigos de la unidad por la unidad, sin cuestionarse qué es lo que está siendo capaz de abarcar esa unidad. En síntesis, a la mayor parte de la izquierda, no le hace tanto sentido, y eso es algo con lo que hemos convivido casi siempre. Nunca hemos sido el grupo más popular dentro de la izquierda. Y eso se reflejó también después del artículo, y está bien, al final la posición en política no se conquista por simpatía, sino que fundamentalmente por saber leer las apuestas correctas y después ejecutarlas bien.

-Fue muy comentada y cuestionada la visión que tenían como Izquierda Autónoma de “unidad de izquierda” ¿cómo la analizan?
Yo diría que, a nivel general, tiene que ver con la posibilidad de construir alianzas de clases que le den potencia a cualquier proyecto histórico que quiera superar el actual modelo neoliberal-transición-Concertación. Eso a nivel más general. Ahora, eso no tiene ningún correlato concreto, las únicas fuerzas políticas que hay por fuera de la Nueva Mayoría son casi todas provenientes del movimiento estudiantil y por lo tanto, en término de su extracción o representación social, son más o menos iguales. Nosotros (IA), Revolución Democrática (RD), el Frente de Estudiantes Libertarios (FEL), el Movimiento Autonomista (MA), todos representamos más o menos lo mismo en términos de grupo social del cual provenimos y del cual podemos representar. Hay un nivel más táctico que es relevante y que tiene que ver con cómo uno enfrenta la coyuntura y cómo uno logra que lo que surgió a partir del movimiento estudiantil logre construir mayores niveles de peso o mejores posiciones a nivel electoral, pero también, por ejemplo, a nivel Confech ver si hay posibilidad de actuar en forma articulada, y eso también es relevante para las luchas más inmediatas. Me parece importante hacer el contrapunto, porque uno tiene que ser muy consciente de que aunque logremos hacer la mejor de las alianzas para los años que vienen, eso está muy lejos de ser una alianza que represente algo demasiado distinto a lo que existe ahora.

Dos autonomismos

-Catalogaste a Movimiento Autonomista como una organización caudillista.
Era la forma en la cual ellos estaban trabajando. Y eso lo sostengo, pues eso potenciaba una visión caudillista del partido y eso no era culpa principal, o bien tenía un nivel de responsabilidad Gabriel Boric, pero no creo que haya sido culpa principal suya, sino que, en buena medida, era de quienes están alrededor suyo. Y se ha instalado una visión de que la política es estar en los medios de comunicación y, por lo tanto, tener una figura de la cual colgarse es lo único que importa y obviamente eso es muy insuficiente, por decirlo bajo.

-Este quiebre dividió a dos fuerzas: Izquierda Autónoma -que lideras tú- y Movimiento Autonomista -con el diputado Gabriel Boric-. ¿Cuál era tu relación con él?
Éramos amigos en general.

-¿”Eran”?
Sí, pero es que también las relaciones humanas se van degradando, no solamente por el quiebre, si estábamos cada vez más tensos al interior de Izquierda Autónoma, obviamente pasaría. Tampoco es que éramos “compadres”, no, éramos amigos, compañeros. Lo más importante tiene que ver en términos políticos, compartimos mesa Fech el 2012, y tuvimos hartas experiencias juntos. Yo diría que la relación de compañerismo lamentablemente se fue dañando con todo el proceso interno de peleas que teníamos. Lo importante es que siempre mantuvimos una capacidad de discutir, yo en varias veces le hice ver mis críticas al rol que él pudiera estar jugando o la forma en cómo se estaba desempeñando.

-¿Entonces ya no son amigos?
No, más allá de que me cae bien, pero yo también siempre he tenido una postura de tener muy pocos amigos en política, pues mezclar esas cosas es malo para la política y para la amistad.

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Foto: Agencia Uno

-Gabriel Boric se destacó en la última Encuesta CEP con un 37% de aprobación, posicionándose como uno de los políticos mejor evaluados. ¿Crees que, a pesar de que ya no esté con ustedes, seguirán siendo un grupo político que acepta la ciudadanía?
No sé si alguna vez lo fuimos, yo creo que nadie conocía a Izquierda Autónoma. La gente conocía a Boric. Eso es un desafío para cualquier grupo, no es que sea culpa de Boric, pero el lograr superar como emergencias de liderazgo, caudillo y hacer emerger proyectos colectivos es una dificultad histórica para cualquier grupo. Nos interesaba y sigue interesando cómo seguir eso, pero anteriormente lo que se había proyectado es la imagen del Gabriel Boric, porque había hecho una buena pega.
Tiene que ver por la forma en la cual comprenden la política los que están alrededor suyo. Señalar legítimamente -con mucho posmodernismo, por cierto- de que no haya que tener ninguna prioridad sino que uno tendría que meterse en la pelea que es aparecer y, finalmente, uno allí renuncia a ser un conductor de organizaciones y colectividad y pasas a ser un aparecido de los conflictos que van apareciendo. Esa es una política que no compartimos.

-La presencia mediática de Gabriel Boric era fuerte. ¿Crees que esto se debía a que él quería figurar en los medios o para plantear una política real de construcción social?
Yo creo que existe una suerte de ansiedad frente a la crisis de legitimidad que hay en la política. Es como lo que pasó con Syriza (coalición de izquierda radical de Grecia) o a Podemos (España) también. Que los partidos políticos tradicionales empiezan a decaer por un montón de circunstancias estructurales, pero que los partidos tradicionales decaigan, lo primero que va a generar no es que surjan nuevos, sino que la gente decide “mandar a la mierda” la política como concepto en general, y es lo que pasa en Chile, no es que la gente desea que nazca Revolución Democrática o Izquierda Autónoma, sino que la gente está pensando ¿para qué ir a votar? Por lo tanto, cualquier proyecto alternativo con solidez y capacidad de movilización o de organización se demorará un rato más en consolidarse y yo creo que ese diagnóstico lo compartimos. De parte del Movimiento Autonomista y muchos otros hay un diagnóstico de que este es el momento para centrarse en la política, aprovechar la crisis que hay y claro, si es que uno está en eso, entonces maximizar la aparición en los medios, entre otras cosas, es muy importante porque uno tiene que hacerlo todo lo más rápido posible y entonces conflicto que haya hay que meterse, participar, etc. Pero eso al final no te da ninguna solidez y bueno, la historia hablará por su cuenta.

-Sobre Revolución Democrática, ¿crees que utilizaron al gobierno? ¿Cómo analizas su estadía y posterior salida de La Moneda?
Yo creo que fue al revés. El hecho de que ellos se hayan salido antes de que la reforma existiera es la mejor demostración de que su política de colaboración crítica no funcionó y creo que es muy bueno que lo hayan reconocido así. Pero ellos hicieron una apuesta para intentar transformar la reforma desde adentro y finalmente tuvieron que salirse, creo que eso habla por sí solo.

-Hablemos del “Frente Amplio” que reunirá al Movimiento Autonomista y Revolución Democrática.
Yo creo que está bien, y de hecho nosotros hemos dicho estas últimas semanas que para las próximas elecciones en particular, parlamentarias, tenemos que ir todos juntos y también con el Movimiento Autonomista. A pesar de que quebramos con ellos, esperamos a partir de ahí, relacionarnos maduramente, no son nuestros enemigos.
Nosotros teníamos muchas críticas de una alianza con RD mientras ellos estaban en el Mineduc porque nos parecía que es la pelea más importante de la sociedad chilena en los últimos 20 años, y ellos estaban jugando al otro lado de la vereda. Pero ahora que se salieron de ahí no hay ninguna razón por la cual uno no tendría que ir con ellos, y en un contexto en el cual las fuerzas emergentes tienen que demostrar su capacidad de ir conquistando puestos de avanzada y además de mejorar su posición para intentar ganar cosas durante el próximo gobierno. Eso implica, entre otras cosas, un resultado electoral mejor que el de 2013. Hay que ir juntos.

-¿Esa crítica la hacen a RD a pesar de que ustedes sostuvieron reuniones con el Mineduc?
Sí, y si el próximo Presidente fuera Piñera, probablemente también tendremos reuniones con los ministerios que nos interese intentar incidir en lo que están haciendo. Pero una cosa es tener reuniones desde una posición de autonomía, porque eso no significa que “cerremos los ojos y haga como que no hay gobierno”, a uno igual le interesa interceder en la realidad y cambiarla. Ojalá que en un corto plazo pueda ser desde alguna posición en el interior de un gobierno, si el problema es que con la Nueva Mayoría y la derecha no va a ser así. Pero en ningún caso es una cuestión existencialista en contra de participar en los gobiernos. Es algo muy concreto, en el gobierno de la Nueva Mayoría, los intereses que siguen mandando son los del empresariado, por lo tanto, participar dentro del gobierno te quita capacidad crítica y autónoma de moverte, pero eso en ningún caso significa que uno no se pueda relacionar, porque eso también quita posibilidad de incidir.
Obviamente las posiciones no pueden ser tan absolutistas, pero efectivamente yo creo que vamos a tener que seguir teniendo reuniones con el Mineduc, sea de quien sea esté en el gobierno. Y yo creo que si Izquierda Autónoma hubiese estado bien constituido hace unos cuatro años atrás, de seguro hubiese tenido una reunión con Beyer o Schmidt.

El futuro de la IA

-Si te ofrecen hoy un cargo en el Mineduc, ¿aceptas?
Ahora no habría ninguna posibilidad, salvo que nos dijeran que alguien de Izquierda Autónoma fuera ministro, posiblemente no le diríamos que no, en caso de que nos digan “ustedes encabezarían la reforma”. Porque si te ofrecen un cargo de asesor se entiende que te están utilizando para legitimar algo que implica la pérdida de la posibilidad de incidir. Por eso la respuesta no puede ser absoluta. Si nosotros en algún momento vemos que hay una posibilidad efectiva de transformar una reforma educacional y asegure la participación en el ministerio, por supuesto que estaríamos dispuestos a participar. Pero eso no tiene ninguna posibilidad de ocurrir de aquí hasta el final de este gobierno.

-¿Y una subsecretaría?
Si eso ocurriese eventualmente en el próximo mandato, en el caso de Izquierda Autónoma, se tendría que evaluar quién está de ministro, qué se está hablando de reforma, cuál es el nivel de autonomía que tienes para moverte. En el fondo, para nosotros no tiene que ver con el cargo en específico, sino que cuáles son las condiciones efectivas de la reforma. Si es que vamos a ser utilizados para blanquear como detergente una mala reforma o si efectivamente se nos va a dar espacio para cambiar lo que se está haciendo.
De momento todo lo que ha hecho la Nueva Mayoría es lo primero, utilizó un rato a Revolución Democrática como blanqueador, pero finalmente todas las reformas que han hecho son neoliberales, subsidiarias y que a lo máximo que pueden hacer es poner un nivel de regulación en el mercado con la educación pública siempre queda al pelo de la cola.
Previamente, si uno viera que hay un espacio en el cual uno tiene capacidad de incidir efectivamente, obviamente que estaríamos dispuestos.

-Sobre tu futuro político, ¿te proyectas en algún cargo o candidatura?
En ninguno en específico. Me imagino militando, haciendo lo que sea necesario hacer. Obviamente podría ocurrir una candidatura, pero no lo asumo como obvio ni como deseable, si no lo que sea, me gustaría terminar primero mi doctorado.

-Luego del remezón político con los candidatos o aspirantes a la presidencia, ¿cuál sería tu elección entre Sebastián Piñera, Ricardo Lagos y Alejandro Guillier? Cuéntame lo que opinas de Guillier.
Ninguno. Pero Guillier es el proyecto de la Nueva Mayoría, si al final esto no tiene que ver solamente con rostros, más allá de que quizás él tiene opiniones más progresistas que Lagos y Piñera, acá lo que vale son proyectos colectivos, de clase, y la Concertación en términos históricos, es la que sigue gobernando y sigue siendo la coalición política de los Luksic, de los Ponce-Lerou, de los Angelini, de los grupos empresariales que se enriquecieron con las privatizaciones de la dictadura y que después de eso mantenían una relación privilegiada con el empresariado y especialmente con el Estado, que se han dedicado a enriquecerse a costa de un Estado que le subsidia su rentismo con la educación, salud, concesiones cuando son grupos nacionales y eso va a seguir con cualquier presidente de la Concertación.

-Finalmente, te propongo que hablemos de un tema que ha estado sobre la palestra pública: ¿qué opinas del feminismo?
Está bien, es necesario y parte constitutiva de cualquier movimiento revolucionario y transformador en un país capitalista, de donde inevitablemente devienen cuestiones muy machistas. Creo que en términos políticos hoy día el feminismo en Chile está muy hecho mierda, entonces le cuesta mucho levantar más de las propias y tiende a caer. En general, está muy cooptado por la Concertación y lo que no, tiende a caer en cuestiones poco políticas y creo que eso es parte del rearme del mundo de la izquierda, en todo caso. A la izquierda le ha costado mucho rearmarse después de la dictadura y creo que uno de los componentes más importantes del feminismo, puesto que el feminismo que se planteó el año ’80 terminó cooptado por La Moneda desde el ’90 en adelante y más todavía con Bachelet. Como casi todas las viejas que en los ’80 tuvieron protagonismo y que después se tomaron el Sernam, después el Ministerio y que están muy ligadas, por ejemplo, a las que firmaron la carta que hablaba del “femicidio político”, todas ellas fueron importantes militantes feministas en los ’80, y a mí me parece que, en un país en el cual mueren 70 personas por femicidios al año, uno pueda banalizar tanto el concepto de femicidio político, más allá de que eso es no asumir la responsabilidad política que no te cae, pero creo que en término políticos hay mucho que construir.
Me parece, eso sí, una línea fundamental para cualquier movimiento u organización revolucionaria que quiera o aspire a la emancipación del ser humano.

-Para concluir esta entrevista, hablemos de lo que se viene. ¿Tiene futuro el movimiento estudiantil? Tomando en cuenta que la gran mayoría de tomas y paros se bajaron el primer semestre
Sí. El movimiento lleva 25 años en el cual, los analistas políticos dicen que está desgastado, dividido y muerto, pero lo que hace que el movimiento se levante no es una cuestión coyuntural, sino que algo estructural que tiene que ver con el endeudamiento y la segregación, que tiene que ver con el rol que juega la educación superior en el modelo neoliberal chileno y todo eso sigue presente. Y además tiene una solidez orgánica que lamentablemente no la tiene otra organización social en Chile. Quizás los profesores un poco.

-Finalmente, ¿cuáles son sus pasos a seguir como Izquierda Autónoma?
En lo inmediato, por un lado, para nosotros sigue siendo prioridad lo que tiene que ver con el movimiento estudiantil a nivel nacional y que tiene que ver con sacar una reforma que se está discutiendo ahora, tenga elementos en el cual se fortalezca, expanda y reconstruya la educación pública. Haremos todo lo posible para que esta malísima reforma que se propuso tenga algún elemento que permita que de aquí a pocos años la educación pública crezca al 40% o 50% de la matrícula por lo menos.
Además hay un elemento orgánico, propiamente tal, que tiene que ver con cómo somos capaces de abrirnos hacia la sociedad y no solamente hacia el mundo estudiantil. Pero por supuesto es un desafío electoral importante el próximo año.