¿Cómo formalizar lo que por definición, no tiene una forma clara? Esto es algo parecido a la física teórica, solo que los papers académicos y experimentos millonarios, los cambiamos por publicaciones en medios especializados o no, experimentos formales con obras y artistas, estudios de campo y desarrollo de propuestas curatoriales que se desbordan, muchas veces, del ámbito puramente cultural. Estos son parte de los experimentos de la curatoría y la crítica contemporánea, los cuales se desplazan por distintos lugares que se caracterizan por estar fuera de las zonas de confort con que la misma escena de arte se pretende definir.

De esta manera, la curatoría en Artes Visuales, a la cual se puede llegar desde la investigación, la escritura, la edición, desde la práctica artística o desde el ejercicio del discurso cultural en instituciones, se fundamenta en un hecho incuestionable: la producción cultural de toda comunidad; para transitar en torno a las subjetividades que permiten dialogar desde la diferencia: toda singularidad que, siendo inherente a una comunidad, permanece oculta por convenciones, arbitrariedades o simple desidia.

Hay curadores artistas, curadores teóricos, curadores críticos, curadores académicos, curadores investigadores, curadores comunicadores, curadores historiadores, curadores chamanes, curadores productores, curadores coleccionistas, curadores galeristas, curadores empresarios, curadores filósofos, curadores escritores, curadores especuladores, curadores urbanistas, curadores sociólogos, curadores deportistas, curadores importadores o exportadores. Cualquiera sea el caso –y puede que más de alguno me quede fuera– su característica principal es, a riesgo de quedar corto, su pulsión por echar luz sobre aspectos , situaciones y hechos que permanecen ocultos, en el sentido que no necesariamente abarcan un conocimiento sobre una totalidad, para poder desarrollar elementos discursivos de su singularidad.

Al amparo de la relevancia que cobran las historias particulares, el curador y el crítico son elaboradores de discursos de diálogo, mediadores que permite conectar los aspectos de la cultura que parecieran haber quedado olvidados en el devenir hiper-veloz de una sociedad que pasa, sin miramientos, por sobre su propia sensibilidad. En este sentido, el rol del curador y del crítico, no requiere ya ser un experto conocedor de la escena, en la medida que sea capaz de dimensionar su tributo con la humildad propia de quién sabe que lo que está por conocer siempre puede ser un aporte a lo ya conocido.

Iniciar estudios sobre la curatoría y la crítica implica proponerse un desafío a escala personal, un relato, así como una manera de salir de las zonas de confort para adentrarse en las experiencias de otros y proponer, en la medida de lo posible, un derrotero que provoque una reflexión sensible a lo que significa la cultura contemporánea, usando las herramientas de la historia, la contingencia y la producción de objetos y servicios culturales que los artistas y las comunidades generan.

En el Diplomado de Estudios Críticos y Curatoriales, tanto los profesores como los diversos invitados, hemos querido construir un espacio reflexivo y productivo, que permita abrir nuevos escenarios para los relatos de la crítica y de la curatoría. Hemos generado un énfasis en la cultura latinoamericana, trayendo a destacados exponentes de México (Cuahutémoc Medina), Brasil(Ana María Maia), Cuba(Gerardo Mosquera), Paraguay(Ticio Escobar), y ahora de Colombia(Jaime Iregui), para así también ampliar las redes de colaboración de cara a los procesos naturales de globalización e intersubjetividad cultural propios de este territorio simbólico. Del mismo modo, hemos involucrado a diversas instituciones –Como el Museo de Arte Contemporáneo, el Museo de la Memoria y el Museo Nacional de Bellas Artes– que, inquietas por los constantes cambios sociales y culturales del país, han acogido nuestras actividades de manera abierta y propositiva.

Hacer este recuento también considera a los directores de esta instancia académica. Partiendo por Alejandra Villasmil, primera directora del Diplomado y que ha trabajado arduamente en abrir un espacio de difusión y crítica mediante la revista Artishock. Publicación fundamental para comprender la escena actual del arte chileno, en la medida que su rol editorial permite dar a conocer y conectar los diversos proyectos, discursos y enfoques con los que las artes visuales dialogan, discuten y pelean. Continuamos con Ana María Fermandois, quién permitió ampliar las relaciones institucionales desde la casa de estudios que acogía el Diplomado y hacia instituciones culturales de amplia tradición como el Museo de la Memoria y el Museo de Bellas Artes.

A mi me corresponde mover la casa, trasladar la paradójica comunión entre el Museo de la Memoria y la Universidad del Desarrollo –una asociación entre una universidad privada declaradamente derechista y neoliberal, y un museo que es una institución paradigmática de la izquierda actual, algo que solo puede producirse en el campo de las artes–, a la Universidad Finis Terrae, algo no menor, pensando en los curiosos aspectos políticos y sociales que implica construir una continuidad académica del programa. Algo que fácilmente puede perderse debido a los estiramientos ideológicos y la misma crítica que pueda tener el programa, entre nuestros colegas.

Pero la tarea está, en gran parte, ya hecha, y esperamos poder contar con un grupo de alumnos que logre articular una red de colaboración de la que pronto podamos hablar mirando sus proyectos, sus escritos y valorando el aporte que realizan a nuestro –siempre retráctil– campo cultural.

Pueden ver más info y realizar preguntas al siguiente link:

http://artes.uft.cl/index.php/diplomados/estudios-criticos-y-curatoriales#introducción

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