Lorena Cabrera comenzó a sentir la necesidad de involucrarse en política cuando vio el trabajo que realizaba Giorgio Jackson con la NAU en la Federación de Estudiantes de la Universidad Católica. Hija de padres democratacristianos -“del ala más chascona”, se encarga de aclarar- y con una tía militante de las Juventudes Comunistas, en su casa la lucha contra la dictadura estuvo siempre presente. “Crecí viendo como una obligación cambiar lo que vivíamos”, cuenta.

Esa misma necesidad fue la que la llevó a sumarse a la campaña de Jackson cuando este se presentó como candidato a diputado y también a meterse a su equipo territorial, haciendo un enlace entre los vecinos y el trabajo de la oficina. Ahí se juntan, evalúan su desempeño y se ponen metas en relación al programa. Si bien en un inicio todo lo hacía como voluntaria, pues se dedicaba al cuidado de su hijo de tres años, cuando este entró a la escuela comenzó a buscar trabajo y le ofrecieron una pequeña jornada en la oficina de ese equipo. “Al principio era un conflicto para mí. Me gusta que el trabajo político sea voluntario, como la canción de Víctor Jara que dice ‘Qué cosa más linda es ser voluntario'”, recuerda.

Actualmente se encuentra en plena campaña para ser concejala por la comuna de Santiago, donde también vive. No realiza puerta a puerta porque no le gusta molestar a los vecinos, pero si va dejando en cada casa o departamento volantes que tiene junto a Revolución Democrática. Además, se para en distintos puntos de la zona para conversar con los vecinos y acercarlos a una idea que le parece fundamental: que se organicen y se den cuenta de que pueden influir en lo que sucede en la comuna.

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– En la lista “Cambiemos la historia” van más de 90 candidatos a concejales en todo Chile y cinco para alcalde. ¿Que es lo central detrás de estas campañas?

Queremos poner énfasis en que no son campañas individuales. En Santiago somos cinco candidatos y candidatas a concejal. Los otros cuatro son grandes compañeros en Revolución Democrática, y si bien tenemos perfiles distintos, ponemos nuestra fuerza en mostrar que somos un colectivo. Eso sirve para que RD se de a conocer de una forma distinta a los vecinos. Todos hacemos trabajo territorial, escuchamos las propuestas de los vecinos, más que ir ofreciendo cosas que no podemos cumplir. Durante la campaña nos hemos dado cuenta de que ofrecen de todo.

– ¿Qué has visto?

Un candidato a concejal repartía volantes contando que era el hipotirodismo. Es muy patúo por parte de algunas personas abordar así el tema de salud. También están los que dan los típicos regalos, arman operativos de salud en la feria, o se ponen a criticar descarnadamente a los políticos, mientras ellos mismos están haciendo política.

– ¿Cómo es el despliegue de sus candidaturas en Santiago?

Yo hace dos años participo en mesas barriales, una en Santa Ana – donde vivo- y la otra en San Eugenio, detrás del Club Hípico. Ese último sector estaba muy abandonado, llegaban solo de la UDI y RN,  buscando el voto de los adultos mayores, que son los que principalmente viven ahí. Cuando empecé a trabajar con Giorgio decidimos establecer vínculos con esos sectores, conocer a la gente y a sus problématicas. Eso nos ha funcionado y responde a nuestra idea de que hay que cambiar Santiago, porque en esta comuna hay una suerte de contradicción entre lo que la comuna proyecta y lo que realmente es. Santiago es el centro de la actividad política en la capital, están los edificios públicos. Pero cuidar eso a veces va en desmedro de los barrios, porque los recursos se distribuyen de forma desigual.

– ¿Cómo has visto que ha cambiado la gente que habita la comuna? Es muy diversa, a la gente que ha vivido toda su vida ahí se le suman muchos profesionales jóvenes y también inmigrantes.

La llegada de los inmigrantes ha sido compleja de abordar. Mucha gente se siente invadida,  nosotros queremos fomentar espacios para que la gente se pueda relacionar, para derribar mitos como que las personas que llegan le quitan a los chilenos sus trabajos o sus lugares. Ahora estamos trabajando con grupos de migrantes que se han acercado a nosotros para proponer cosas. La idea es mejorar las condiciones para ambos, y contrarrestar la visión de esas personas que tienen un discurso crítico hacia los inmigrantes, pero que no proponen nada.

– ¿Te has topado en la campaña con candidatos que tengan discursos de ese tipo?

Sí. No sé si xenófobos, pero con dos personas que en vez de tener una actitud propositiva o educativa apoyan esas ideas. Mientras hacen campaña le siguen el juego de ese discurso a los vecinos que se quejan. Hay un montón de temas que no son culpa de los migrantes, como el hacinamiento, en donde una persona en vez de arrendar una casa a una familia le arrienda cada una de las piezas a una familia completa. Ahí uno de los temas más importantes es el tema del subarriendo, entiendo que hay una ordenanza de la municipalidad que está poniéndole un poco de control a eso, y es un esfuerzo concreto. Pero no es lo único, hay que hacer un trabajo integral. La propuesta es primero llegar a establecer una convivencia democrática. Hay muchos niños que están naciendo en Chile, mi hijo comparte con ellos en el colegio y enriquecen mucho la cultura.

– ¿Cuáles son los principales problemas que identifican en la comuna y cómo los aterrizan en sus ejes programáticos?

Salud y seguridad. ¿Cómo aterrizarlo? Lo estamos viendo. Nosotros en RD tenemos ciertos sellos de transparencia y participación, en los que nos enmarcamos, por eso hacemos encuentros en plazas, esquinas y ferias. Lo que sale de esas conversaciones lo estamos sistematizando, para promover que la gente se involucre con los espacios que habitan. Una experiencia muy buena es la de la mesa San Eugenio, que hace poco incorporó a dos personas del Cesfam a sus reuniones. La semana pasada los vecinos fueron invitados a conocer cómo funciona el consultorio, cómo se administran los recursos. Ahí pudieron manifestar sus inquietudes, por ejemplo en ese barrio donde viven principalmente adultos mayores no hay un geriatra. En instancias así podemos fiscalizar en qué se invierten los recursos, y también basar nuestras propuestas en las necesidades de los vecinos.

– ¿Y seguridad es un tema para ustedes?

El tema de la seguridad es más difícil, porque no dependen en tanta medida de la municipalidad. Por ejemplo ahí no se decide la dotación de carabineros. Pero es necesario trabajar bien con los encargados de las comisarías y que los vecinos se agrupen en torno a sus demandas. Por ejemplo, un grupo de personas se quejaba mucho porque en un pasaje pequeño todas las noches se juntaba gente a tomar en una plaza y se juntaron para mostrar su descontento. Ahora hay un retén fijo en el lugar, y aunque no es la solución ideal o de fondo, sirvió para terminar con eso.

– ¿Cómo evalúas la gestión de Carolina Tohá?

Por el trabajo en las mesas barriales he tenido una posición de observadora. Siento que hay una intención buena en términos de generar participación, pero que a la hora de concretar estamos al debe. Hay equipos en distintas áreas, como gestión territorial o deportes, que recogen las inquietudes de los vecinos y las llevan a la municipalidad. Pero muchas veces se pierden, solo se transmite y no hay respuesta. En las mesas que yo trabajo todo es muy fluido, pero hay barrios en los que no existe, como Matta sur. También me genera conflictos cómo se financia el PPD.

– ¿Qué pasa con las acusaciones que se la hacen a la alcaldesa por sus posibles vínculos con Soquimich?

Yo creo que es una persona bien intencionada en general, no la conozco personalmente, solo en los espacios en los que nos hemos topado. Pero me sorprende mucho esa confusión, no puede ser, menos con temas de plata y que sea con Soquimich es algo que me remece, porque todos sabemos la historia de esa empresa. Eso me provoca confusión respecto a su persona, porque por un lado veo que siempre tiene una respuesta para la comunidad, pero los temas de financiamiento no son menores para nosotros, porque implica moverse por intereses particulares muy alejados de la gente.