Sin ser un centro de trasplantes, la ex Posta Central realiza un aporte relevante en el proceso de procuramiento de órganos. Para lograrlo, ha sido fundamental educar y comprometer transversalmente a sus equipos. Este año, el centro de salud ya supera su número de donantes de todo el 2015.

Sin donantes, no hay trasplante. Esa evidente premisa, que a veces parece olvidarse, es además la misión que mueve a los equipos de procuramiento de órganos, que operan formalmente desde el año 2010 en hospitales a lo largo de todo el país. Su misión es pesquisar que los poquísimos casos que pueden convertirse en donantes (no más del 2% de los fallecimientos) cumplan una compleja serie de requisitos para llegar a salvar la vida de otras personas que esperan por esa ayuda. Pero además, son los encargados de hablar con las familias de los donantes en el difícil momento de la muerte, acompañarlos y sensibilizarlos para concretar esa donación.

Uno de estos equipos es el que desde 1994 opera en el Hospital de Urgencia Asistencia Pública (HUAP, ex Posta Central), y que ha sido reconocido a nivel nacional en reiteradas oportunidades por presentar el mejor promedio de donantes del país como centro no trasplantador. En lo que va de este año, el HUAP registra 7 donantes efectivos que han permitido ayudar a 25 receptores (uno de ellos, favorecido con un doble trasplante de hígado y riñón). La cifra es mayor a las donaciones conseguidas en el hospital durante todo el año pasado, cuando hubo sólo 6 casos, que favorecieron a 20 receptores.

Un factor que explica estos resultados es el trabajo en capacitar y concientizar a los equipos de todo el hospital. Así, de forma transversal, todos deben tener claridad de la importancia de la donación y las implicancias de este acto que salva vidas.

“Hay que lidiar con el dolor y la angustia de personas que atraviesan un momento muy duro de sus vidas, y ser capaces de transmitirles comprensión, calma, pero ser claros también en lo importante que es que respeten la voluntad de su familiar y le permitan, después de fallecido, ayudar a alguien más”, señala Lina Valdés Flores, enfermera y jefa coordinadora de la Unidad de Procuramiento del Servicio de Salud Metropolitano Central (SSMC, del que depende el HUAP).

Ese trabajo los ha llevado incluso más allá de las instalaciones de su propio hospital: a mediados de agosto el equipo del HUAP se trasladó hasta el Hospital Clínico San Borja Arriarán (HCSBA) para facilitar el procuramiento de órganos de un paciente joven, fallecido por una repentina enfermedad cerebrovascular. Ahí pudieron gestionar el consentimiento de la familia, y gracias a esta oportuna coordinación entre recintos de la misma Red SSMC, consiguieron procurar cinco órganos para mejorar la vida de pacientes que llevan largo tiempo en listas de espera.

Cuando existen estos resultados positivos, además se fortalece al equipo. “Con cada donación exitosa se llena de nuevas energías, para continuar en este trabajo que requiere de gran dedicación y vocación”, afirma Valdés.

Energías que hoy son más necesarias que nunca: según el último reporte del Ministerio de Salud, el año 2015 a nivel nacional el 53% de las familias entrevistadas se negó a donar. El porcentaje de rechazo muestra un aumento sostenido desde 2012 y lleva tres años seguidos sobre el 50%.

Chile exhibe una tasa de 6.8 donantes por millón, cuando 10 sería el mínimo para afrontar la demanda de órganos que existe. La cifra está además muy por debajo de países cercanos como Argentina (13,5) y a gran distancia de pioneros como España (35,1).

Derribando mitos: los pasos del procuramiento

Uno de los mayores problemas es la desinformación que existe entre los familiares. Hay desconfianza, mitos y la mayoría desconoce las condiciones que convierten a su pariente fallecido en un potencial donante.

Primero, sólo son posibles donantes quien tenga un diagnóstico neurológico de extrema gravedad, lo que conlleva a la muerte encefálica es decir, sus órganos vitales siguen funcionando únicamente gracias a soporte externo. Además no deben tener antecedentes de “hepatitis B y C, VIH positivo, infecciones graves o bacterias multiresistentes a antibióticos, ni antecedentes de cáncer recientes. Tampoco pueden donar quienes hayan sufrido un accidente con contusiones torácicas y abdominales graves que hayan dañado sus órganos”, señala Valdés.

Sobre ese universo cada vez más pequeño, hay que actuar además con rapidez, ya que la muerte encefálica altera el metabolismo, presión y temperatura, entre otros factores, lo que puede afectar los órganos. “Otro obstáculo es que el grupo sanguíneo coincida entre donante y receptor lo que reduce el espectro entre quienes pueden donar un órgano y quienes pueden recibirlo”. Sólo cuando la familia está “en un estado de aceptación de la muerte”, señala Valdés, se realiza la solicitud de la última voluntad del fallecido.

De ser positiva la respuesta, continúa el proceso de coordinar la donación y el procuramiento, que debe ser realizado por cada especialista de cada órgano donado. “Por ejemplo el procuramiento de un corazón debe ser realizado por un cardiocirujano, un riñón, debe ser procurado por un urólogo, un hígado, por un cirujano digestivo alto, un pulmón debe ser procurado por un especialista de tórax”, explica la jefa de Unidad. Antes de continuar con el proceso, se efectúan estudios específicos de compatibilidad entre el donante y los posibles receptores, que se hacen las 24 horas en el Instituto de Salud Pública (ISP), el único laboratorio de histocompatibilidad de Chile.

Si al fallecer el donante se vio implicado en una situación sujeta a investigación judicial (accidente o suicidio, por ejemplo), el procuramiento debe ser autorizado por el fiscal y un médico legista.

E incluso ya en el pabellón, el especialista puede detectar que los órganos presentan alteraciones o patologías que los convierten en inviables de ser donados. Todos estos factores complejizan el trabajo de procuramiento y reducen dramáticamente la cantidad de órganos disponibles.

“Por todo esto es fundamental en las familias conversar este tema. Sólo a mayor aceptación familiar y mayor disponibilidad de donantes podremos aumentar la cantidad de trasplantes”, concluye la profesional.