Tal vez lo que más envidian los hombres que usan oficialmente vestidos, -hombres de una Iglesia totalitaria que habla de un Padre patriarca y dominador-, sea el útero de las mujeres, el vientre que ellos no saben cómo se siente tener. (Es su desgracia y su envidia eterna).

No es que tener útero sea una condición de superioridad. Es que los curas, especialmente los mandamases católicos, han querido ocuparlo por siglos. Y lo han logrado sólo relativamente porque nosotras seguimos manejándolo intramuros. Eso es lo que ellos odian y no lo toleran.

Y los ciudadanos, entre ellos los ciudadanos chilenos, que celebran haberse juntado entre ricos hace 206 años en un Cabildo para darle un espaldarazo al rey invasor que estaba en desgracia por culpa de Napoleón, también hacen ocupación de nuestros cuerpos, legislando… O en realidad diciendo que se podría, tal vez, legislar y definir (ellos), nuestras “causales” de aborto. Quieren darnos permiso o no, de abortar.

No dudo de que los ciudadanos también tengan envidias y misoginias anidadas, pero más que nada –creo- son complacientes con el Capital usando la justificación cristiana.

Ninguno de ellos vivencian ni vivenciarán lo que viene después del parto. No crían y no deben dejar a sus guaguas en hogares de crueldad, por pobreza, violencia, desesperación, depresión, dolores y rechazo. Ellos que han gozado a través de la historia masculinizada de comilonas y oro, no saben cómo es quedarse al lado de un golpeador, de un agresor socarrón, de un ignorante emocional, indiferente y humillante, “porque hay hijos”. No saben cómo es, que siendo una ser humana libre te nazcan en las tripas y el corazón, sentimientos femeninos que dependencia y absurdas necesidades. No lo saben porque ellos no son parte de una clase de seres que han sido usados por siglos como “objetos globales de odio”; al revés, son ellos los que han gozado de ese Poder perverso. Y siguen sin renunciar a ejercerlo.

Hierofantes

Ellos que nunca van a parir no tienen problema en rezar contra la libertad y la autonomía de las mujeres y manipular nuestras vidas. Ellos que abierta o maliciosamente intervienen los Estados, los pueblos y al mujerío que se los permite; que se desarrollaron para justificar al Capital, y que descaradamente nos dicen que esperemos a la muerte en la pobreza y “la resignación”, que sólo después de ser explotadas y trabajarle al patrón gozaremos “en el otro mundo”.

Ellos que hicieron de la heterosexualidad su fetiche para producir familias trabajadoras, paridoras, explotadas, consumidoras y fieles, que les entreguen su diezmo. Ellos que abusan a niños, que mientras no crezcan, son sólo hijos de mujeres –unos No hombres-. Ellos que no tienen vergüenza de presentarse como “representantes del Patriarcado” de acá y acullá en sus homilías; que colocan cirios con cruces tricolores y banderines en un ambiguo patético espectáculo patriota. Ellos que usan a mujeres embarazadas para su performance patriota. Ellos mienten para someter.

Es lo que hace el Hierofante o Papa vestido de túnicas y de morado -el color de la diosa ancestral-. El Hierofante representa a una religión organizada, no es representante de lo que la gente llama “Fé”; es representante de maquinarias estructuradas para el Poder, no representa creencias humanas y su energía.

El Hierofante es un hombre solapado que quiere hacernos creer que es la diosa, la misma madre que nos parió… (Porque si alguien nos parió realmente, claramente no fue un macho).

El Hierofante no es transgénero ni está en búsqueda de un mundo emocional y material que caracteriza –supuestamente- a las mujeres. No. El Hierofante o Papa es un patriarca que arrebata la libertad del grupo humano que quiere someter. Lo suyo es codicia de controlar lo que los curas llaman “La Vida”. Y hacerlo a su gusto y gana y para sus fines.

Patria criolla y ciudadana

Y al sur del planeta, lejos, lejos de Europa, el Estado ciudadano chileno y la curia, siguen coludidos en lo que llaman “Patria”.

Por algo la Ciudadanía es un éxito occidental parido por una Revolución que se tornó en República al mando de hombres empoderados de balas y vileza que sometieron a los sin calzones y especialmente a las mujeres pobres y revolucionarias de Europa.

Este 18 de septiembre, varios ciudadanos personeros de Gobierno entraron por la puerta trasera “a Palacio”… ¡Mierda! ¡Si todavía le llaman “Palacio” como en la Edad Media! Y la presidenta y su Ministro se pasearon en un auto regalado por una reina porque les gusta saborear ese no sé qué colonial… Y celebraron algo absurdo porque de absurdos, entre otras miserias, se ha escrito la historia oficial de este país.

Curas y ciudadanos empoderados por la represión que despliegan y la plata de los enriquecidos, celebraron en la Catedral, que hubo, hace 206 años, un conciliábulo entre curas -¡cómo no!-, terratenientes, aristócratas, militares y tipos que amasaron grandes fortunas y que se enorgullecían de ostentar títulos de nobleza [1] en un Cabildo -que decían- representaba a “todos los sectores”, pero en el que estaban solamente ellos. Su Junta fue para devolverle el poder al monarca depuesto. Dicen que nadie pudo expresar discrepancia y que los que trataron de hacerlo “fueron de inmediato silenciados”. Así se impuso la “voluntad realista”, es decir “real” que viene de “reyes” (los reyes tienen Palacios). Los patriotas chilenos gritaron en ese tiempo: “¡Junta queremos!”. Buenos criollos, leales vasallos, buenos esclavos…

Probablemente en unos meses, y en vísperas de elecciones varias, patriotas criollos -y criollas- que se candidatean gritarán:” ¡Tres causales queremos!”. Será otro Cabildo entre poderosos… ¿Nosotras? Seguiremos abortando con causales o sin ellas, sin homilías, himnos ni banderas.

[1] En 1808 fue apresado y depuesto por Napoléon, el Rey español Fernando VII. La noticia llegó a este territorio y el Cabildo y la Junta de Gobierno fueron principalmente un espaldarazo de lealtad al Rey de parte de los criollos adinerados y poderosos de Chile. Mateo de Toro y Zambrano amasó gran fortuna y compró título nobiliario, fue presidente de la Junta representando no a Chile, si no al Rey; el Obispo de Santiago José Antonio Martínez de Aldunate, fue el vicepresidente y representaba a la Iglesia, Fernando Márquez de la Plata, consejero de Indias, primer vocal representaba a los europeos, Juan Martínez de Rozas, segundo vocal representaba a la aristocracia de Concepción e Ignacio de la Carrera, tercer vocal representaba a la aristocracia de Santiago.


Terapeuta, escritora, lesbiana feminista wallmapu