Máxima Acuña, ganadora del premio medioambiental Goldman 2016, fue atacada el pasado 18 de septiembre en Perú, pese a encontrarse con medida cautelar de protección por haber pasado por situaciones similares en el pasado.

Máxima ha sido catalogada como la “Berta Cáceres” peruana por su enfrentamiento contra Yanacocha, el consorcio multinacional minero que busca explotar el yacimiento más grande de Perú y América Latina.

Es precisamente gente de la minera la que habría realizado agresiones físicas y psicológicas contra Máxima. Desde su entorno denuncian que la dirigenta es vigilada desde el 14 de septiembre y que el domingo pasado, 80 personas -entre los que estarían policías de seguridad y funcionarios de la empresa- ingresaron al terreno de su familia. “Los de seguridad de la empresa la golpearon con sus escudos, le desabotonaron su blusa, la han arañado dejándole serias heridas en la cara, el pecho y las piernas, incluso la tuvieron como secuestrada, ahora Máxima no puede ni hablar”, aseguró Isidora, hija de Máxima Acuña.

“El día de hoy [el pasado domingo], a las nueve de la mañana, nuevamente ha intervenido la minera Yanacocha a mi predio a revolver las papas que estaba sembrando. Entonces, han llegado aquí y me han jaloneado, el brazo me duele, tengo un moretón en mi mano, me han jalado por las puras y me han cogido del cuello y de mi ropa“, señaló la propia dirigenta, según consigna La República.

La agresión se produce a seis meses del asesinato de Berta Cáceres, también ganadora del premio Goldman y cuyo crimen se mantiene aún impune. Tal como ella, otros 250 activistas han sido asesinados en los últimos dos años y la mayoría en América Latina. La mayoría en oposición activa a la megaminería, la agroindustria y las hidroeléctricas.

Según la vocera de la ONG Frontline Defenders Mary Lawlor, los “defensores/as de derechos humanos deben enfrentarse a ambientes cada vez más restrictivos y brutales en cada región del planeta. Cada vez se utiliza más frecuentemente la violencia extrema -y en mayor cantidad de países- mientras que las acusaciones fabricadas y los juicios parciales se han vuelto la norma en muchos lugares del mundo. Quienes tienen en la mira a los/as DD.HH. han redoblado sus esfuerzos para silenciarles, tanto dentro de sus fronteras como en el ámbito internacional”.