A raíz de la entrevista publicada hace una semana en El Dínamo al historiador Gabriel Salazar, es que he decidido plantear algunas reflexiones a modo de preguntas y respuestas a sus afirmaciones, que con el respeto que merece por ser un intelectual ligado a los movimiento sociales y destacado profesor de la Universidad de Chile. Varias veces he asistido a foros donde él ha participado y es evidente su gran capacidad de análisis historiográfico, así lo demuestra su vasta obra, pero es a la hora del análisis político donde me permito –en mi rol de dirigente estudiantil- diferir en varios aspectos.

En primer lugar, sobre su crítica al movimiento estudiantil, a su carácter, dinámicas y propuestas; sin duda nuestro movimiento viene de capa caída, con un reflujo fuerte y una desconexión con la ciudadanía cada vez mayor. Ante la necesaria autocrítica, hay que asumir errores y rectificar la estrategia del movimiento estudiantil, pero siendo justos y realistas en las críticas es como podremos avanzar.

“Son un movimiento de gente en la calle que sale a protestar, a pedir, a levantar las banderas de sus partidos, los retratos de sus líderes. Pero la masa en la calle no delibera, no está en asambleas, no decide nada”, dice Salazar.

Se refiere al movimiento estudiantil como un movimiento de masas de viejo tipo, pero sin considerar que las dinámicas de asambleas siguen vigentes en el movimiento, el problema es que han perdido fuerza debido al reflujo y desgaste propio de cualquier movimiento social. Por lo demás es necesario –aunque no nos guste- asumir que el asambleísmo es una forma organizativa que tiene potencia en coyunturas álgidas, que en “momentos de calma” o reflujo pierden mucha participación y efectividad. La dinámica asamblearia es sumamente desgastante y no sostenible por largos períodos de tiempo, y lo puedo decir con los ya 10 años que llevo de experiencia como activista –y en varias ocasiones dirigente- en el movimiento estudiantil; no podemos convertir a una forma organizativa sea cual sea en un fetiche.

“Lo que se ha hecho desde 2006 hasta hoy es que por sobre todas las cosas marchar como demostración de fuerza. Tienen un lote de ideas, pero no las formulan como propuesta. Al no tenerlas no pueden imponer nada y no han asociados con otros: la CUT, la Confech, la Anef, los profesores, están todos divididos. Las marchas han demostrado que no sirven de nada.”

Considero que tal afirmación es desconocer mucho de lo avanzado por el movimiento social estos años, en particular el movimiento estudiantil ha hecho un esfuerzo permanente por construir propuestas sólidas, que, aunque falta mucho por hacer claro está. Con respecto a la incapacidad de articulación con otros movimientos sociales coincido plenamente, es una necesidad que varios sectores hemos planteado y que recién se empiezan a vislumbrar asociaciones entre profesores, académicos, estudiantes en la Coordinadora de Actores por la Educación Pública, y acercamiento entre la CONFECH y el movimiento NO + AFP´s.

Respecto de las marchas, si bien es claro que son insuficientes y terminan siendo testimoniales, neutralizadas por los dispositivos comunicacionales y policiales del capital, pero sin duda han sido las multitudinarias marchas por la educación pública y no más AFP las que han permitido instalar en la palestra pública estos temas, y sin ellas difícilmente eso sería posible. En ese sentido es necesario combinar la reivindicación, la construcción y la disputa.

Por reivindicación estamos claros a lo que se refiere, es el estado del movimiento social durante los últimos años, que demanda/pide/exige (es el mismo carácter con distintos tonos) al “papá Estado” el aseguramiento de ciertos derechos; el límite de esta forma ha quedado constatado, pero aún así no podemos prescindir de este, ya que, por lo general es la fase inicial de todo movimiento social. No es excluyente la reivindicación –en la medida que el movimiento social madura- con la construcción propia, desde la soberanía popular, tomando las soluciones en sus manos, que es el enfoque que tiene Gabriel Salazar en sus propuestas políticas, en donde toma reiteradas veces como ejemplo la experiencia constituyente previa a 1925 en Chile, donde auto-convocadamente –es decir, sin demandar al Estado- “asalariados e intelectuales” se reunían para formular la sociedad y el proyecto país que querían construir.

Pero sigue faltando un elemento, totalmente ausente en las reflexiones del historiador, y tiene que ver con la disputa del poder político, con conexión entre fuerzas sociales y fuerzas políticas; nada tiene que ver con la cooptación e instrumentalización que han hecho los partidos de la oligarquía/plutocracia (decirle élite me parece mucho halago) -díganse de izquierda, centro o derecha- de los movimientos sociales. La necesaria conexión y convergencia de los movimiento sociales con fuerzas políticas transformadoras-emancipadoras es sumamente necesario, pues ha sido la falta de vocación de poder la que ha marginado al movimiento social a un rol subordinado a los tiempos políticos marcados por los partidos tradicionales del neoliberalismo.

“Creo que teniendo una enorme reforma posible por delante ellos sólo se concentraron en el tema de la gratuidad y fueron tan estúpidos, y los estudiantes son culpables, porque pidieron gratuidad universal”.

Sobre este párrafo mi absoluto acuerdo, y es algo que tardíamente fue reflexionado y rectificado por el movimiento estudiantil, pero es algo complejo de manejar, ya que, son precisamente las asambleas de base de muchas universidades privadas las que reclamaban gratuidad universal.

Sobre la estructura añeja de la FECH, CONFECH y otras federaciones, me parece necesario ser justos, si bien hay aspectos que mejorar en cuanto a la participación y horizontalidad, no puede juzgarse tan categóricamente siendo que existen mecanismos democráticos de elección incluso de las vocerías de la Confederación. Además, el que haya dirigentes estudiantiles y sociales que después opten por disputar en las elecciones parlamentarias me parece que no es el problema, sino el carácter de dichos proyectos políticos, a que intereses sirven y cuáles son sus dinámicas (vieja política neoliberal o nueva política ciudadana).

“Los estudiantes por sí solos nunca han ganado nada, tienen que asociarse con todos los otros actores y formar una alianza nacional. La reforma educacional que se requiere en este país es muy profunda y ancha y requiere que la entienda el país entero. Si no hay asociatividad horizontal no van a poder romper nunca el monopolio que tienen los partidos políticos sobre la política”.

En este último párrafo coincido plenamente, pero ahora me permito hacer algunas preguntas para la reflexión y el debate.

¿Es posible que el movimiento social por sí solo logre realizar reformas estructurales? ¿Por qué negar la posibilidad al movimiento social de ser gobierno, a escala local o nacional?

¿Es más asambleismo lo que potenciará al movimiento estudiantil? ¿Si las marchas estudiantiles por si solas –según Salazar- “no sirven de nada”, que camino debe seguir el movimiento estudiantil?

Por último, me parece que sus juicios sobre el “Frente Amplio” son descontextualizados, porque establecer similitudes entre “el chico Zaldívar” y Boric solo por un aspecto etario es absurdo, lo que está detrás son proyectos políticos radicalmente distintos, y el no ver eso es plantear la coartación de las fuerzas sociales populares de tener alternativas políticas, quedando a merced de los partidos del régimen.


Presidente Federación de Estudiantes ex Pedagógico (Umce) en 2016 y actual precandidato a diputado del Frente Amplio por el Distrito 13.