Vive entre Chile y Francia, estuvo para la reconstitución de escena de su ex pareja Miguel Enríquez, participó activamente de las marchas contra las AFP, criticó indirectamente a MEO por pedir plata a empresarios y participa en una pequeña Escuela Popular de Cine en La Pincoya.

Eso engloba parte de una extensa entrevista que dio Carmen Castillo con El Mostrador. A los 71 años, Castillo se hace presente en la coyuntura nacional. “La marcha, la lucha contra las AFP, apunta al corazón del sistema de explotación de los trabajadores. Más allá de la victoria, lo esencial es movilizarse. Era tan bonita esa marcha. Todas las edades, familias, trabajadores de distintos sectores, pobladores sin casa. Bella, en el sentido de la alegría que implica sentir que no somos impotentes, que algo podemos hacer, aunque sea marchar y juntos, inventar eslóganes y disfrazarnos. Eso ya es enorme, porque lo que han querido es hacernos creer que el neoliberalismo es el único sistema posible, la única alternativa”.

Acerca de si el espíritu de Movimiento de Izquierda Revolucionaria sigue vivo, Castillo asegura que “hacer la revolución es absolutamente necesario, pero, a diferencia de nuestra generación, hoy no sabemos hacia dónde ni cómo será eso que queremos. Hay que inventar desde el presente”.

La necesidad de la apuesta revolucionara pasa por cambiar el sistema neoliberal “pensando la política, cada día, desde el campo de los oprimidos. Con ‘los de abajo’, como dicen los zapatistas, pensar, hacer”.

“Con los trabajadores que se levantan contra las AFP, con los pobladores sin casa, con los colectivos populares que intentan crear comunidad allí adonde solo existe desolación y miseria humana… Cada una de esas luchas que se están dando en Chile –aunque no lo sepamos– son luchas radicales frente a la máquina totalizadora economisista”, dice Castillo.

El espíritu del MIR vive en este lado del mundo, el de los pobres, los oprimidos, los que sufren, los que pierden. Con ellos piensas y actúas, esa es la vida política que a mí me interesa. El poder político, económico, no sabe lo que pasa en lo local, en nuestros territorios, no conocen nuestras fuerzas. Son ignorantes. Y sí, creo que allí la colusión del poder económico y político indigna”, agrega.

Consultada por casos de corrupción o por ver a gente que acompañó los sueños del MIR vinculada a algunos legados de Pinochet o a casos de platas políticas, toma distancia de la clase política: “Allí es inimaginable que alguno de nosotros vaya a pedirle plata a un empresario. No hay relación entre el mundo popular, los colectivos que allí se organizan y trabajan, con el mundo de los de arriba, los del poder económico”.

Sobre la reconstitución de escena por el asesinato de Miguel Enríquez, Carmen Castillo no se encontró nunca con Krassnoff. “Para mí era muy importante participar no solo porque soy testigo directo, sino porque yo requería confrontar mis vivencias con el espacio físico”.

“Pude constatar que mis recuerdos se desplegaban con exactitud en ese espacio, detalles que quizás solo tienen importancia para mí. El tiempo pasa y la memoria se cubre de nieve. Volver a ver en mi cabeza a Manuel Díaz, el vecino que me salvó la vida, a las mujeres que eran niñitas de 10 o 12 años en el momento en que Miguel muere y su cuerpo cae en el patio de la casa de ellas, nuestras vecinas… De todo ese esfuerzo de la reconstitución, rescatar lo esencial: la DINA viene a matar, Miguel combate, las armas empuñadas para vivir. Y eso es fundamental. ¡Para vivir! La resistencia armada contra la máquina de matar es legítima. Tal vez hemos aportado un grano de arena a la Historia, con mayúscula, de nuestro país: el combate de Miguel Enríquez, ese 5 de octubre de 1974“, finaliza Castillo.