Sólo el 4% de los colegios en Chile segrega por sexo biológico, pero bastó la carta que envió una niña de once años, Marina Ascencio, pidiendo poder postular al Instituto Nacional, para volver a poner el tema en el foco de la discusión pública. El presidente del Centro de Estudiantes, Roberto Zambrano, apoyó la petición: dijo que ha sido un debate histórico y pidió discutir no sólo la demanda de Marina, sino que participara la sostenedora del colegio, la alcaldesa Carolina Tohá. El rector del Instituto Nacional, Fernando Soto, declaró que “no es fácil abordar un proyecto educativo que ha tenido éxito por 200 años y más”. En tanto, el jefe de la División de Educación Superior del Ministerio de Educación, Juan Eduardo García Huidobro, llamó a respetar los procesos de cada establecimiento: “no trataría de, en una cosa tan sensible como esta, colocar algo impositivo”, declaró.

El debate sobre el histórico colegio chileno llega justo cuando países como Alemania y Estados Unidos enfrentan un alza de la cantidad de colegios segregados por sexo que ya lleva un par de décadas. Así, mientras en EE.UU sólo había dos escuelas públicas segregadas en 1995, hoy son más de 600. Esa misma discusión ha causado un auge de investigación científica al respecto, que en su mayoría señala que no existe evidencia que sustente la idea de que niños y niñas tienen diferencias cerebrales o cognitivas radicales como para necesitar prácticas pedagógicas segregadas.

En 2014 Diane Halpern, quien fuera presidenta de la Asociación Estadounidense de Psicólogos (APA por su sigla en inglés, la más grande del mundo), publicó un estudio que analizó los resultados de 184 pruebas estandarizadas, abarcando 1.4 millones de estudiantes a lo largo del mundo. Luego del gigantesco meta análisis, Halpern concluyó que no existe evidencia de que las escuelas de un solo sexo ofrezcan ventajas y que, a la larga, institucionalizan los estereotipos de género y el sexismo. No es el primer estudio que realiza al respecto: ya en 2011 publicó “La pseudociencia de las escuelas de un solo sexo” junto a otros ocho investigadores en la prestigiosa revista Science Magazine. El trabajo levantó polvo en los principales medios de EE.UU, donde profesores como Leonard Sax, presidente de la Asociación Nacional por la Educación Pública de un Solo Sexo y autor best seller, llena constantemente auditorios.

Entre otras cosas, el artículo de Science Magazine descartó que exista evidencia contundente de diferencias cerebrales entre niños y niñas, sino sólo en sus formas de desarrollo a pequeña edad; señaló que separar por género tenía efectos negativos y declaró que los colegios segregados eran sexismo institucional disfrazado de “libertad de decisión”. Así, estableció que los niños y niñas que tenían mayor éxito académico en colegios segregados por sexo tenían una tendencia a tener mayor éxito por otro tipo de motivos, como el nivel salarial de sus padres. Un debate que se parece mucho al de la segregación socioeconómica en nuestro país respecto a los resultados de las pruebas SIMCE o PSU.

Una vez iniciada la discusión por el Instituto Nacional, distintas voces alertaron respecto a que el hecho que la pequeña Marina Ascencio ingrese a estudiar allí no implica que vaya a estudiar en condiciones de igualdad.  Estudios a nivel internacional, como el de Fred Mael, o el más reciente en Chile, “Educación no sexista: hacia una transformación real” de la Red Chilena contra la Violencia hacia las Mujeres explican las evidencias de que las diferencias y discriminación se empiezan a expresar ya desde la educación inicial.

Libros de texto que lisa y llanamente omiten a las mujeres, transmisión de estereotipos y prejuicios sobre los roles diferenciados entre ellas y los hombres, expectativas diferenciadas de los profesores respecto a niñas y niños, lenguaje sexista, niñas relegadas a un segundo plano en atención y dedicación de los docentes forman parte de la evidencia ampliamente documentada. Así, hay quienes defienden el que las niñas permanezcan en escuelas segregadas por sexo porque esto potencia sus resultados académicos, que opten por carreras científicas o consideradas ” de hombres” y también su valoración hacia los propios roles considerados como “femeninos”, tal como ocurre con los emblemáticos liceos Carmela Carvajal de Prat o Javiera Carrera.

Compartir la sala o ser co-educados

“Ellos tienen muchas excusas para decir que no, entre ellas que el Instituto Nacional nunca ha transitado a ser mixto. Se pueden escudar absolutamente en la ley y, en ese sentido, lo que hizo esta niña de 11 años es una provocación. Lo interesante sería que la comunidad decidiera hacerse mixto. Tiene que ser una pelea que den los propios alumnos”, señala Patricia Soto, investigadora en educación y académica del Centro de Estudios de Género y Cultura en América Latina de la Universidad de Chile.

La disputa por una educación para la igualdad de género ya era vislumbrada en los ’90, cuando entre otras cosas se implementó el Programa de Apoyo a la Transversalidad en el Mineduc. En un informe de evaluación de esta política que realizó el Sernam el 2007 se puede leer que “las autoridades se han conformado especialmente con la equiparidad numérica de acceso”.  Así, en el 96% restante de las escuelas chilenas, pese a ser mixtas, las diferencias y discriminación por sexo que existe en nuestra sociedad se expresa de todas formas.

“Aquí el asunto se considera a través de lo que normalmente se llama ideología de la distribución, pero el que niños y niñas compartan espacio no es co-educación, a veces ni siquiera es mixtura porque tiene que ser en porcentajes equivalentes. Las autoras desde los años ‘80 ya vienen hablando en términos mucho más exigentes, se trata de co-educación para la equidad de género. En cambio estos colegios mixtos sólo juntan niños y niñas“, explica Patricia Soto.

FOTO:FRANCISCO FLORES SEGUEL/AGENCIAUNO

FOTO:FRANCISCO FLORES SEGUEL/AGENCIAUNO

Por si sola, la medida de eliminar del todo los colegios segregados por sexo podría servir para ir acortando la brecha de género, sin embargo, no es suficiente. Eso señala Jimena Benavides, directora de la Unidad de Equidad de Género del Ministerio de Educación creada a partir de la reforma educativa del 2015. “Es importante relevar el rol de la comunidad escolar para que pueda ir trabajando la temática de género al interior de los establecimientos, con el fin de ir eliminando la discriminación y avanzar hacia una educación inclusiva”, explica la jefa del área.

Desde los estudios de género en educación, Patricia Soto coincide y explica que “hay que partir por el profesorado, porque es quien tiene el poder de intervenir. Es cierto que hay un tremendo sexismo entre los alumnos y alumnas, pero resulta que si eso pasa en la escuela y los profesores no lo logran observar, no avanzamos. Hay que partir por ellos porque son los que tienen el poder. Es tan fuerte su ideología que, en mi experiencia de estudio, pueden estar sucediendo cosas al frente de ellos y no intervienen”.

Vicente Roda estudia en otro liceo segregado de hombres, el Arturo Alessandri Palma, y milita en el Colectivo Lemebel, una agrupación de estudiantes de educación media feminista y de disidencia sexual. Según explica, desde el colectivo consideran que si bien “es un gran avance terminar con los liceos de un sólo sexo, es insuficiente para terminar con el sexismo dentro de ellos. La estructura allí, incluso en la distribución del espacio en los patios, mantiene los roles y las desigualdades. Creemos que lo que hay que hacer es atacar el currículum desde dentro, capacitar y hacer entender a la comunidad educativa de la necesidad de eliminar el currículum oculto y sus efectos negativos“, señala.

Según explican desde el Ministerio de Educación, para que un colegio segregado por sexo pase a ser mixto debe, primero, contar con el acuerdo de la comunidad educativa. Luego el sostenedor, en este caso la Municipalidad de Santiago, debe informar al ministerio y acreditar que sus instalaciones son aptas, uno de los argumentos que esgrimen quienes se niegan a que mujeres postulen al Instituto Nacional. Para Patricia Soto no sólo es necesario que la comunidad educativa esté de acuerdo, sino que se embarquen en un desafío de co-educar: “Los profesores deben ser formados y deben tener esa intención, sino a través de sus prácticas en la sala se cae todo proyecto. Creen que es cosa de juntarlos y que las niñas suban en matemáticas y los hombres en lenguaje, se estereotipan más aún las cosas”.